Categoría: Reseña de Libros

  • Lo que se hace eco en la transmisión

    Por Noemí Sirota

    Reseña del libro de Erik Porge: La voz del eco, colección Latitud Subjetiva, Letra Viva editorial, Buenos Aires, 2019

    La voz del eco es un libro que transmite a la vez una lectura de la enseñanza de Lacan y, en ella, la construcción de un modo de concebir los efectos de esa enseñanza. Se trata del aislamiento de la voz como objeto a, extraída de las entrañas de la clínica de la psicosis mediante una operación discursiva que, tomando las voces de la alucinación verbal como eco del pensamiento y el automatismo mental, vuelve paradigma que abre a la extrañeza. Toma a la voz en el tiempo constitutivo del yo, en la estructura, como otro en el campo del Otro que, al fallar en su dimensión simbólica en las psicosis, se hace presente como retorno de lo real y participa de la función de causa como voz del superyó en las neurosis.

    El recorrido conduce a la concepción que desarrollara en la segunda parte del libro, lo que propone llamar “estadio del eco”, haciendo resonar el estadio del espejo y contemplando la voz y la pulsión invocante precediendo y excediendo ese tiempo de encuentro, en la imagen, con el lenguaje en el campo del Otro. Un estadio que, en su especificidad analítica, no se concibe como etapa de desarrollo, sino como un tiempo de la estructura que articula la dependencia original de lo que con Freud llamamos “ser viviente no orientado en el mundo” con las condiciones de goce del ser parlante.

    Que la pulsión invocante ocupa un lugar privilegiado en la práctica del análisis, por ser “la más cercana a la experiencia del inconsciente”, se argumenta sutilmente a partir de un testimonio. El autor ofrece un girón de la transmisión de “su” lui-meme en la voz: al cantar desafinado encuentra “su extrañeza”, y eso trae consecuencias.

    En la articulación de dos agujeros del cuerpo, la boca y la oreja, Porge lee, con Lacan, la topología propia del eco como eso que proviniendo de lo más íntimo retorna del exterior como “inquietante extrañeza”, próxima a la angustia. Para encontrar apoyo conceptual se remite a la concepción de las alucinaciones verbales, del automatismo mental, de de Clérambault para precisar cómo el pensamiento se vuelve extranjero cuando su eco re- bota en el hablante –podríamos agregar, por el fracaso de la operación de negación[1] en el proceso de significación fálica. Los límites de la estructura de la significación y la zona de frontera de las estructuras clínicas le permiten autorizar- se en los argumentos de la topología para decir, con ella, cómo aprehende con la psicosis lo que Lacan enseña.

    Toma el grafo del deseo, que Lacan comienza a desarrollar en el seminario con- temporáneo al escrito De una cuestión preliminar…, para leer lo que de la estructura escribe el grafo y se hace escuchar en el texto del Schreber. La voz escrita por primera vez en el grafo, haciendo eco a la “calota acústica” a la que se refiere Freud en su esquema de las dos tópicas. En este punto, Porge no se priva de avanzar para decir que ya aquí encontramos, en el hecho de leer escrita “la voz” en el grafo, una marca del límite que el objeto le h-a-ce.[2] La voz, constata, “[…] es un resto no reducible al significante”.

    El texto nos conduce, en admirable y minucioso trayecto por la voz como objeto a, por las consecuencias del acceso de esta a esa función, distinguiendo la especificidad de lo sonoro, lo escrito, el equívoco de la letra; “[…] la voz es una función y un signo de lo escrito, de lo escrito de la letra a, su álgebra”. “[…] la voz se determina en la letra”, escribe citando a René Lew y practicando, como lo hace habitualmente, esa honestidad intelectual pocas veces “vista y oída” en estos tiempos.

    La conexión entre los objetos a nos conduce a precisar claramente qué en- tendemos por intrincación pulsional y la utilidad de tomarla en cuenta en la dirección de la cura para distinguir ese “pasaje de un objeto al otro” como una operación en la estructura de la dialéctica de la demanda y el deseo en las relaciones del sujeto con el Otro, y no una cuestión de etapas de maduración. Es la estructura de grupo la que da su albergue a la lógica de esta relación en la que cada elemento puede tener la función de objeto a en tanto es asociable a los otros objetos.

    En la segunda parte vuelve a Freud para nombrar “estadio del eco” a lo que tomará legitimidad conceptual, con antecedencia en su lectura de los Tres ensayos… y las diferentes revisiones que Freud hace en Pulsiones y destinos de pulsión, y Más allá…; contando con la lectura de Lacan en los seminarios XI, XIX, XX y XXIII para encontrar la pulsión no solo como deriva de goce sino como “[…] eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. El objeto a, y la voz como objeto a deviene, entonces, el lugar cernido por una letra como borde, que implica la articulación del cuerpo, el lenguaje y lalangue. Este recorrido nos permite afirmar que continuar hablando de pulsión es totalmente válido, siguiendo a Lacan en el campo del goce.

    Este libro demuestra con creces esa validez y la ética que acompaña al acto analítico por no desconocer la heterogeneidad de los elementos de los que el montaje pulsional está constituido.

    Erik Porge retoma y prosigue la deriva de goce que implica la traducción más lograda que Lacan hace del Trieb freudiano y especifica la pulsión invocante en la dualidad de su fuente: la boca y el oído intrincan haciendo lugar a la réson de la voz como objeto a y es el eco que da cuenta de esa intrincación, siendo el “entredós” del oír y hablar donde se deslizarán las formaciones del inconsciente, haciendo escuchar al ello áfono en su dimensión “oral”, pero elocuente por “invocante”. Un estadio del eco que Porge relaciona, como dije antes, con el estadio del espejo, recorriendo el mito de Narciso y de Eco, en una lectura que escucha su articulación en discurso. La voz, partenaire del silencio que se hace eco en su fuga.

    Para concluir. Es posible decir que este libro es un testimonio de lo que “se hace eco en la transmisión” de un decir analizante que hace escuela de una enseñanza.


    [1] Cf. Anabel Salafia: El fracaso de la negación, Ed. Autores de la Argentina, Buenos Aires, 2000.

    [2] Este modo de escribir el objeto a lo recojo de la forma en que Norberto Ferreyra propone escribir- lo, subrayando con los guiones su carácter de letra. (Cf. Norberto Ferreyra: El decir y la voz, Ediciones Kliné, Buenos Aires, 2019)

  • Tejer una trama de lecturas

    Por Adriana Hercman

    Reseña del libro AA.VV.: El hilo en el laberinto. Algunas lecturas del seminario El reverso del psicoanálisis, Ediciones Kliné, Buenos Aires, 2019

    En el marco de un trabajo de escuela, el hilo insiste. El hilo en el laberinto. Algunas lecturas del seminario El reverso del psicoanálisis resulta de lo trabajado en un seminario convocado por Verónica Cohen en la Escuela Freudiana de la Argentina, de una práctica de transmisión producida en la interlocución con otros.

    Entramos al laberinto con un hilo orientador. En el mito al que hace alusión el nombre de la publicación, Ariadna pone en manos de Te- seo un ovillo de hilo para que encontrara el camino a la salida. Este libro continúa desenrollando ese hilo que encuentra su punto de partida en la falta y que en los rodeos contornea un vacío, mientras teje una trama de lecturas.

    Con tres hilos[1] ya hay serie, es posible hacer trenza y hacer nudo. De un hilo al otro seguimos el recorrido que va de la invención del objeto a al pasaje de un Otro al otro como trayecto de un análisis, para arribar a la escritura que formaliza los cuatro discursos; pasaje del plural de los objetos a recortados del cuerpo, libra de carne con la que se paga el paso del goce al deseo, al objeto a articulado con el goce como función lógica del plus

    de gozar, hasta la presentación de los cuatro términos que en este seminario comienzan a dar vueltas por los lugares fijos del matema con que Lacan da escritura a su preferencia por un discurso sin palabras, las que solo secundariamente van a ir allí a alojarse.

    Un discurso sin palabras al que sin embargo los autores[2] del libro hacen hablar.

    También se dejan escuchar las voces de los asistentes al seminario, con sus preguntas y comentarios, de modo que resulta no una única lectura ni La lectura del seminario de Lacan, sino un singular en- tramado de lecturas, producto de un trabajo del que sedimentan, restan las mar- cas de una enseñanza.

    Ya en su “Prólogo”, Marcela Ramunni destaca el valor político y ético con que Lacan imparte su enseñanza y con el que los autores interrogan el decir de aquel a partir de la lectura de Freud.

    El trabajo de Verónica Cohen da la orientación discursiva general del libro. Comienza siguiendo a Lacan en la invitación a tomar el proyecto freudiano al revés, esto es, a leer el reverso de aquello a lo que Freud osó enfrentarse: el discurso de la moral y la religiosidad, y propone ir al ras de la experiencia, entendida como experiencia de discurso, en la que a partir del: “Hable, lo escucho”, formulado por el analista, el discurso del inconsciente se despliega, se abre para hacerse legible.

    Una vez delimitado el campo freudiano a partir del inconsciente, Verónica Cohen ubica entre este seminario y el anterior el pasaje de una economía libidinal, pulsional, a una economía de discurso, del cuerpo libidinal al campo del goce como campo lacaniano, una formalización necesaria para la experiencia del análisis que Lacan deja a nuestro cargo.

    Tras señalar que el psicoanálisis es un síntoma en la historia del saber, nos advierte que el analista no debe ostentar un todo saber. A diferencia del discurso universitario, que encuentra el saber como todo saber en el lugar del agente, el discurso del analista encuentra un saber que no se sabe que se sabe, que se distingue del conocimiento y que debe jugar sus cartas en el lugar de la verdad. ¿Qué tiene que saber el analista? Tiene que saber escuchar, saber sobre la castración estructural y saber esperar la señal de angustia.

    Si la experiencia del análisis consiste en el despliegue del discurso del inconsciente del que el discurso del analista es su revés, Cohen conmina al analista a no ser cobarde con el acto analítico. Dice en el capítulo diez del libro: en un análisis, es- cuchar la diferencia en la repetición es no hacerle perder el tiempo al analizante. La experiencia analítica nos da la ocasión de apresar y alojar el objeto para arribar al momento de concluir sin que se eternice el tiempo de comprender. ¿Con qué nos encontramos? Con un discurso en el que el analizante paga para trabajar, que por articular la renuncia al goce encuentra una ganancia en una pérdida relativa a la falta que podrá capitalizar.

    Para Dora Daniel, la escritura del matema de los cuatro discursos responde a la necesidad de poner el psicoanálisis en discurso y recuerda que el discurso del amo domina porque somos hablados y que la única manera de enterarnos de esa determinación de la que nada sabemos es atravesar la experiencia del análisis.

    Alicia Russ se mete de cabeza con el mercado del goce en el campo del discurso y se adentra en la relación entre el discurso y lo político, relevando la afirmación de Lacan de que no hay discurso que no sea del goce, al menos cuando se espera el trabajo de la verdad.

    Victoria Moreno sostiene que así como no se puede leer a Lacan sin Freud, tampoco a Gödel sin Hilbert, y para argumentarlo pone a dialogar a Hilbert, Gödel y Lacan para trabajar la verdad hermana- da al goce por su carácter de incompletud. La verdad tiene estructura de ficción y se lee en las ficciones del decir del sujeto.

    Adriana Hercman trabaja con dos anexos al texto de Lacan: Radiofonía e Impromptu en Vincennes, pulsaciones externas al seminario a las que da el valor de márgenes que, a la manera de glosas de un sueño, permiten ordenar el texto. En Radiofonía Lacan termina de fijar la teoría de los discursos y los articula con los imposibles freudianos y la impotencia de la verdad. Luego, lleva su Impromptu a Vincennes y en un clima impregnado del Mayo Francés, la protesta estudiantil se mete en el seminario. Lacan descree del orden político establecido tanto como de las fantasías utópicas, y pone en acto su intención no de transgredir ni revolucionar sino subvertir, irrumpir, despertar, sacudir a los estudiantes del lugar de unidades de valor en que los fija el discurso universitario, pudiendo leerse allí los antecedentes de lo que años más tarde llamará “discurso del capitalista”.

    Como sostener el hilo en el laberinto es, entre otras cosas, sostener que aquello que se dijo puede ser causa de lo que se vaya a decir, algunas discusiones dieron lugar a dos paneles: en el primero, Rita Chernicoff, Aida Canan, Clara Salz, Victoria Moreno, Laura Fumarco y Miriam Allerbon realizan algunas consideraciones sobre el fantasma. En el segundo, Miriam Allerbon, Rita Chernicoff y Alicia Hartmann trabajan la pregunta: “La verdad, ¿es una proposición… sexual?”. En ambos paneles hay un orden de intertextualidad que nos lleva a otros tex- tos, a otros autores, no solo del psicoanálisis: desde Freud y Lacan hasta Porge, Marx, Foucault, Hegel, Heidegger, Hilbert, Wittgenstein, Frege, Politzer y Göedel, entre otros.

    Dice Lacan: “Esto ni se me había ocurrido, ya que rehago diez veces lo que escribo. Pero es cierto que la décima vez lo escribo muy rápido. A eso se debe que le queden imperfecciones, dado que es un texto. Un texto, como su nombre lo indica, solo puede tejerse haciendo nudos. Cuando hacemos nudos, algo queda y cuelga”.[3]

    Estos hilos (el I, el II y el III) también arman nudos. Quizá lo que de ellos resta y pende sea ocasión para otra vuelta, para que sean enhebrados a la aguja hacedora del tejido, haciendo cada vez un texto más rico.


    [1] El primero, Lecturas del seminario La angustia y sus referencias, se corresponde con el seminario que tuvo lugar entre los años 2008 al 2010; el segundo, Lecturas del seminario De un Otro al otro re- coge lo trabajado entre 2011 y 2013; el aquí reseñado, entre 2014 y 2016.

    [2] Verónica Cohen, Miriam Allerbon, Aida Canan, Dora Daniel, Rita Chernicoff, Laura Fumarco, Alicia Hartmann, Adriana Hercman, Victoria Moreno, Alicia Russ y Clara Salz.

    [3] Jacques Lacan: El Seminario, Libro XIX: … ou pire, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 169

  • ¿Qué del amor en los tiempos actuales?

    Por Adriana Bauab

    Reseña del libro de Stella Maris Rivadero Fracasos del amor. Impedimentos del deseo y enclaves del goce, Letra Viva editorial, Buenos Aires, 2019

    Este interesante libro, del que ya tenemos su segunda edición, desde las primeras páginas se ocupa, como lo manifiesta su autora, de las llamadas “neurosis narcisistas”. Las define como las que pivotean entre la inhibición y, en el mejor de los casos, la angustia como señal, ya que en muchas ocasiones la angustia es la del desamparo, angustia masiva que no permite alertar de qué objeto se trata. Falta a la cita el síntoma como nominación simbólica. Son estas neurosis subsidiarias de un fracaso del amor, resultado de una restricción de goce del Otro parental que no se operó para el sujeto en tiempos instituyentes, ocasionan- do serias dificultades en el tiempo de la alienación y en la consiguiente configuración fantasmática.

    A través de sus páginas, el texto da cuenta de una clínica que requiere en la cura una lógica diferente de las llama- das “neurosis tradicionales”. Mientras que en estas trabajamos contra el sentido coagulado para no engordar el síntoma, en las llamadas neurosis narcisísticas, el trabajo con la gravedad hace que no se intervenga exclusivamente por la vía del significante, sino fundamentalmente por la cuerda real y la imaginaria. Sin un piso de sentido ofertado que comience a tejer los lazos transferenciales de confianza en un saber supuesto, no es posible deshacer la convicción del sentido sufriente que atenaza al sujeto.

    Fracasos del amor… trata, como nos advierte el subtítulo, de los Impedimentos del deseo y enclaves del goce. Transita así por una clínica donde las vicisitudes del amor y sus padecimientos afectan al sujeto de diversos modos.

    Varios de sus capítulos tocan el tema de la gravedad y cómo el sujeto, cuando no responde con su fantasma a la pregunta por el deseo del Otro, lo hace con afecciones en su cuerpo todo; resultado de que el circuito erógeno de la pulsión no trazó su recorrido de recorte en torno al objeto. Varias de las viñetas clínicas presentes en el libro refieren a casos de adolescentes en los que lo “actual” de la neurosis re- viste cierto grado de gravedad. En ellas, el fracaso notorio de la función del pater familias reenvía a pensar diversas fallas en la nominación y en las identificaciones.

    La autora presenta casos de anorexia, acting out a repetición, exposición a situaciones riesgosas, adicciones –a la bebida, a drogas, a videojuegos, al sexo–, intervenciones quirúrgicas permanentes en busca de un ideal estético a alcanzar, manifestaciones que frecuentemente tienen lugar en la adolescencia, aunque algunas se reactualizan y se revelan en otros tiempos vi- tales como la andropausia y el climaterio.

    Refiriéndose a la clínica con adolescentes, nos recuerda que Freud llamaba “segundo despertar sexual” a esa hecatombe que se suscita en la imagen y en el cuerpo. Se sirve del nudo borromeo que muestra la estructura subjetiva para ex- presar que en la pubertad hay un reacomodamiento de los tres registros: real, simbólico e imaginario; tiempo de con- moción y desajuste de las cuerdas.

    Cabe destacar en la clínica de las neurosis narcisísticas, el estatuto que tienen dos objetos de la pulsión: la voz y la mira- da. Stella Maris Rivadero destaca: “Lacan equipara el superyó con la pulsión invocante en tanto resto de voz que no puede pasar al significante. Y en relación con la mirada, se transforma en resto perseguidor cuando no se puede articular como mancha en el espacio de lo visible. El superyó es un imperativo ciego porque no puede ver, no puede reconocer al yo cuan- do no aparece configurado a la imagen de su ideal”.

    La autora aborda la subjetividad en los tiempos que corren y los padeceres relacionados con la tecnología imperan- te, la hiperconectividad, con la hegemonía de las imágenes y el ideal estético, los gadgets y las redes sociales como Facebook, Instagram, WhatsApp y otras que inauguraron lazos inéditos para el amor. De índole virtual, tienen la “momentaneidad” del zapping, carentes de una presencia real.

    Interesantes los capítulos que requieren que la escucha analítica se preste por un lapso de tiempo a una pareja, o a integrantes de una familia, como son los titulados “Violencia familiar” y “Consecuencias de las mentiras transgeneracionales”. La temática del amor y sus fracasos abre uno para pensar cómo en la clínica se presenta la elaboración de los duelos según la estructura subjetiva y en relación con el fin del análisis. Hacer el duelo por lo que no se tuvo, pero también por lo que no se es pone en juego la propia desaparición y la del Otro, para que la pregunta por su pérdida se redoble en la de su falta.

    Interesantes interrogantes y reflexiones se formula la autora en el capítulo “Tropiezos del analista”, en el que traba- ja los diferentes sesgos posibles que pue- de tener la interrupción unilateral o consensuada de un análisis.

    El libro de Stella Maris Rivadero es un testimonio de su clínica, de la teorización de su práctica y de los efectos de la misma, sostenida por el trípode freudiano.

  • El psicoanálisis en la escena contemporánea

    Por Alba Flesler

    Reseña del libro de Adriana Bauab El psicoanálisis en la escena contemporánea. Cuerpo-síntoma-arte, Ed. de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, Buenos Aires, 2017

    El libro de Adriana Bauab nos invoca desde el vamos porque emplaza en su título mismo al psicoanálisis en la contemporaneidad, y con eso nos coloca de lleno en la escena de lo actual. El psicoanálisis en la escena con- temporánea… hace de nosotros, psicoanalistas, partícipes presentes e ineludibles en el abordaje de las problemáticas que plantea y nos compromete en la toma de posición en no pocos temas urticantes. La autora eligió como subtítulo una secuencia con la que anticipa los despliegues que el contenido del libro luego extenderá.

    Se trata del cuerpo, el síntoma y el arte colocados en serie y articulación. Coloca al síntoma en el centro dándole la dignidad que el psicoanálisis y sus fundamentos le ofrece cada vez que puede comprobar la exquisita y oportuna vía en la que se transforma al portar en su expresión una oportunidad para el alcance de la verdad que atañe al sujeto. Por eso entre el cuerpo y el arte no pueden desconocerse los uno y mil rostros del síntoma. Creo que Adriana Bauab así lo considera cuando se zambulle a formalizar las razones de lo que llama “la situación analítica” en el pri- mero de los capítulos del libro, en el que camina con solvencia por los conceptos fundamentales del psicoanálisis enlazando su clínica.

    De este modo, nos convoca y nos espera, pues ¿cómo tratar las variantes de lo contemporáneo sin acudir a los contemporáneos? El libro nos hace llegar el convite para de- batir lo real de nuestro tiempo reuniendo varios textos de la autora, nutridos en su experiencia como psicoanalista en el consultorio como en su quehacer en el Centro Ameghino. En ambos hace pie su práctica para abordar los obstáculos y las eficacias que atañen al psicoanálisis en la dirección de la cura.

    Capítulo a capítulo, la autora toma de un modo comprometido las variantes de lo contemporáneo y cómo estas variantes juegan sus cartas en el cuerpo, en los síntomas y en el arte, reafirmando de principio a fin su posición como analista al colocar en primer plano y como invariante esencial la hipó- tesis del inconsciente. Legitimada por Freud y formalizada por Lacan, sin ella el psicoanálisis contemporáneo podría vacilar en sus cimientos.

    Hay preguntas de calibre variado que hacen a la marca de un singular estilo de la autora, que permiten encontrar más que un hilo para dar tela al analista en formación. Como son las de tono retórico, aquellas con las que Adriana Bauab expresa su toma de posición ante lo actual:

    Respecto de las singularidades de los sujetos en sus goces –ya se trate del hetero, homo, lesbi, gay, bisexual, transexual–, se nos abre una interrogación: ¿cómo pensar esa novísima modalidad que es la del artículo neutro, la de quienes en el intento por borrar las diferencias eluden el encasillamiento en alguna de las dos categorías: femenino o masculino?

    Refiriéndose a los maniquíes escritos en la obra de Ferrari, luego de llevarnos de la mano por las huellas que a su entender traza el arte contemporáneo en el hacer que nos concierne, plantea esta pregunta:

    ¿qué es un cuerpo escrito? ¿Qué está escrito en el cuerpo? ¿No describe acaso lo esencial del humano, ser hijo de la palabra, de su posibilidad discursiva?

    En este libro la autora retoma las hipó- tesis de su libro anterior, Los tiempos del duelo, sobre lo que ocurre en determina- das ocasiones cuando “frente a una pérdida de envergadura o situaciones de encuentro con un real inasimilable el fantasma colapsa”. Reitera la importancia de la “distinción diagnóstica” y se propone dar algunos pasos más en los modos de “re- accionar con el cuerpo cuando no se responde con el fantasma”.

    En ese tramo interroga la “llamada clásicamente maníaca-depresiva o locura cíclica rebautizada en los últimos tiempos como bipolaridad”. La propuesta es decidida, no retroceder ante lo real. También aporta algunas reflexiones sobre las enfermedades psicosomáticas, particularmente lo “autoinmune”, y se aboca a abordar en qué puede ayudar el analizarse.

    Página a página, las respuestas se enhebran entre los fundamentos lógicos que Bauab toma de Freud y de Lacan, sus escrituras, sus formalizaciones y reflexiones filosóficas, pero básicamente se muestran en los recortes de la práctica en los que ella ofrece a nuestra lectura su modo de operar y la ética en la que se sostiene.

    Para que lo comprueben, solo esta breve muestra de su estilo de intervención. Recientemente, dice, un adolescente que acaba de salir de un cuadro depresivo, con ideas autodestructivas, me escribe por WhatsApp: “Hoy es mi cumpleaños y como discutí con mis padres quiero fes- tejarlo con vos, voy a llevar sandwichitos y mate a la sesión”. Respondió, mejor di- cho, escribió: “Vení y lo festejamos, pero mate no tomo”.

    Amén de tratarse de una apuesta a la vida, con su libro Adriana nos recuerda que el acto analítico nunca “toma el mate” del paciente sino que apunta a liberarlo para que alcance otros goces en la escala invertida del deseo. ¿Qué del amor en los tiempos actuales?

  • Las razones de una práctica

    Por Guillermina Díaz

    Reseña del libro de Noemí Sirota: Testimonio y experiencia. El psicoanálisis, su transmisión, Ediciones Kliné, Buenos Aires, 2019

    Este nuevo libro de Noemí Sirota trabaja el testimonio y experiencia del pase en la Escuela Freudiana de la Argentina; lo que hubo, lo que hay y lo que podrá haber en las generaciones por venir, tal como lo subraya Verónica Cohen en el prólogo: “Este bello libro es testimonio del trabajo con el dispositivo del Pase en estos años de escuela, y está también dedicado a otras generaciones [por venir]”.

    “La osadía del inconsciente consiste en darle valor de verdad a aquello que proviene de una experiencia, la de hablar sin saber. Su transmisión requiere de otro modo porque «hace falta que se diga». El testimonio y el testigo surgen, entonces, como cuestión a desplegar, y la Proposición… de Lacan da el marco para ese despliegue”. Quisiera estacar esta frase porque valoro el reto, la bravata, el desafío con el que Noemí Sirota nos provoca a entrar en su libro.

    Sabemos que hace ya varios años, los carteles y jurados de pase se constituyen con AE de la Escuela que recibe un pedido de pase y AE invitados de otras escuelas. Me encontraba conformando el cartel de pase de la EFA cuando entre otros llegó el pedido de pase de Noemí Sirota. Fue entonces que contraje una deuda con la transmisión de sus decires, porque verdaderamente fue un pase al que le debo enseñanzas muy enriquecedoras acerca de lo que pasa con la pulsión después de haber transitado un análisis; al mismo tiempo de haber vivido en acto de escucha y en cuerpo la resonancia de un decir, en acto pasó lo que se repite hasta el cansancio: que “[…] las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”.[1] Allí hubo tras- misión y conmoción que imprimieron marca y firma imborrables.

    Nos encontramos ante un libro en el que las preguntas aparecen de tal modo que podemos imaginar a su autora como una hilandera, una tejedora que avanza en y con el entrecruzamiento de sus decires, y va tejiendo una trenza que incluye tres hilos: la experiencia del pase, la experiencia del análisis y la constitución del parlêtre. Trenza, tejido donde las hebras se sostienen entre sí y al mismo tiempo se diferencian: me refiero a lo que es del orden de la experiencia del pase, la experiencia del análisis y la estofa, la materia del deseo en que está hecho cada sujeto.

    Así da a leer el nudo de su testimonio a través del efecto y el valor de las formaciones del inconsciente. Literalmente: “[…] algo alteró los hechos: un lapsus de uno de los dos pasadores. Ese lapsus me aportó los medios para que mi inconsciente produjese un sueño en el cual, por así decirlo, se leía qué cosa te- nía que ver con lo que del trauma se pintó en el fantasma, y mostraba una firma. Ese sueño se constituyó en testigo, testigo de un deseo que entregué al pasador”. De esta manera, efectúa un testimonio/ testigo que leído en el cartel produce nominación y escribe las letras de AE.

    Una primera lectura del libro me hizo pensar que el mismo era el producto, el resultado de lo que pasó entre aquel pedido de pase y lo hablado en el seminario que Noemí dictó dos años después de producida la nominación. Pero el libro dice mucho más que meramente poner en relación “testimonio, nominación y seminario”. También dice, y queda escrito, que la autora hizo el pase dos ve- ces, lo que no solo muestra sin ambages su honestidad intelectual, sino que subraya que aunque alguna vez su pedido no fuera nominado, al decirlo, al escribir- lo, ella lo hace exsistir y trasmite en ese mismo acto que la experiencia de pasar por el pase siempre enseña, aun cuando no produzca nominación. Así lo dice ella: “[…] no creo que solamente se pueda esperar una enseñanza de aquellos que fue- ron nominados. […] Hay que hacer lugar a eso que resta de la experiencia de haber dado testimonio y del hecho de no haber sido nominado. […] Quizás haya que pensar en relación con el tiempo en falta para que el inconsciente se haga discurso”. Leo ese tiempo como una referencia directa a los tiempos lógicos. “Hay allí una dimensión que, a mi entender, es la apuesta mayor del pase que propone Lacan, la de hacer discurso, trasmitir la efectividad de una experiencia, la del análisis, una experiencia en la que el inconsciente se hace discurso”.

    Este libro, además, tiene una impronta muy singular ya que en el despliegue de los temas y los capítulos la autora se ubica en el lugar de pasador y da en acto un “testimonio” que muestra la experiencia del pase. Ello es fácilmente ubicable en el modo de formalizar las preguntas que surgen a partir de la experiencia del pase, sus respuestas y las consecuencias de proponerse hacer escuela de orientación lacaniana.

    Las razones de la práctica, tal como se produce en la Escuela Freudiana de la Argentina, explicitan la lógica de dicho dispositivo y a quienes incumbe. Leemos: si “[…] cualquier persona que se analice, puede, por tener un decir analizante, es- cucharse y escuchar a otro […]”, eso que surge como producto de un análisis, por el lazo social allí establecido, puede entonces hacer el pase.

    Cualquiera, a condición de que el pase produzca la “[…] enseñanza que hace lugar a la espera, de algo que pueda surgir de los efectos del decir de alguien que dio testimonio” de lo que él mismo no sabía según su deseo. Ello permite establecer con claridad meridiana la diferencia entre lo que sucede en el análisis y la experiencia

    del pase, eso que el testimonio “hace pasar” cuando el pasante puede encontrar la articulación entre el saber del Otro y el surgimiento del deseo de analista. Esto supone que es posible pesquisar la separación entre la cicatriz del trauma y el goce ruinoso del erotismo, encontrando un modo de testimoniar sobre ello.

    Destaco que este libro tiene como base lo que se dice, lo que se dijo en el seminario homónimo, ese soporte en la palabra hablada, ese diálogo impar, de maestros y discípulos, de pasadores, pasantes y miembros del cartel de pase. Constituye un registro de lo que se afirma y de lo que interroga, y a veces deja un resto, aún, para seguir. El hallazgo consiste en permitir a cada lector, haya participado o no del seminario, pueda incluirse al leer- lo, entrar en el diálogo, en el debate, las diferencias, los interrogantes que se van sucediendo vez por vez en función de los encuentros realizados.

    Pero me detengo en otro hallazgo que me produjo sorpresa y que está referido a la tensión necesaria, que mantiene a distancia el grado de AME del de AE. El AE está en la brecha de intervenir en los problemas cruciales del psicoanálisis; las tres letras del AME indican, en cambio, el grado de alguien formado en la escuela, a quien se le reconoce que puede llevar un análisis hasta el final.

    “Cabe la pregunta: en virtud de los diferentes lugares y su función en el dispositivo de transmisión que es una escuela, ¿a quién le concierne, específicamente, la pregunta por el final del análisis? ¿No es acaso el AME a quien se le supone que puede conducir un análisis hasta el final?

    ¿Por qué no esperar que el AME se pregunte qué tipo de final de análisis concibe cuando conduce un análisis hasta el final?”. Subrayo estas preguntas como modo de hacer lugar a otra apuesta, esta vez en relación con el grado de AME. La apuesta los incluye y concierne en la responsabilidad del título que portan, para que este grado que se otorga sin ser pedido no se con- vierta en una jerarquía de formación suficiente. Algo hay que perder para localizar algo del Uno que, en tanto sujetos, somos.

    En palabras de la autora: “La nominación de AE autoriza esas letras allí donde entre un pasador y otro pasa una pérdida de goce por indicar una falla en el saber”. Además: “[…] algo que tiene que ver con la opacidad, con la otra cosa que no es el significante, que tiene que ver con la salida de la transferencia. El testimonio trasmite sobre el analista que hice y del que me deshice”


    [1] Jacques Lacan: El Seminario, Libro XXIII: El sinthome, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2006, pág. 18.

  • El amor, se hace

    Reseña del libro Pulsión de sexo de Mara Musolino. Cascada de letras. Bs. As., 2020
    Por Gabriela Spinelli

    “La partición en macho y hembra es una fábula poética”[1]

    En   su nuevo libro Pulsión de sexo, Mara Musolino nos invita a estudiar, allí donde mucho se tararea: ¿qué significa, cuál es la importancia de la proposición “no hay relación/proporción sexual” para la praxis (teoría y clínica) del psicoanálisis? ¿Y qué efecto tiene dicha ausencia de proporción en la relación sexual, sobre las relaciones sexuales? Pero también es un libro que ofrece nuevas hipótesis y propuestas.

    La autora nos va introduciendo al tema con sumo cuidado conceptual, compartiendo generosamente las citas donde Freud y Lacan desarrollan lo que entienden por “relación sexual”.

    Por tal vía nos propone reflexionar sobre la relación sexual y el amor, las relaciones sexuales y la función sexual.

    Los interrogantes que se van abriendo le imponen abordar la función del analista. Al respecto Mara entiende que un psicoanalista “no pretende estar fuera de la época que le toca vivir”; mas está obligado a “distinguir lo que podría ser una opinión personal, sociocultural”.  Estableciendo, de este modo, un diálogo fecundo y necesario (y sostenido con firmeza) que echa alguna precisión sobre cierto imaginario instalado socioculturalmente respecto del psicoanálisis en “estos momentos de incertidumbre global respecto del sexo”. Esto implica poner en cuestión las ideologías dominantes que a menudo se trasponen como resistencias al psicoanálisis, sobre todo en los mismos psicoanalistas, como es sabido; preguntándose al mismo tiempo por las incidencias de los avances fármaco-médicos “sobre la función sexual de cada individuo”

    Es así como sin ambages se pregunta ¿Qué vigencia tiene el falo en nuestra praxis? ¿a qué nos referimos cuando decimos falo?

    Para desarrollar estos interrogantes Mara pasa el concepto por un fino tamiz que permite librarlo de las resonancias homofónicas-homonímicas que lo enclaustran en un sentido alejado de lo que dice el concepto psicoanalítico “falo”.

    Puedo decirles también que van a encontrar finas articulaciones en lo que refiere a lo real-la realidad, la pulsión-la libido así como una fuerte argumentación acerca de por qué no podría existir una pulsión total ni generalización alguna en el campo del psicoanálisis.

    Llegamos así a lo que se llama, en el texto, “Del saber-hacer-allí otra cosa que síntoma con lo Real del sexo”, saber-hacer allí-con la diferencia y la disparidad subjetiva; propuesta que, más que cerrar el libro, lo abre.

    Se trata de un libro por el que podemos transitar más o menos fluidamente, más o menos de acuerdo con sus propuestas, pero en el que en cada página una voz nos habla muy de cerca, sin deseo de “ajustarse al interés público” de quien escucha, ni al discurso “adecuado a las normas del mercado”. Muy de cerca, también, a la clínica y la práctica en que se sostiene. Y eso, en tanto no pretende generar acuerdos masivos, nos hace pensar.

    [1] S. Freud “Tres ensayos para una teoría sexual”

  • Limitadamente transgresivo

    Reseña del libro de Alberto Franco: Erotismo, sexualidad, sexuación , editorial Letra Viva, Buenos Aires, 2019.

    Tres “Prólogos” y una “Nota introductoria” escrita por sus hijas y un buen elemento inicial para decir que el libro de Alberto Franco Erotismo, sexualidad, sexuación merece ser leído.

    Ser el tercero de una serie de tres libros [1] que están en diálogo permanente, en reenvío constante, y que abren a sus muchos otros trabajos imprescindibles –desde su necesario “El instante del fantasma” hasta su cuidada traducción de L’amitié , de Agamben– lo vuelve no tanto un punto concluyente, sino el inicio de una posible lectura, laberíntica podría decirse, de la obra de Alberto Franco. En efecto, la suya es una obra : la textura fina y sostenida sobre un eje conceptual firme, declinando de diferentes modos las aristas de los temas que decían de sus preocupaciones –las mismas profundizadas, revisitadas, reentramadas– surgidas de la praxis . Podemos, entonces, entrar a la obra por este tercer libro.

    Casi diez años pasaron entre el seminario dictado en Mayéutica-Institución Psicoanalítica, con el nombre “Erotismo, sexualidad, sexuación”, y el momento en que la muerte encontró a Franco trabajando en este libro. No sabemos el porqué de su decisión de elegir este seminario entre los muchos que, como maestro, dictara en Mayéutica. Sin embargo, su silencio es una invitación para nuestras cavilaciones. Veamos las que el libro mismo nos convoca a tramar.

    Los primeros capítulos se sirven centralmente del texto El erotismo de Bataille y más lateralmente –aunque no menos ahincadamente–, de La llama doble de Octavio Paz y El sexo y el espanto de Pascal Quignard. Son estos los que vendrán a dar luz al problema del erotismo ligado especialmente a la discontinuidad entre los cuerpos, a la que la pérdida de “la unidad de goce inaugural”, [2]por la vía de la castración, nos condena. Los asertos que proveen la literatura y la poesía tejen la urdiembre requerida para asentar lo que Freud y Lacan aproximaron, y permitir una lectura nueva de los maestros del psicoanálisis. Claro que Franco dialoga aquí con otros analistas –amigos, como Edgardo Feinsilber; colegas cercanos, como Gérard Pommier; autores en quienes solía abrevar, como Pierre-Christophe Cathelineau; aquel a quien llama su “maestro”, Roberto Harari.

    Resulta especialmente remarcable la cita de Piera Aulagnier, porque es en ella donde encuentra la rúbrica necesaria para las primeras afirmaciones que vienen adelante: el erotismo está fuertemente ligado a la violencia, son el mismo terreno. Este pequeño indicio muestra a Alberto Franco en todo su esplendor: en la seriedad de su búsqueda no teme servirse de autores ajenos a la “parroquia”, toda vez que le es necesario para respetar el rigor; su posición es siempre y fundamentalmente la de un analista de pensamiento acerado y propio, capaz de marcarse y desmarcarse, simultáneamente, en favor de la intelección de lo que la clínica le presenta.

    El inicio del apartado III del capítulo 1 marca un viraje: partiendo de cierta recapitulación de lo relevado en Bataille, Franco avanza hacia la articulación del erotismo con los goces y la transgresión. Podríamos decir que la frase “[…] el goce sexual y el erotismo son siempre limitadamente transgresivos” [3] es un gozne al que puede sumársele la consideración que nos involucra en tanto que analistas: si somos –como escribe Lacan– erotólogos, porque nuestra praxis concierne al deseo, siempre vamos a estar suspendidos en el filo de la angustia.

    A partir de allí, Franco va a revisar algunos de sus locus favoritos, pero con la novedad que la lectura desde el erotismo aporta. Cierra el capítulo primero –recordémoslo, el único que dejó corregido y armado para una publicación– con una relectura de La represión y Lo inconsciente de Freud, y en un movimiento magistral los une a lo que viene trabajando: si la sustitución que da origen al síntoma conserva lo sustituido, “[…] en esa transgresión gozante, de la cual hablamos en el erotismo, está lo prohibido mismo”. [4]Y sella con el pasaje por el Edipo y la operación que pone en vigencia al Nombre-del-Padre, para desembocar en una serie de preguntas de las cuales, entiendo que la que destaca es la siguiente: ¿la posición de enunciación es sexuada? , [5] preguntas que irá cincelando en la última parte del capítulo con algunas consideraciones sobre el falo –en sus diferentes acepciones– y el fantasma –en su lógica.

    En cuanto a los demás capítulos –los que quedarán en modo de “clases” -, encontramos a Alberto Franco volviendo a transitar sobre aquellos temas que manejaba con mano maestra, pero esta vez con el beneficio que ha sacado, para ellos, del pasaje por el erotismo . La lógica y los deslizamientos en el uso que de ella hace Lacan se despliegan para articularse en este trabajo según la línea que aquí queda marcada: “Ya estuvimos viendo que el goce tiene dos ejes: que por un lado apunta al cumplimiento de la ley y por otro apunta a la transgresión. Este doble eje que hace al placer y al goce también rige la relación con la sexuación ”. [6] La cuestión de las fórmulas de la sexuación y su entroncamiento con la multiplicidad de goces –pasando por el hay-de-lo-Unoy por el no-todo – cierra el libro.

    Retomemos la pregunta planteada al inicio: ¿por qué la elección de este seminario para la escritura de un libro? Tal vez sea posible pensar que este fue el tema que –por sus entramados, sus dificultades, sus torsiones– a Alberto Franco le demostraron un formulario de manera más precisa las distintas cuestiones que estaban haciendo el tiempo que venían trabajando y le dio la posibilidad de armar obra . Si, como decíamos al inicio, partiendo de este libro podemos entrar a la obra de Franco, es para reencontrar allí, bajo los diferentes movimientos, una misma posición: su pensamiento incisivo y polémico –sin dejar por ello de estar fuertemente transido por la letra de sus maestros–, sus cruces novadores, su ética intelectual indeclinable.

    María Rizzi

    [1] Nos referimos, además del libro aquí reseñado, a: Acerca de la lógica del fantasma (2011) y De la doctrina del significante (2012).

    [2] Alberto Franco: Erotismo, sexualidad, sexuación , editorial Letra Viva, Buenos Aires, 2019, pág. 21.

    [3] Ibíd. , pág. 55.

    [4] Ibíd. , págs. 65-66.

    [5] Ibíd. , pág. 72.

    [6] Ibíd. , pág. 99.

  • La invención psicótica de la transferencia

    La invención psicótica de la transferencia
    Ernesto Vetere – Editorial Lazos- 2014
    El autor procura responder el convite lacaniano a “formalizar la clínica de las psicosis y las neurosis” al inscribir su “propuesta de trabajo dentro de esa perspectiva”, es decir en los términos desplegados por el maestro francés, en la Apertura de la Sección Clínica (1977). A partir de considerar a la “transferencia”, no menos que a “sujeto, objeto a, deseo, goce,” etc, como nociones transclínicas por atravesar la clínica psicoanalítica, – a la que juzga “esencialmente transferencial” – entiende que las psicosis no pueden ser excluidas de la transferencia, o sea de la clínica psicoanalítica misma. Una vez bosquejadas estas cuestiones preliminares, su investigación se abocará a cernir esa “especificidad de la transferencia psicótica”, anudada a “la posición del analista” en ella. Es claro que, desde el vamos, nos habla de una base sobre la que se funda su experiencia de esa clínica que –digámoslo con Lacan- “es lo que se dice en un psicoanálisis”. De este modo, será el estudio de casos- atrapados por el oído de Freud y el de Lacan, tanto como por el suyo propio- un criterio ordenador, elaborado en la relación transferencial analista / analizante y vertebrándolo con articulaciones clínicas-conceptuales.
    Pruebas al canto: Vetere analiza la relación del sujeto con el saber al implicar un modo de anudamiento entre este y el amor en la transferencia psicótica. Otra dimensión que no descuida en su trayecto de tenor investigativo es la articulación entre lenguaje y cuerpo, sin dejar de apoyarse en los avances lacanianos llevados a cabo en la última parte de su obra. Con ese propósito, hace hincapié en las consecuencias teórico-clínicas halladas “en el uso operatorio del concepto de sinthome y otros afines como el de artificio o saber-hacer”. Aprehendo así que la presencia constante de la clínica psicoanalítica en su texto importa , ya que la teoría se lee en su puesta en acto operatoria.
    Camino a la “invención” en la transferencia – me pregunto si hay otra manera de alcanzar puntas de Real, sea en la psicosis como en la neurosis – el autor propone abrirse al trabajo con lalengua en la audición del fraseo del analizante en la sesión, no menos que a las incidencias del analista en la dirección de la cura. Siguiendo en esta orientación a la subrayada por Lacan, alcanza todo su valor: “ni en lo que dice el analizante ni en lo que dice el analista hay otra cosa que escritura” (1977). Entiendo ahí, que eso no es posible sin poner en obra el juego “serio” con la letra en la producción de enigmas, en relación con las palabras impuestas, hasta llegar a la descomposición de la identidad fonatoria…
    Este libro vuelve a poner sobre el tapete-según mi lectura- un efecto de enseñanza a todas luces crucial, marcando el tránsito conceptual desde el Nombre del Padre hacia la nominación. Más bien, dicho de otra forma: se trata del pasaje hacia la supleción , es decir, servirse del Nombre-del-Padre, a condición de prescindir de él.
    Ahora bien, tratándose de coser reparando el trébol en el cruce donde se produjo un error o un lapsus en el anudamiento, es donde habrá que saber-hacer- allí: invento, artificio, como discurre el autor. Encuentro que eso implica conjugar lo verbal del “artificio algo”.
    Ahora bien, se trata en sus “casos clínicos”- a la manera joyceana de hacer con lalengua- de escritos que “in-vienen” a la sesión analítica –invención no voluntaria sino a la manera de las “hablas impuestas”– destinados a no ser leídos. ¿Cómo? Quiero decir, de manera directa, inmediata, comprensiva, rápida, etc. Quizás sea corporizándose en el “yo no busco, encuentro”, picassiano-lacaniano del que se vale el analista –haciendo su parte- en la invención de la transferencia.
    De tal modo es que intentamos aproximarnos –a nuestro turno como lectores- a lo que el maestro francés llama intraducción, como otra forma de pensar lo escrito y el lenguaje. Es así que Lacan evoca a Joyce como iniciador de este proceder intraductor al que hacemos referencia, apuntando a que el escritor irlandés, al intraducir “hace de la palabra tráfico –o recorrido o camino– más allá de las lenguas, tan solo apenas se traduce, al ser igualmente, por doquier, poco [dado o apto] para leer”.
    Para ir concluyendo esta nota digamos que se ha puesto en obra la advertencia lacaniana acerca de que el no saber qué hacer con las cosas novedosas poco tarda en ubicarlas con las nociones ya recibidas. Lacan nos recuerda que esto es lo que se hizo, a veces, con Freud, es decir que no se lo leyó, a pesar de que estaba ahí escrito. Es el énfasis puesto en la novedad de lo escrito que adquiere tan notable importancia para los psicoanalistas lacanianos y que ha sido puesto a trabajar en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, haciendo avanzar el psicoanálisis sobre aquello que aún no ha sido leído, en algunos tramos de la obra de Freud y de Lacan. Cabe destacar que en esta línea, se inscribe este relevante libro que pone en obra el lacaniano Work in progress respecto de saber hacer allí con la lengua. ¿A dónde voy con esto? A que es posible hacerle una muesca, un retoque del sentido, una pincelada final- sin lo cual la lengua no estaría viva. Es decir, esa posición por la cual el hablante organiza las marcas del Otro en una condición –al menos- particular, ante la herencia pesada y enajenante conformada por la lengua… ¿un estilo? De nuevo: forcluyendo un sentido congelado, se pueden generar sonidos inauditos, insólitos, inscribibles en lalengua, en el camino de hacerse-un-nombre…

    Ilda Rodriguez- 12/2/2016

    .

  • El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    (Reseña del libro de AA.VV.: Miedo, sufrimiento y angustia, Ed. Ledorial, Toledo, 2015).

    Por Ilda Rodriguez

    Es el séptimo volumen de la “Colección de Psicoanálisis Lapsus de Toledo”, coordinada por Cristina Jarque. Reúne veintisiete escritos de otros tantos psicoanalistas de México, España, Argentina, Francia, Estados Unidos y Estambul, elaborados sobre la base de “nuestra propia experiencia clínica”, a los efectos de la transmisión del psicoanálisis. Para ello, resulta fundamental “hilar la teoría con la práctica clínica”, porque permite “escuchar el desarrollo del miedo en el sujeto y el sufrimiento que conlleva”, así como su lazo con la angustia, según se rescata como rasgo más ostensible desde la introducción.
    En congruencia con tal designio, algunos de los textos ofrecidos no descartan en lo más mínimo el abordaje de propuestas que un psicoanálisis en extensión plantea tomando distancia de un psicoanálisis “aplicado” –en tanto “desviación bufona”, como lo califica Lacan. En esta ocasión, Alejandra Ruíz se centra en el análisis del texto Carta al padre. Se trata aquí de Franz Kafka: la obra y la vida. Para ello, toma apoyo en su lectura de lo señalado por Freud, “una ficción puede muy bien sustituir un fragmento de realidad histórica perdida”, y delinea a partir de ciertos interrogantes la idea en cuestión. Por ejemplo: “¿Hay algo en la carta que no haya sido elevado en la obra vía sublimación?”. “¿Podría haber sido la escritura de la carta un intento de acotar el sufrimiento marcando un nuevo litoral entre saber y goce?”. La autora considera que la carta interroga el estatuto del miedo con gran lucidez y arriesga su hipótesis: en “el acto que constituye la escritura de la carta podemos leer la eficacia de la letra en su precipitación”.
    Por su parte, Gérard Pommier pone sobre el tapete “el cambio de distribución de la histeria” operado en sus “versiones femenina y masculina por la modernidad”, en su texto El desplazamiento contemporáneo del sufrimiento histérico. Para el autor, es menester aseverar que “sigue siendo un reto sostener que la histeria afecta tanto a hombres y mujeres”. En ese contexto, avanza una puntuación concerniente a diferenciar la “falta de ser”, “casi fundadora de la filosofía” y “refugio del pensamiento contra la excitación sexual”, en contraposición a “la falta de tener” (“envidia al falo para los dos géneros”), a la que considera que “activa indefinidamente el erotismo –con el beneficio accesorio de la reproducción de la especie”.
    Recordemos, para poder seguir nuestro decurso, un trazo común subrayado por Roland Chemama respecto de “las demandas actuales” al psicoanalista, tal como “no soportar la angustia”, incluso, “la exigencia de ser librado de ella lo antes posible”, “como si la presencia de ese afecto fuera algo inaceptable”. Sin duda, considera que eso habla de “un tipo de posición subjetiva”. En su texto La doble cara de la angustia, el autor, “volviendo a Freud a partir de Lacan”, advierte que habría que “ligar la angustia a una castración parcial”. De acuerdo con esta concepción que no tarda en explicitar, situará dos posiciones que desplegará en su artículo: una podría sostenerse en la pregunta que confronta al sujeto: “¿Querrá ser liberado del objeto al que debería haber renunciado?”. Y la segunda posición es enunciada en el interrogante: “¿O acaso está angustiado porque tiene la esperanza de guardar «lo que le queda»?”.
    Hacia el final del texto, añade algo que conocemos sobradamente los analistas y es que “la angustia toma su fuerza de la relación analítica en sí misma”, en relación con el deseo puesto en obra allí, y que el psicoanalista “no está hecho de otra pasta que su analizante”; por ende, es preciso en todo momento “reconocer su lugar” en la cura.
    Christian Hoffmann y Ceylin Özcan, a su turno, en Angustia y subjetividad, parten de la definición del psicoanálisis como “una experiencia de lenguaje”, “de un decir que gira en torno de lo que se nos escapa en tanto que inconsciente”. Puede así extremarse con fecundidad el relieve de “introducir la cuestión de la angustia en la investigación clínica, identificada en tres niveles diferentes”: en el del concepto, en el epistemológico y en el estructural. Abriendo así el camino, nos dicen, “hacia una clínica de la angustia que compromete una ética del sujeto”. En un “acercamiento freudiano”, y “haciendo una lectura lógica”, decanta como “un concepto límite”, dejándonos en que “la angustia de castración es a la vez el peligro de la separación” tanto como “el de la unión que anule toda posibilidad de placer”. Así, a continuación, arribarán al “abordaje lacaniano” transitando por dos hipótesis de Lacan, concluyendo en la formulación de la tesis que dice que el psicoanálisis procura, si bien no resolverla –por su relación con un punto imposible y a la castración– “transformar su trato, su manejo, por el cambio de posición subjetiva respecto al objeto a que se presenta en función de la causa”. A partir de una secuencia clínica, ahondan y precisan la postulación previa, en el empeño de ponerla en acto.
    Arribamos, en consecuencia, al texto presentado por Cristina Jarque, en el que valiéndose de un caso clínico procura “transmitir algunos momentos que surgieron en el recorrido analítico de un sujeto cuya vida oscilaba” Entre el derrumbe de lo familiar y el abismo de lo siniestro, como titula su artículo. Según se podrá apreciar, tomando apoyo en la notable episteme del padre del psicoanálisis y en su lectura de Lacan, la autora lleva a cabo una dilucidación del lazo de la angustia con “el campo de lo que Freud articuló como lo siniestro”. Además, muestra que dicha relación puede ser inteligida, por ejemplo, cuando “la mediación que sostiene el límite entre lo siniestro y lo familiar, no está, es decir falta, lo que aparece es la angustia”.
    Está claro, por lo que puede inferirse en su artículo y a los efectos de transmitir esa experiencia perdida como tal, que se ha producido un pasaje artificiado por medio de su escrito, de la intensión –esto es decir: el maniobrar transferencial, la habilidad del trabajo con las palabras, labilidad inicial de la lengua flexible – a la extensión por la vía de la presentación clínica de una psicoanalista.
    En fin, se argumentará que lo señalado hasta aquí solo indica una mínima parte de las cuestiones planteadas en este volumen, lo cual es exacto; aunque si “como muestra basta un botón” –según el conocido el refrán–, cabe consignar sin hesitar que a partir de lo mostrado en esta presentación, no cabe sino remitirse a la lectura de esta obra para hallar diversas propuestas, articulaciones clínicas novedosas y la posibilidad de leer, también, el efecto sobre la transferencia de trabajo puesta en obra en las diversas traducciones de los textos de los psicoanalistas convocados, no menos que los efectos de lectura al leerlos en la lengua de su autor.

  • “Freud, en su tiempo y en el nuestro”

    “Freud, en su tiempo y en el nuestro”, Elisabeth Roudinesco
    Debate, 2015

    Bellísimo libro.
    Elisabeth Roudinesco, historiadora, sostenida en la inmensa información y documentación sobre Freud y, sobre todo en el profuso epistolario del mismo, despliega un notable libro biográfico . De ese epistolario dice que se trata de un estilo a menudo caótico pero que da testimonio de un verdadero talento literario.
    Detallada y precisa, realiza una semblanza de Sigmund Freud que nos lo representa vívidamente: Y fue en la más pura tradición del “Sturm und Drang” ( tempestad y pasión)- encarnado por Goethe y “Las cuitas del joven Wherther- , que Freud, científico positivista, darwiniano y racional, en busca de gloria y adversidad, especializado en la observación de animales marinos, se enamoró a los veintiséis años, de Martha Bernays.
    Tempestad y pasión describen a Freud desde su juventud hasta el fin.
    Relataré brevemente mi lectura del recorrido.
    Notable el encuentro y fascinación de Freud por Charcot pero sobre todo con el extravagante Fliess. De nuevo tempestad y pasión. Hechizo de Freud por Fliess desde el primer encuentro. Ese contacto, digamos, esa transferencia lo separa a Freud de la neurología, de la teoría de la seducción. Inventa la importancia del complejo de Edipo y comienza a preparar su gran libro “La interpretación de los sueños”. Freud descubre el inconsciente e inventa el método.
    En 1900 se produce su ruptura con Fliess.
    E. R. hace un interesante análisis de esta relación y sus consecuencias.
    El método, el psicoanálisis revoluciona el mundo.
    E. R. describe a Freud como un científico positivista, lo era? Científico sí, pero positivista quién habla del inconsciente al que solo se conoce por sus efectos? Uds, lectores, que dicen?
    Lo qué si acuerdo con E. R. es con la revolución simbólica que Freud realiza : En el fondo, Freud llevaba a cabo una revolución simbólica: cambiaba la mirada que toda una época posaba sobre sí misma y sobre sus maneras de pensar. Inventaba un nuevo relato de los orígenes en el que el sujeto moderno era el héroe, no de una mera patología, sino de una tragedia.
    Son muy interesantes los relatos de los pacientes de Freud con sus historias y nombres verdaderos.
    E. R. llama a Freud, judío espinosista. Ateo, no rechazaba su origen aunque reconocía concepciones del mundo diferentes.
    E. R. ama a Freud, encuentra sus libros luminosos y así es esta biografía . Va relatando los momentos de Freud a partir de sus libros y de la historia de las relaciones con discípulos y disidentes, las reuniones de los miércoles y como se va produciendo la extensión del psicoanálisis más allá de los círculos de Viena. Todos soñaban con un mundo mejor. Se van sucediendo los afectos de Freud por sus discípulos Rank, Fereczi, Abraham, Eitingon, Jung, Jones . Y no solo desfilan sus nombres sino toda una época de extensión del psicoanálisis.
    Aparece con Jung una relación pasional, conflictiva y beligerante, en la que Freud termina acusándolo de ceder al “lodo negro del ocultismo”
    Si bien conocemos estos relatos y esta historia del movimiento, este libro reúne en si mismo toda esta historia y tiene gran valor en este sentido.
    Y las mujeres?
    A partir de 1910 hacen su entrada las primeras mujeres analistas que en general habían sido pacientes del psicoanálisis primero. Es muy interesante ver el giro que se da a los temas del psicoanálisis a partir de esa presencia femenina.
    Tambien es interesante el capítulo dedicado a “El descubrimiento de América”, sobre todo la lectura de E. R. de la psiquiatría y psicología en América. ( por supuesto cuando dice América se refiere a Norteamérica).
    E.R. va haciendo el relato de las diferentes épocas de Freud atravesado por el lazo con sus discípulos, sus rupturas y una realidad que comenzaba a cambiar y transformarse.
    No deja de remarcar dolorosamente y con lucidez la transformación del mundo de Freud y de él mismo a partir de “la gran guerra”.
    Freud observa como su doctrina revela los oscuros aspectos de la humanidad y confirma su teoría sobre la pulsión de destrucción.
    E. R. describe muy bien el pasaje de “La belle epoque” a un mundo moderno .
    Detalla muy bien la familia de Freud, incluyendo la familia extensa y su diáspora. Así como el pasaje del psicoanálisis a un universo más amplio y el dominio del psicoanálisis en otras lenguas y otros territorios.
    Todo ese desarrollo y esa extensión es destruida en Viena y en Alemania por el avance del nazismo. Freud asiste a la destrucción de sus sociedades o al colaboracionismo desesperado de algunos analistas con el nazismo.
    Eso que fue destrucción también fue extensión a otros lugares del mundo
    E.R. relata finalmente la escritura de “Moises y el monoteísmo” en sus tres partes y el giro que finalmente tiene que hacer Freud al comprender los siniestros planes del nazismo y su exilio en Londres.
    En la última parte del libro relata como Anna Freud, Jones, Marie Bonaparte y otros se ocuparon de salvar los archivos, las cartas y como se sucedieron diferentes biografias y libros con las cartas.
    El libro es el libro de una historiadora. No nombra a los que se exilaron en América del Sur, precisamente en Buenos Aires, fundando la APA, ni tampoco a Lacan o a sus discípulos.
    De todos modos este libro es un bello libro para los que amamos a Freud y al discurso del psicoanálisis-
    Verónica Cohen

  • Reseña del libro ¨QUE ES LA REALIDAD II¨ El psicoanálisis, la ciencia y la política. Editorial Kliné

    El trabajo colectivo en un seminario, publicado como libro, parece dar forma a un género de escritura en psicoanálisis. Una producción que se autoriza con otros en un hecho de discurso que se escribe con el eco de lo dicho en las presentaciones orales.

    Alicia Álvarez, Osvaldo Arribas, Verónica Cohen, Clelia Conde, Norberto Ferreyra, Héctor Franch, Marta Nardi, Gustavo Pita, Alicia Russ, Anabel Salafia,  Noemí Sirota, quienes dictamos este seminario, hoy tenemos el gusto entregar este nuevo libro que bajo el titulo ¨Que es la realidad II, El Psicoanálisis, la Ciencia y la Política¨ resulta de la puesta en forma de presentaciones del seminario realizadas durante 2012*.

    En el primer capitulo nos encontramos con un minusioso trabajo de Osvaldo Arribas en torno a la distinción entre el Psiconálisis y la Ciencia, su implicación y la necesaria discriminación a partir de considerar un lazo social que surge como necesidad lógica a partir de la forclusión del sujeto operada por la ciencia.

    Norberto Ferreyra introduce en el capítulo 2 la articulación que dirige buena parte del trabajo, entre la moneda viviente (término que surge del Texto de Pierre Klossovski) y los cuerpos hablantes. Es de destacar en esta articulación, la relevancia que cobra ¨la significancia¨ comandada por lo Real a partir del límite a la formalización,

    En el capítulo 3, Gustavo Pita nos guía en la aprehensión de el nexo lógico que podemos encontrar entere lo útil y el goce a partir de la teoría de la ficciones en J. Bentham.

    Anabel Salafia, dará las claves de articulación que podemos encontrar en la lectura de Lacan con Klossovski en torno al fantasma en la economía de discurso.

    En el capitulo 4 Gustavo Pita y Marta Nardi avanzan en la distinción entre economía libidinal y economía de discurso en torno a la noción de utilidad, goce y fantasma.

    En el capitulo 5, Alicia Alvarez desarrolla las consecuencias de la necesaria distinción entre discurso del Amo y discurso Capitalista, y Verónica Cohen aporta las distinciones que requiere ubicar la teoría del valor en la articulación del Goce y el Síntoma.

    Por último en el capitulo 6, Norberto Ferreyra hace un minucioso desarrollo que consta de dos partes, Partiendo de la clase del Seminario XXIII de J. Lacan dictada el 17 de febrero de 1976, es decir poniendo en juego la topología del nudo, tomará el discurso capitalista, y la diferencia entre hablar de la forclusión de la castración y el rechazo de las cosas del amor.

    En ese mismo capítulo, quien escribe esta reseña*, tomando como pretexto un film, un producto de la industria en la cultura, desarrollo un aspecto de la articulación al fantasma, en ese rechazo a las cosas del amor que el discurso del capitalismo pone en práctica, en cuanto al dinero como signo y como prueba de amor.

    Qué es la  realidad? Una ¨formidable¨ pregunta que da que hablar y hace retornar esa cuestión que dió comienzo en 1991 al trabajo de la Fundación “Porque no hablar…. De Campo lacaniano? Un libro, un modo de decir, una política de discurso que invita a leer y hablar…….

    ———————————————————————-

     

    *Segunda parte del seminario que, bajo el mismo nombre se dictó durante 2011, y que fue editado por Editorial Kliné, bajo el titulo Qué es la realidad.

    *Noemi Sirota, Integrante del Consejo de la Fundación del campo Lacaniano, y del grupo que dicta el Seminario.

  • Colección Variaciones, Ediciones Kliné

    Juego el juego, Clelia Conde
    La práctica del análisis, Norberto Ferreyra
    La perversión y sus derivas, Norberto Ferreyra 

    Como una serie cuenta a partir del tercero, Ediciones Kliné publica los tres primeros números de Variaciones, la nueva colección de la misma La práctica del análisis, La perversión y sus derivas, ambos de Norberto Ferreyra, y Jugoeljuego, de Clelia Conde. Estos libros que, en tanto el objeto que son, portan la particularidad de ser pequeños, bellos, y llaman a la mirada.

    Me tomo el atrevimiento de suponer que el nombre de la colección podría ser el hilo que otorga un criterio que reune a los libros que la componen. Dado que ninguna de las notas de edición lo explicita, este atrevimiento es tanto una excusa que brinda la amplitud para comentarlos una única reseña, como la oportunidad de reflexionar sobre el rasgo común que, entiendo, se lee en ellos.

    Variación:

    –Dícese de la acción y el efecto de variar.

    –Modificación estructural, morfológica o fisiológica en los caracteres de la descendencia con respecto a sus progenitores.

    –En términos musicales, consiste en una modificación de los elementos secundarios de un tema melódico, ya sea sustituyendo la nota original por un grupo de notas de menor duración, cambiando el ritmo de la melodía, o incluyendo un ritmo contrapuntístico. Más allá de estas modificaciones, la condición es que el tema original se mantenga.

    –Relación entre dos variables, de manera que los valores de ambas aumentan o disminuyen al mismo tiempo y a una razón constante.

    Pero aquello que indicaría el nombre de la colección y su supuesta función de hilo conector, ¿está representado en alguna de las acepciones mencionadas? Dejemos en suspenso la pregunta, pero no para adentarnos en cada libro, porque no hay reseña que sustituya la lectura, pero sí que me acompañen a construir una panorámica que sopese la densidad de sus textos.

    Comencemos por los dos de la autoría de Ferreyra. Antes, un comentario: el autor tiene un estilo claro, lógico y sencillo, pero a la vez con cierta dificultad, que no es la de lo difícil o complejo sino la que impone leerlo hallando la dimensión en la que su decir se escucha. Lo que me recuerda esa clase de imágenes, llamadas 3D, que están plasmadas en el ancho y en el largo pero de acuerdo a cómo se las mire, urge de ellas, casi de sopetón, una profundidad que a simple vista no estaba dada. Para lograr este efecto se hace necesario implementar una u otra técnica: mirar con un ojo una cosa y con otro otra, o mirar como si lo hiciéramos a través de un espejo o de un vidrio, en tanto no es ni el uno ni el otro en sí a donde dirigimos la mirada sino, a través o más allá de ellos. Aunque no poseemos técnica alguna para abrir el oído a la dimensión en la que Ferreyra dice, creo que para esto no hay nada mejor que contar con que el estilo del autor invita a ser escuchado más que leído, en el sentido vulgar del término. Lo que quiero dar a entender es que leer el decir de Norberto Ferreyra supone la condición de escuchar las dimensiones bajo las que habla: la poética y la lógica, sin que una contradiga a la otra y, hasta por momentos, se reúnan e intercambien.

    En La perversión y sus derivas trata la cuestión de la perversión desde una posición enunciativa que, a pesar de lo difícil y comprometido del tema, no roza siquiera una moral o una ideología. El libro abre con tres artículos que tocan una pregunta: La perversión: ¿estructura, método o invención? Así desarrolla la perversión como:

    –Estructura, en la medida en que algo de la misma es inherente a la conformación del fantasma y al deseo, porque el deseo guarda relación con la perversión, sin que por eso sea perverso;

    –Método, en tanto estrategia ante la castración, en la cual el perverso no trata de ser el Uno del Otro como en la neurosis, sino de hacerse aquello que le falta al Otro, es decir, lo que hace agujero en el Otro y da lugar al objeto, ya sea porque lo tiene en la mano, como el látigo, o porque él mismo se hace objeto en relación con la falta en el Otro.

    –Invención, en tanto la posición respecto del fantasma como la existencia del sujeto en relación con el deseo están vinculadas con la función paterna con sus versiones (père-version). Las cuales implican una ficción con la que el sujeto inventa una manera, un modo o un estilo de relación con la castración más allá del padre, que es lo mismo que decir no en relación con el padre sino con el objeto causa.

    Después de pasar revista por algunas de las trescientas veces que Lacan habla de la perversión a lo largo de su enseñanza, Ferreyra arriba a las formulaciones más avanzadas que presentan a la perversión, justamente, como las versiones del padre. Así esclarece uno de los modos de tal invención: la relación entre el saber y el poder con la que el perverso intenta tapar la falta en el Otro en el universo simbólico, lográndolo, aunque no sin fallas.

    ¿Cómo se ubica el sujeto frente a la castración al modo de la neurosis?; ¿cuál es la diferencia con la estrategia perversa?; ¿por qué es necesaria la perversión?; ¿qué le ofrece el perverso al incrédulo y qué en el lazo social?; ¿en qué reside la fe del perverso, que es la única que se puede vender en el lazo social?, son algunos de los interrogantes que articula el autor.

    El cuarto texto de este libro desarrolla la posibilidad que brinda la angustia de advertir y subjetivar algo del objeto que el sujeto fue o es. Siendo que la seguridad de la misma deja como corolario: el síntoma, como una manera de hacer algo con la angustia, y el traumatizarse, para elaborar el trauma a través de la dimensión del amor, en relación con la excitación pulsional.

    El quinto y último texto, tal y como adelante la nota Presentación de la Editorial, expone la posición del autor frente a actualidad política en la Argentina. Aquí Ferreyra nombra una política de derecha cuando su objetivo final es hacer callar al otro mediante la tortura, el asesinato o la muerte en varias de sus formas: hambre, salud, tortura moral, segregación, exterminio. Y lo que es más interesante todavía, relaciona la conjunción entre saber y poder como método e invención de la perversión –expuesta en los primeros capítulos– en su vinculación con la política de Estado.

    En su otro libro, La práctica del análisis, Ferreyra, el autor refiere estricta y exclusivamente a la práctica del análisis y entonces, a la clínica. Para lo que habla de la experiencia misma sin sostenerse del “caso clínico”. De manera que en los dos primeros trabajos, desarrolla cómo entiende un análisis y las condiciones para que éste tenga lugar. ¿La experiencia del análisis es una experiencia subjetiva u objetiva? ¿Hay alguien que experimenta esa experiencia? Si hay alguien que hace la experiencia del análisis, ¿es el sujeto de la misma?, se pregunta y nos pregunta el autor.

    En “Los fracasos del analista”, que es el tercer texto, parte de la idea de que si bien el analista es dos –el que escucha en la sesión de análisis y el que elabora la experiencia–, lo que pasa del psicoanálisis no se transmite como analista, sino que es por haber estado en posición de analista en un análisis, alguien podrá transmitir como analizante. A partir de estas dos posiciones, considera los “fracasos del analista”, para lo que no solo tiene en cuenta los efectos terapéuticos –ya que perfectamente el éxito puede implicar el fracaso del analista, dice–, sino, fundamentalmente, esta posibilidad de hacer pasar o no el psicoanálisis.

    En el cuarto escrito el autor desarrolla la forma bajo la cual se presenta y toma existencia el tiempo en un análisis. El tiempo al que se refiere es el tiempo lógico, que se hace modal en relación con un decir, y es este decir, que el inconsciente toma la dimensión del tiempo como falta, más específicamente como “falta el tiempo”. Falta el tiempo supone que el tiempo se hace con la falta, porque la falta –dice Ferreyra– es aquello de lo que está compuesto, su estofa.

    El quinto trabajo sitúa a la clínica como lo que es dicho bajo la regla fundamental, la asociación libre, a partir de la cual el analizante es quien habla y el analista, por escucharlo, quien esté en la posición de tal. El autor aquí explícita un hecho básico, fundamental, vale decir, estructural de la experiencia: el acto del analista consiste en producir el acto del decir y hacer que se real-ice por quien habla el pasaje de ser hablado a situarse como sujeto de lo que dijo. Desde aquí el texto prosigue bajo el planteo de que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, solo que en uno y en la otra se encuentra en distintas condiciones de existencia y de presentación. La ciencia forcluye al sujeto barrado, dividido, y exige en su lugar uno indivisible, Uno, unidad que favorece las clasificaciones con el fin que la política manipule la productividad y la reproducción de los seres hablantes. Asimismo, el autor arriesga y apuesta una posible alternativa ante esta política, a través del discurso del psicoanálisis.

    “¿Dónde ocurre el análisis?”, el sexto y último texto, plantea el hecho de que el análisis transcurre en una dimensión que es tres a causa de un imaginario que no es del espejo sino el que está en el nudo, RSI. Pero si la consistencia del nudo es real, entonces el análisis transcurre estrictamente entre tal imaginario y tal real.

    Ahora es el turno de Juegoeljuego, de Clelia Conde, un libro donde no hay frases hechas, con un entramado que revela es posible encontrar invención. La misma que se anuncia en la formación lúdica del título del libro y de los capítulos, que considera la antecedencia y que construye, de acuerdo y en consecuencia, con su experiencia. Recorriendo sus páginas uno se encuentra con que está dicho, tanto explícitamente como en acto, que el juego es cosa seria. Más aún, se tiene la impresión, o al menos yo la tuve, de que el libro en sí mismo está hecho bajo las mismas reglas y modo de constitución que eso acerca de lo que comparte y transmite, el juego, como si en algún sitio de lo que aquí es dicho quedara grabada la rúbrica de origen: el análisis con niños. Me atrevo a decir que así como el dibujo que inicia la publicación muestra a la mirada el aparato que produce el juego, jugando, el libro en sí está hecho con el mismo e ingenioso aparato.

    En el primer capítulo, la autora aclara que comprender el juego es el requisito para poner en función la abstinencia, la que da lugar a una privación que permite la lectura. Desde esta afirmación, que hace a la estructura del quehacer de un analista, comienza a desplegar qué puede considerarse un juego, qué es jugar, cómo se llega a hacerlo, incluso, si el analista de niños se deja tomar por el juego o es necesaria cierta distancia que permita “ver qué pasa”.

    Tal y como lo afirma Clelia Conde, jugar no es fácil, de lo que se desprende que estar en el lugar del analista de niños tampoco lo es, o al menos comporta otras dificultades que las que podrían considerarse en el análisis con adultos.

    La autora comparte y transmite algunas claves de la cuestión explicitando ciertas equivalencias entre el juego y lo que podría llamarse –solo a los fines del entendimiento– “el hablar de un adulto”. Por ejemplo, bajo qué condiciones del juego se encuentra la equivalencia con la regla fundamental; cómo se le dice al niño desde el juego mismo que allí, en el tiempo y en el espacio del análisis, la palabra tiene otra dimensión, y que estoy acá para escucharte.

    En el segundo capítulo, “Deudas de juego”, Conde pregunta: “¿Qué sucede a nivel lógico cuando un niño es incapaz de jugar?”. Para contestar se remonta a un tiempo lógico anterior y al recorrido de sus momentos, aunque, claro está, el mismo podría detenerse o verse obstaculizado en alguno de ellos. Para dar cuenta de tales momentos lógicos, la autora se vale de nociones matemáticas, de la teoría de los conjuntos y de la lógica de clases, del concepto de potlatch de Marcel Mauss y, sobre todo, de su experiencia clínica, la cual ejemplifica cada una de las operaciones psíquicas, en función o no, necesarias para que un juego se ponga en acto.

    Entre “El juego imposible” y “Final del juego”, tercero y cuarto texto, la autora explicita la necesidad de articulación de la deuda simbólica, de la apuesta, para que el juego sea posible, y cómo, por ejemplo, la reacción terapéutica negativa supone que tal articulación no está en juego, por lo que el juego mismo queda impedido.

    En “La jirafa arrugada”, anteúltimo y quinto texto, se trabaja la correlación entre las operaciones constitutivas del sujeto, que el niño realiza a través del juego, y el dibujo. Para ello trae desde lejos, aunque se demuestra que es desde cerca, el origami, arte japonés del plegado del papel, técnica que junto a la siguiente cita de Lacan: “Nuestra hoja de papel no sabemos lo que es. Sabemos lo que es el corte y que de este corte, aquel que lo ha trazado está suspendido de su efecto”,[1] pues ejemplifica contundentemente aquello sobre lo que versa este texto.

    Ya en el último texto, titulado “El juego invisible”, Clelia Conde se refiere a la función de la transferencia en el análisis con niños, para lo cual –como se alude desde el título– la vincula con la función escópica, dado que la pulsión escópica –escribe la autora– es la más cercana al deseo, ya que no querer saber es homólogo al no querer ver, propio del rechazo a la castración.

    Una vez hecha la reseña de cada uno de los libros, creo que estamos en condiciones de retomar la pregunta que había quedado en suspenso: ¿qué podría indicar el nombre de la colección, Variaciones, acerca de lo que conecta y relaciona a estos libros? ¿A cuál o cuáles de las definiciones mencionadas refiere en este caso la palabra “variaciones”?

    Más allá del diccionario y de las diferentes posibilidades que nos otorga la genética, la música y/o la matemática para una posible acepción de la palabra en cuestión, considero pertinente recurrir, para arriesgar una respuesta, al discurso del psicoanálisis.

    En Variantes de la cura-tipo, Lacan cuestiona ese título. Por un lado, por el riesgo de que el psicoanálisis quede reducido exclusivamente a una terapéutica, y por otro lado, porque la idea de un estándar para el psicoanálisis sería en sí una anulación del mismo. Con la ironía que lo caracteriza, afirma: “[…] un psicoanálisis, tipo o no, es la cura que se espera de un psicoanalista”.[2] Entonces, si un psicoanálisis es la cura que se espera de un psicoanalista, vale la pena traer hasta aquí que Lacan se aboca al estudio de las “variaciones” de los analistas a propósito del análisis y a lo largo de su historia. Para ello no tenemos más que dirigirnos al octavo de los Principios rectores del acto analítico, presentados en el marco de la asamblea de la AMP de 2006 en Roma. Cito: “La definición del psicoanalista incluye la variación de esta identidad. La definición es la variación misma. La definición del psicoanalista no es un ideal, incluye la historia misma del psicoanálisis y de lo que se ha llamado psicoanalista en distintos contextos de discurso”. Así, en cada circunstancia, el psicoanálisis y el psicoanalista producen su variación.

    Recurro a algunos párrafos de los dos autores de estos tres libros que, entiendo, ejemplifican el hecho de que la definición de analista es la variación misma, a la vez que terminan de decir, a través de su voz, lo que estoy queriendo concluir.

    “Hay frases tales como «uno aprende de sus fracasos» o «el fracaso es una cuestión de éxito», frases lindas que sirven para sostenerse, pero qué quiere decir el fracaso del analista en relación con que solo como analizante transmite el psicoanálisis”. “Si el psicoanalista fuera o representara, si se autorizara como médico, filósofo, psicólogo, escritor o con cualquier título universitario, estaría «hecho» de algo que en términos de representación tiene éxito, pero entonces no habría, cada vez, fracaso del analista para pasar a analizante y así transmitir el psicoanálisis”, dice Norberto Ferreyra.

    Mientras que Clelia Conde asevera: “En este libro, donde realizo algunas puntuaciones sobre el análisis de niños, habrá cuestiones lógicas y comentarios prácticos, entiendo que para lo cual la transmisión de la experiencia tiene el valor de ser un apoyo para la propia inventiva”.

    Así, considerando que:

    –Estos dos párrafos son dos modos de decir que el analista es al menos dos, el que ocupa el lugar de tal en la experiencia y el que, en posición analizante, transmite y a la vez inventa algo de la misma.

    –Que los tres libros dicen a cada paso, letra por letra, espacio tras espacio, acerca de la transmisión de la experiencia del análisis…

    …concluyo, por fin, una posible respuesta parafraseando la definición otorgada por la música y considerando la aportada por Lacan. Variaciones, en este caso, podría referirse a “la modificación de ciertos elementos, cambiando el ritmo de la melodía, o incluyendo un ritmo contrapuntístico”, de la transmisión de la experiencia del análisis. Pero la condición indispensable, más allá de estas modificaciones, es que en el caso de las variaciones que hacen al analista mismo, a diferencia de las musicales, no haya tema o modelo original que se mantenga. Por lo que, tal vez, lo mejor sea tomar el consejo de Lacan: “Hagan como yo, no me imiten”. Más aún, hagamos como Norberto Ferreyra y Clelia Conde, no lo imiten, no los imitemos.

    Quedan estas palabras como mero pre-texto para que sean ustedes quienes deambulen por las páginas de estos tres pequeños e inmensos libros.

     


     

    [1] Jacques Lacan: El Seminario, Libro XIII: El objeto del psicoanálisis, clase del 15 de diciembre de 1965, inédito.

    [2] Jacques Lacan: “Variantes de la cura-tipo”, en Escritos 1, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2005, pág. 317.