Categoría: Ilda Rodríguez

  • De los equívocos de “laslenguas”

    Por Ilda Rodriguez

    […] lo que es phoné en una lengua puede traducirse en cualquier otra que lo sea

    Jacques Lacan

    Consideremos la cuestión, para empezar, que Lacan no cesa de transmitir una y otra vez, cuál es la imposibilidad del parlêtre –su real– de acceder a una sola lengua. Está claro que no se re- fiere al hecho de hablar uno o más idiomas, sino a la inexistencia de una única lengua en cada ser hablante. En efecto, se trata de la bifidez[1] de la misma, condición por la cual cadaquien se define por hablar al menos dos lenguas que se bifurcan: lengua materna, lengua natal, lalengua, comprendiendo también –¿por qué no?– lo multilingual de las palabras-valija. Se entiende –está dicho – que Lacan se presenta atravesado por la enseñanza de Joyce en su tesitura lenguajera. Es decir, hablamos de una lengua mediante otra, llamándola l’élangues.[2]

    En este punto, nuestra lectura de tres textos que componen LaPsus Calami nos ha conducido hacia unas líneas que se hallan hacia el final de Función y campo del habla y del lenguaje –muy solicitadas por los analistas– en las que se nos advierte: “Que conozca bien la espira donde su época lo entraña, en la obra continuada de Babel”.[3] Bien, en esta ocasión nos detendremos en el punto en que esta vuelca su vertiente en una multiplicidad de lenguas que no se comprenden entre sí.

    Hay que decir que como psicoanalistas, no nos queda sino redoblar el compromiso con nuestra ética- la phonetique[4]– se trata del bien-decir, artificiador de los decires analizantes, y que haciendo acto irreversible, no acontece sin la insoslayable presencia del analista. Cada modalidad de sus incidencias, en la dirección de las curas a su cargo, conforma lazos sociales, los cuales marcan momentos de inflexión de y en aquellas. De nuevo, seguramente obedecen, sea al agotamiento del recurso lenguajero –por eso la procura de otro registro- sea a sus movimientos, que ponen en acto otras maneras de dicho lazo social.

    En su texto, Diana Voronovsky,[5] al situar las pulsiones escópica e invocante, desentraña “una afinación conceptual” respecto de diversos que- haceres en los que se despliegan tales cuestiones. Así diferencia que la “lengua” de Joyce en su escrito “Finnegans wake, … es pura música”, ocasión para poner sobre el tapete “la pregunta de Lacan por la diferencia entre la voz del cantante y la voz del narrador.” Otra cuestión puesta a jugar es “la minuciosa descripción del modo de hablar de Lacan en sus seminarios”, deteniéndose en la multiplicidad de lenguas habladas por el analizante y el analista, que hacen eclosión en la sesión por “la intrusión inesperada de lo inconsciente”. Pues bien, sosteniendo su abordaje afirma que “la música es texto cantado, el canto es una escritura que se canta”; para aseverar que “lo sonoro de la voz se apoya en el canto”. En todo caso, lejos de la lengua de la comunicación –necesaria para la vida coti- diana- en la sesión analítica se despliega el hablaje, es decir, la impronta de un alfabeto sonoro y mínimo, del orden de lalangue, que atenta contra la lengua natal y que llama Realenguaje.

    A su turno, Roland Chemama, nos presenta[6] una original interpretación de lo que hace “mancha en el cuadro” en la sesión analítica y que –a mi entender– da cuenta de un capítulo del lenguaje inteligible desde las pun- tas de Real. Su reflexión se sitúa en “ciertas formas de malestar que experimentan (algunos analizantes) en la experiencia analítica más frecuente de lo que se cree” y relacionadas con el modo de presencia del analista en la cura… que pasa por la voz” y que el analizante liga “a la mira- da que siente sobre él y que le supone al analista.”

    En la ocasión diferencia –según mi escucha del texto– diversas cuestiones lenguajeras que acontecen en la sesión analítica, diferenciando allí el sentimiento de culpa y la vergüenza –de la que hace una novedosa presentación– “en el momento en el que lo introdujimos en el consultorio y se sintió mirado. Esta sensación va bastante lejos. Su cuestión, en el fon- do, es que no sabe con qué mirada el analista lo ve.” Sostiene que cuando el analizante se dispone a hablar de eso, es porque está afectado por esa mirada, cuya lengua habla de un juicio negativo, “y este afecto, ligado a la mirada que siente sobre él, es precisamente la vergüenza.”

    De nuevo, se trata de lo que nos recuerda Lacan respecto de lo que Freud sabe, no es solamente del orden del lenguaje, sino “del orden de lalengua en que la he escrito en una sola palabra (mot), es para evocar lo que ella tiene de lalación, lo que ella tiene de lalangueado[7]

    En su texto, Gerard Pommier[8], acentúa la cuestión de lo que interesa a la escucha del analista en la sesión analítica, que es otra lengua que el idioma o la lengua natal; antes bien “las imágenes que se presentan al mismo tiempo” que el analizante está hablando, “a las que Freud ha llamado Einfall” y que traduce como “lo primero que se cruza” o bien “lo que cae”, pero no “asociación libre”.

    Escribe que ante el callar repentino del analizante, le pregunta “¿qué ve usted?”, entonces “las imágenes a veces surgen en la palabra gracias a la pronunciación de una sola letra que, por sí sola, entrega y libera una represión enterrada, atada a un significado visible.”

    Apuntamos entonces que se tratará del retorno –de modo desviado– de una imagen “letrina” que había sido olvidada. Por cierto –según entiendo–que lo inconsciente está allí –ni fondo ni bolsa– en tanto moterialidad[9]–dirá Lacan.

    Para ir concluyendo, retomamos un decir del texto de Diana Voronovsky “… sea en la incidencia del analista o en el hablar de un analizante, un decir sin hablar, un hablar sin decir y la entrada de la pulsión en el decir, no sin la seriación significante.” Recordemos la retrofundación de la pulsión por Lacan:…” el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”[10]


    [1] Roberto Harari: Intraducción del psicoanálisis. Acerca de L’insu…, de Lacan, Ed. Síntesis, Madrid, 2004.

    [2] op.cit.p. 265 y ss.

    [3] Jacques Lacan: Fonction et champ de la parole y du langage en psychanalyse”, en Écrits, Ed. du Seuil, Paris, 1970 (traducción de Roberto Harari).

    [4] J.Lacan, valiéndose de una homofonía –ética, fauno y fonético- pone en acto un modo de incidir en la cura, mostrando que se trata de “la ética del fauno” y que éste sólo existe por el significante. Cf.R.Harari op.cit.

    [5] D.Voronovsky, La intrincación pulsional: su eficacia en la clínica y en el arte.

    [6] R.Chemama, No sin vergüenza.

    [7] Jacques Lacan: De James Joyce comme symptôme, Conferencia en Niza del 24 de enero de 1976 (ver www.ecolelacanienne.net)

    [8] Gerard Pommier, Decir es ver.

    [9] Moterialidad: palabra valija que encierra mot (palabra en francés), y que –a mi entender- implica la materia de la que se trata en la materialidad de la palabra.

    [10] J.Lacan, Seminario 24 L’insu.

  • Lo fonante, lo invocante y… la mirada

    Por Ilda Rodríguez

    “En mis obras las citas son como atracadores en acecho en la calle que con armas asaltan al viandante y le arrebatan sus convicciones.”
    Walter Benjamin[1]

    En nuestro epígrafe se despliega una perspectiva de su autor respecto del poder o la posición de la cita, no especialmente en su función de transmisión o autoridad en la cultura, sino en su capacidad de “[…] hacer limpieza con todo, de extraer del contexto, de destruir”.[1] De nuevo, al separar ese fragmento de su contexto inicial –el texto de un/a autor/a de un artículo de LaPsus Calami–, pierde su inteligibilidad tradicional, cargándose de cierto extrañamiento y de una efectiva fuerza rupturizante. Ahora bien, sin duda, la cita también entraña un peso de ver- dad debido a su aparición alejada del entramado inicial y a la vez lo hace en una comunicación que no asegura la misma garantía del “original”. En todo caso, el citar fuera de la trama que le dio origen destruye el orden en que ese texto encuentra su valor y su sentido.

    Cabe destacar también que es preciso que haya una concordancia entre el objeto del que se trata en nuestro psicoanálisis y la manera de hablar de él. Lacan pone en acto esta divisa de su enseñanza anticipando que “[…] por lo esencial este método[2] no se distingue del objeto abordado”,[3] es decir que el modo de escribir-hablar sobre él implica la manera en que se lo trata en la praxis de cada psicoanalista; en esta ocasión, de aquellos que han donado sus escritos para LaPsus Calami.

    Por otro lado, el maestro francés nos recuerda que si él escribe como lo hace es porque no olvida jamás que “no hay metalenguaje” y que hay lo imposible de decir: “[…] es justamente por eso que es de lo real”.[4] Ahora bien, la cuestión que nos tiene en este número, lo pulsional de la voz y la mirada, será ofrecida a su lectura, en esta ocasión, con matices que ponen en primer plano controversias en su tratamiento y elaboración conceptual, aunque especialmente dan en hablar de las diferencias de concepción, de lectura, de momentos diversos en su puesta a punto por Freud o por distintos tiempos en los desarrollos de Lacan, no menos que de su escritura en la praxis de cada uno de los textos propuestos por los psicoanalistas, en esta ocasión.

    Por ejemplo, Roberto Harari puntúa acerca del objeto a voz –el último en ser formalizado por Lacan–, fundamentando su propuesta novadora en tanto esquizia del habla y de la voz –introducida en la clase del 19 de febrero de 1964 del Seminario XI.[5] Es su moción llamar a esa pulsión fo- nante, porque se haría referencia a lo ligado con la emisión “[…] y ahí se localiza precisamente la cuestión en juego: la puesta en acto de una efectuación corporal, y ya no una invocación destinada a una (omni) potencia ausente”. A contrario imperio, Isidoro Vegh nos recuerda que: “Una definición –como toda definición, dice algo y algo no dice– nos permite presentar a la voz como portadora del paso de un significante a otro”. Planteará también, valiéndose de un ejemplo, “[…] el grito como lo que antecede a la voz […]” y esta, “[…] como cualquiera de los objetos pulsionales, es un producto, del mismo modo que decimos que el sujeto es un efecto”. Así, concluye en este desarrollo que “[…] la voz como objeto de la pulsión invocante, es una invocación dirigida al otro en tanto el Otro significa esa voz que le llega como demanda”.

    Por su parte, Norberto Ferreira, subraya que “[…] el análisis es una singularidad particular de la conversación, y aquí aparece la voz. ¿Por qué digo aquello? Porque el análisis se conduce desde la posición de analista y así, quien escucha determina al que habla. Es decir, alguien va a hablarle a otro según como ese otro lo escuche”, situándose ejemplarmente en la situación analítica propiamente dicha. Al respecto, Lacan nos dice en el Seminario XXIII[6] que para que este decir consuene, es preciso que ahí “[…] el cuerpo sea sensible y esto es un hecho”. ¿Por qué sucedería de tal modo? “[…] porque el cuerpo tiene algunos orificios, de los que el más importante, porque no se puede taponar, clausurar, es la oreja, por- que no puede cerrarse, que es a causa de eso que responde en el cuerpo, lo que he llamado la voz”. Y agrega: “Lo embarazoso seguramente es que Il n’y a pas que l’oreille, (no hay sino la oreja)[7] y que le hace una eminente competencia la mirada”.[8] Ahora bien, que la mirada le haga “competencia” allí, ¿designaría un sentido resistencial respecto de la articulación pulsional montada por la voz? A nuestro entender, no hablaría de un alcance de prevalencia, sino de obstrucción.

    En su texto, Jean-Michel Vives bosqueja su hipótesis respecto del trata- miento con niños autistas a partir de una investigación llevada a cabo con ciertos pacientes que establecen una única relación con la voz maquínica –negada a otros sujetos parlantes– en el punto en que “[…] la desaparición de la voz natural causa el borramiento del timbre”. Este real –así lo plantea– sería lo que cae en el uso de la voz maquínica completamente creada, lo que resulta que un “decir” se vuelva audible. A ese respecto, conjetura una relación entre la desaparición del timbre y consecuente- mente, el borrado de la enunciación. “La voz maquínica presentaría ese punto sordo que el sujeto no habría podido realizar”.

    Dicho lo cual, y volviendo a la cuestión de la mirada, Harari concibe que “la castración en lo escópico no se juega de modo muelle, por cuanto ella es «elidida» con relativa facilidad”.

    Para ir concluyendo, se ha afirmado en varios textos que el objeto voz es el más cercano a la experiencia de lo inconsciente, aunque se tratará de mostrar que, “al mismo tiempo, es también el más alejado”.[9]


    [1] Walter Benjamin: “¿Qué es el teatro épico?”, en Tentativas sobre Brecht, Ed. Taurus, Madrid, 1985.

    [1] Giorgio Agamben: El hombre sin contenido, Ediciones Áltera, Barcelona, 1970.

    [2] Lacan hace referencia al modo de enseñanza del psicoanálisis, en su seminario.

    [3] Jacques Lacan: Le Séminaire, Livre X: L’angoisse, Ed. du Seuil, Paris, 2004, págs. 282-283.

    [4] Jacques Lacan: Discours de Tokyo, 1971.

    [5] Jacques Lacan: El Seminario, Libro XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1989, págs. 75-85, siendo introducida en la clase del 19 de febrero de 1964 y vertida en su versión oficial como “La esquizia del ojo y de la mirada”.

    [6] Jacques Lacan: Le Séminaire, Livre XXIII: Le sinthome, clase del 18 de noviembre de 1975; en francés: Il n’ya pas que l’oreille.

    [7] Vg. Roberto Harari: El turbulento objeto del psicoanálisis, seminario dictado en Mayéutica. Institución Psicoanalítica, clase del 25 de agosto de 1998.

    [8] Por supuesto que no es la única versión. Por ejemplo, Rodríguez Ponte traduce del francés: “No hay solo la oreja”, mientras que otras versiones dicen: “Hay solo”.

    [9] Cf. Roberto Harari: “La esquizia del habla y de la voz”, en el presente número.


  • Las psicosis en psicoanálisis… ¿periodizamos?

    Cuando usted lee trabajos analíticos, verifique bien la fecha de su composición
    Sigmund Freud

    […] la lingüística se presenta en posición de piloto en ese dominio […] de ciencias del hombre
    Jacques Lacan

    […] la lingüística es una ciencia muy mal orientada
    Jacques Lacan

    Hete aquí –una vez más– en el intento de situar determinadas diferencias –consideradas por quien esto escribe– que se presentan en el psicoanáli­sis actual respecto de la intelección de las psicosis. Vale tomar como refe­rencias fundamentales algunas de las que se producen en el marco de este número de LaPsus Calami. De este modo, partimos de la lectura de una selección de textos que representan ciertas divergencias fecundas sobre la cuestión, a los fines de ubicar diversas perspectivas, leerlas y ponerlas a tra­bajar mediante ese artificio que llamamos “notas de lectura”. Situar las di­sonancias que se ponen en acto en los artículos señalados no quiere decir instilar una verificación teórica sino, antes bien, intentar cierto despliegue de sus fundamentos, ubicar un trazo en lo real de la cura, colocar algunas de esas formulaciones en un momento y/o en otro de la obra de Freud y de Lacan,[1] tanto como en el contexto en el que se produjeron esas varia­ciones. En fin, hacerse del lugar del lector que “retrofunda aquello que está leyendo”.[2] Por cierto que al estar de Isidoro Vegh, a lo que “no fue enten­dido en Lacan”, cabe reconducirlo a “una cuestión de lectura”. Manos a la obra, entonces.

    Será en el desarrollo de la citada entrevista, que Alejandra Ruiz advierte lo siguiente: “¿Hasta qué punto quienes solo leen el último Lacan no corren el riesgo de despreciar formulaciones hechas en otros tiempos de la teo­rización? Una lectura que acentúe los cortes cronológicos sin precisar las lógicas en juego, ¿no podría traicionar el contexto del problema al que La­can se refiere al utilizar una nueva definición?”.

    Dicho así, a renglón seguido, cabe instalar una pregunta: ¿despreciar o justipreciar? En una primera aproximación es viable advertir que una cosa es que no haya progreso y otra que no haya invención en el psicoanálisis. En tal orden, Benjamin Domb aclara que la invención en la clínica psicoa­nalítica se torna factible, puesto que: “La estructura tiene un real que no se va a agotar simbólicamente, por eso hay que inventar algo”. ¿Cómo lo figu­ra? En tanto “un saber-hacer con lo real, con los agujeros”.

    Pruebas al canto: diríamos que periodizar es tomar los conceptos en rela­ción –supone que hay elementos comunes– entramados lógicamente en distintos momentos de la enseñanza. Se deduce que hay un límite mani­fiesto y allí se marca una variabilidad a ese respecto, con vistas a poder dar cuenta de que dichos cortes no implican iluminismo alguno ni tampoco un modo de progreso racionalista. Conviene reiterarlo, dichos cortes –epis­temológicos–[3] demarcan una frontera, y de allí en adelante comienza un cierto campo nocional y una praxis correspondiente, y hacia atrás queda otra. Digámoslo de otra manera: indican que si hay un avance es porque hay una pérdida. O sea, hay lo que no es negociable para los psicoanalis­tas: la castración. Last but not least: Domb afirma que: “Para Freud el lími­te es la castración del sujeto […]. Es ahí donde avanza Lacan, yendo más lejos de la castración, más allá del Edipo”.

    Mentado así, corresponde mencionar que Isidoro Vegh recuerda una fra­se de Lacan al respecto: “«Nunca quise ser original; lo que quise es pro­ducir una lógica». ¿Una lógica de qué? Una lógica de los grandes relatos freudianos”. A nuestro entender, es preciso seguir el consejo de Freud en el epígrafe. Se sabe: es un modo de decir que cada texto “tiene fecha” para un estado histórico –en este caso, en referencia a la psicosis en la enseñan­za de Freud y de Lacan. Agregamos, ¿cortes en la obra? ¿Periodización?

    Véase que por su parte, en Variantes de la cura tipo,[4]4 Lacan no trepidó en periodizar la obra de Freud. ¿Por qué no hacer lo propio con la enseñan­za de su impar lector, si nadie duda de las consecuencias que produjo en la teoría y en la clínica concomitante el –dicho así– giro de los años ’20 del maestro vienés?

    De nuevo, no se trata de un avance entendiendo lo último mejor que lo previo, y menos a eso anterior desechable, puesto que el psicoanálisis com­porta una praxis poiética a desplegarse por y en el habla. Conteste con lo predicho, Norberto Ferreyra propicia “[…] que cada uno comience, siga por donde quiera, y no a un Lacan del que se interpreta que lo último es lo mejor. Puede que sea lo mejor para una determinada situación, pero no está comprobado que lo último sea lo mejor”.

    Ahora bien, no resulta desatinado aquí resaltar la noción crucial de for­clusión, la alucinación verbal y sus derivaciones, si atendemos al texto de Gérard Pommier que advierte que “[…] hay algunos puntos en las teorías de las psicosis, tal cual existen ahora, incluso en el lacanismo, que no son tan firmes y merecen ser revisadas”.

    Repasemos estas puntuaciones con mayor detenimiento. Como ensegui­da habrá de poder apreciarse, Manuel Rubio considera que: “El tan orde­nador concepto de forclusión, en el mismo decurso de la obra de Lacan, y el trabajo posterior, se vuelve no unívoco –así, por ejemplo, además de la forclusión del Nombre-del-Padre, Feinsilber describe nueve más”.

    En este contexto, Norberto Ferreyra avanza una puntuación concernien­te a advertir “[…] una relación con la función fálica y la castración que se está debilitando en la transmisión del psicoanálisis”. En sus términos, se verifica en “[…] un empuje a la forclusión del sentido y no al pas-de-sens o paso de sentido”, concluyendo en aseverar que: “Esa es una forclusión más grave que la del Nombre del Padre, como dice Lacan en su seminario sobre el sinthome”. Referido a ello, Benjamin Domb nos interpela: “¿Pode­mos anular el sentido?”, respondiendo de inmediato que no cree en el sin­sentido: “El pas de sens del que nos habla Lacan es un paso de sentido de­rivado del encuentro con la falta, con la barradura del Otro, para que el analizante encuentre otra manera de gozar”.

    Cabe resaltar, haciendo bucle con nuestro comienzo, que Roberto Hara­ri (1994) destaca que “[…] encontrarse –con extrañeza– fuera-significado (fálico) no implica situarse fuera-sentido. Es que para el psicótico, a través de la vía interpretativa –de modo ejemplar, en el paranoico–, lo simbólico «es» real, dada la continuidad entre registros”.

    A su turno, Pommier subraya que ciertas observaciones clínicas “[…] es­tablecieron que existe una gran diferencia […] entre alucinaciones y deli­rios en las psicosis y en las neurosis”, ya que no siguen los mismos proce­sos. Toma como ejemplo el grito, que “[…] se divide entre su lugar de emi­sión, la boca, y su lugar de recepción, la oreja. La voz que vuelve está car­gada del deseo del Otro, es persecutoria. En la alucinación verbal, según la clasificación de los clásicos, aparece siendo la mitad del yo, que vuelve del exterior y cargada de un mensaje persecutorio, de una orden persecutoria”.

    Roberto Harari, a su vez, muestra una diferencia radical con el neuróti­co, puesto que “[…] el psicótico no se pregunta por el significado [de la alucinación, al creerla], le otorga un sentido” e interpreta, lo cual de al­gún modo coloca en aprietos a los analistas… Ahora bien, transformando la problemática, se pregunta: “[…] ¿cuál será la diferencia entre el delirio interpretativo propio de la psicosis y la interpretación analítica (sobre todo, la propia de quien cree que todo es interpretable)?”. De nuevo: “la forclu­sión del Nombre del Padre [lo lanza] fuera del significado [no del senti­do]” y así retomamos el planteo del texto: “[…] el psicótico cree a la alu­cinación […], cree a la voz […] caracterizable de la siguiente manera: al sujeto «le dicen…»”, la voz irrumpe. Es que: “El estado permanentemente receptivo del oído, facilita la omnipresencia y la perdurabilidad de la voz, cuando esta asume un sesgo alucinatorio”.

    Habíamos tomado nota en el texto de Pommier, cuando afirma que en el freudiano Las neuropsicosis de defensa, de 1894, el maestro vienés mostra­ba “[…] una intuición profunda sobre los mecanismos psicóticos que lue­go fue clarificada por Lacan con el concepto de «forclusión»”. Vale decir que: “Aunque no emplea un término tan claro, utiliza una expresión que me parece define bien esa forclusión, que es «sustracción de la creencia»”. En ese contexto, avanza una puntuación concerniente a que “[…] la inte­riorización culpable del parricidio no funciona a causa de la forclusión del nombre (Versagung), el saber del padre está afuera, como delirio de perse­cución, o bien como inicio de la feminización”. De acuerdo con esta con­cepción, afirma que: “Ese modo de persecución latente no es propio de la paranoia, sino el fundamento de todas las psicosis”, concluyendo que: “Es Lacan quien encuentra el principio al diferenciar la psicosis de la neurosis con el concepto nuevo de «forclusión»”.

    A los efectos de tornar más asimilables las relaciones despejadas, corres­ponde mencionar lo referido a la Verwerfung, que aparece en varios artí­culos especialmente referidos a lo dicho por Lacan en relación con Joyce, que cargó con un déficit provocado por John –el padre– que le causó una Verwerfung, una forclusión “de hecho”. Así, ¿lo coloca a Joyce en el lugar de un psicótico o planteará la incidencia de un núcleo, una constelación psicótica irreductible en cada quién?[5]

    ¿Cómo lo lee Isidoro Vegh? “Aunque [Lacan] no use la palabra «psicosis» [sí] Verwerfung de hecho […] si leemos en la continuidad, quiere decir: hay un padre que hace las cosas necesarias para que haya Verwerfung. Un padre que era un monigote, un payaso, un padre quebrado”.

    Quizás se trate de volver sobre nuestra afirmación “no hay progreso”, ex­clusivo, tal vez. Si no, ¿por qué afirmaría Lacan que la suya no es una ense­ñanza ex cathedra, quizás no hay algo que esté dado de antemano? Otra vez, digámoslo “a la Joyce”, se trata de un work in progress. Vale la pena reiterar con diferencia, si no hubiera progresión, ¿por qué el maestro francés con­tinuó el dictado de sus seminarios, aseverando, además, que nunca repitió en lo vertido en ellos? Si no hay progreso, evidentemente hay búsqueda…

    En esa línea, y para poner a jugar una periodización en ocho interior[6]6 hacia una conclusión, Domb nos advierte que: “Veinte años después, con Joyce, Lacan descubre que una estructura mal anudada se puede reparar, y ese sería el tratamiento posible. Espontáneamente, Joyce anuda su propia es­tructura, ya que no hizo ningún tratamiento”.

    Así, tomaremos el apoyo en lo que ocurre con otra arista ilustrativa que re­cortamos de su entrevista –con beneficio de inventario para nuestro tema–, al decir que: “La diferencia entre el a al comienzo y al final de la enseñan­za es que el objeto viene a ser el tapón del agujero y lo real el agujero del inconsciente, el agujero en la estructura, lo que no está escrito, lo que «no cesa de no escribirse»”.

    De otro modo: quizás sea viable advertir que hay diferencias en distintos momentos de una enseñanza; algo se sostiene y algo no.

    [1] ¿Obras completas? O para decirlo con Umberto Eco, son obras abiertas, ya que ante todo, convocan al lector a dar las razones… de su praxis. Está claro que no se trata de la delezeiana deconstrucción.

    [2] Cf. Roberto Harari: Polifonías del arte en psicoanálisis, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1998, y en nu­merosos seminarios, artículos y libros de su autoría.

    [3] Cf. Gaston Bachelard: La formación del espíritu científico, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 1972.

    [4] Jacques Lacan: “Variantes de la cure-type”, en Écrits, Ed. du Seuil, Paris, 1966, pág. 344. “O la teoría del moi […]” del yo “[…] en el análisis, permanece marcada de un desconocimiento radical, si se deja de lado el período de su elaboración, que, en la obra de Freud, va de 1910 a 1920 […] aparece como escri­biendo enteramente en la estructura de la relación narcísica”.

    [5] Cf. Roberto Harari: ¿Cómo se llama James Joyce? A partir de “El sinthoma”, de Lacan, Amorrortu edi­tores, Buenos Aires, 1996, pág. 135.

    [6] Cf. Roberto Harari: ¿Qué significa periodizar en psicoanálisis?, http://www.elsigma.com/columnas/que-significa-periodizar-en-psicoanalisis/10943.

  • La voix en trompe-l’oeil / Ilda Rodriguez

    La voix en trompe-l’oeil / Ilda Rodriguez

    …La esquizia del habla y de la voz toma obvia inspiración en la clase del 19 de febrero de 1964 del Seminario 11 de Lacan, volcado en su versión oficial como “La esquizia del ojo y la mirada”
    R. Harari, La esquizia del habla y de la voz.

    Il y a là quelque chose qui dénoue, qui délie, dans la mesure où les petits cailloux, les grains de sable, produisent un certain grincement, découplage, une interruption… Ce qui est en cause c’est la voix, dit Lacan dans le Séminaire 16, D’un Autre à l’autre : « Nulle part le sujet n’est plus intéressé à l’autre que par cet objet a là » [ii]. Il va chercher un type d’Autre qui sur ce point de la voix, peut être remis en question. Comme le crustacé Palaemon est obligé de se débrouiller avec le trou ouvert qui n’est pas une oreille, mais des petits grains de sable « histoire qui le chatouille là-dedans »[iii].

    En tout cas, il nous donne l’impression qu’intervient là un facteur ex-sistent de la chaîne interlocutive qui a à faire avec la présence de la voix en tant qu’objet a. Celui-ci, détaché, fabrique le j’ouïs. C’est dans cet aspect que J-Michel Vives[iv] a déterminé la nécessariété de l’implantation d’un « point sourd » pour pouvoir donner lieu à une mise sous silence capable d’amener le sujet à pouvoir parler sans savoir ce qu’il dit; en tant que sujet de l’inconscient. Ainsi, du fait initial d’être ouï à partir du cri, l’infans commence à ouïr. Or, pour que cela se produise, la gestation de ce point sourd est nécessaire : il faut cesser de tout ouïr, il faut faire taire la voix omni-sonnante pour laisser place à la voix de l’Autre. Mis à part le fait que, en entendant l’Autre, et comme nous le montre l’étymologie, on lui obéit, dans la mesure où oboedire[v] (obéir) dérive de audire (ouïr-entendre).

    En effet, il convient de réitérer que c’est ce qui est omis dans, et par, l’acte de parler : l’altérité de ce qui est dit et séparé de son support. « L’objet a le plus original » escamote l’ouverture et la fermeture propres aux autres zones érogènes pulsionnelles : l’oreille, en échange, ne se ferme pas. Ainsi, l’infans –  comme nous le disions plus haut – ne peut-il pas cesser d’ouïr, même si en déplaçant la tête il peut cesser de voir. Voici donc, l’action effective, l’incidence, d’un pansonikon, et non pas seulement celle du panopticon bien connu, où se localise l’omni-évidence du monde. Omni-sonnance du monde, alors?.

    Dans ce passage de la voix au regard effectué par l’enfant dans son dessin s’insinue quelque chose que Lacan a mentionné : « dans cette fonction que j’ai appelée du “dompteregard”, qui a une autre face, c’est celle du trompel’œil. » Que se passe-t-il donc là dans cette tentative de l’enfant à rendre traitable son expérience de l’Unheimliche, réputée par Freud comme plus esthétique que clinique[xi] ? Ne semble-t-il pas vouloir nous montrer son caractère non réductible, non « analysable », non significantisable ? Autrement dit : serait-ce une sorte de « rocher vivant » ?

    En tenant compte des concepts précédents, considérons ensuite que dans le trompe-l’œil le pouvoir de l’illusion est sans cesse renouvelé après avoir été reconnu par le sujet, ce qui permet un émerveillement renaissant face à l’énigme : celle du désir et de sa cause (p.5).

    Nous voyons donc qu’il s’agit d’un moyen de passer à travers l’expérience de l’Unheimliche qui comprend la réponse face à l’insolite, l’incompris, l’inattendu, caractérisant ainsi une façon de réagir face au danger, sentiment qui surgit face au déjà vu, articulé dans ce cas à un déjà ouï ? ; c’est-à-dire en réponse à la présence d’un fantôme inconscient (textes de Freud voir Harari, p. 24).

    Le trompe-l’œil semble caractériser pour une sollicitation particulière du regard qui est invité à voir au-delà et à y revenir. Aussi, tente de s’approprier ce qui ne cesse d’échapper à la figuration : l’irreprésentable du manque. Il ouvre sur l’absence et permet une expérience où s’éprouve le désir. Le trompe –l’œil introduit la dimension du manque dans la présence et manifeste dans le jeu représentatif ce que la représentation  même est chargée de dissimuler. A savoir le réel du manque.

    Cela revient à dire que le dessin de l’enfant dé-voile, montre sans pour cela cesser de soustraire, de cacher; on pourrait dire qu’il crée une fiction qui, cependant, signale la pointe d’un réel qui revient, l’objet a. Qu’est-ce qui se cache derrière le voile ? Le rien qui angoisse…

    [i] Une partie de ce texte a été publiée précédemment et retravaillée en vue de cette présentation.

    [ii]J. Lacan,  Le Séminaire. Livre 16, D’un Autre à l’autre, Paris, Seuil

    [iii] J. Lacan, Ibid.,

    [iv] J-M Vives, Pour introduire la question du point sourd en Psychologie clinique: 19, L’Hartmattan, Paris, printemps, 2005, p. 9 et suivantes.

    [v] Pascal Quignard, La haine de la musique, Dix petits traités.

    [vi] J. Lacan, Séminaire « L’angoisse »… (cit), id

    [vii] J. Lacan, ibid

    [viii] J. Lacan, Séminaire 14, La logique du fantasme, 1966-1967, inédit.

    [ix] G. Agamben, “¿Qué es una orden?” Teología y lenguaje, Las cuarenta, Buenos Aires, 2012, p. 56

    [x] J. Lacan, Séminaire L’angoisse, op.cit

    [xi] S. Freud , “Lo ominoso” , 1919, t.17, Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1976

    [xii] J. Lacan,   Le Séminaire,  Livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Paris, Seuil, 1973.


     

    Presentación realizada en el Coloquio Internacional convocado por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la Escuela Freudiana de la Argentina, la Fundación Europea para el Psicoanálisis y Mayéutica- Institución Psicoanalítica “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado en Buenos Aires los días 22 y 23 de marzo de 2019.

  • La voz en trompe-l’oeil. A partir de una viñeta clínica / Ilda Rodriguez

    La voz en trompe-l’oeil. A partir de una viñeta clínica / Ilda Rodriguez

    …La esquizia del habla y de la voz toma obvia inspiración en la clase del 19 de febrero de 1964 del Seminario 11 de Lacan, volcado en su versión oficial como “La esquizia del ojo y la mirada”

    R. Harari, La esquizia del habla y de la voz.

    De lo que se trata es de la voz, dirá Lacan en el Seminario 16,   De un Otro al otro: “El sujeto en ninguna parte está más interesado en el Otro que por ese objeto a  allí”.[1] Va a buscar un tipo de Otro que sobre ese punto de la voz pueda ser puesto en cuestión. Como el crustáceo Palemón, está obligado a arreglarse con el agujero abierto que no es una oreja, sino pequeños granos de arena: “historia que le cosquillea ahí dentro”[2] En todo caso, nos da la pauta de la incidencia de un factor ex-sistente a la cadena interlocutiva y que hace a la presencia de la voz como objeto a. Este, desprendido, fabrica j’ouïs, jouis… He aquí que el genio de la lengua en su latencia, permite aprehender a Lacan: goza oigo, oigo gozo[3]

    Es en dicho aspecto, que J-Michel Vives[i] ha determinado la necesariedad de la implantación de un “punto sordo” para poder dar lugar a un silenciamiento capaz de conducir al sujeto a poder hablar sin saber lo que dice; en tanto sujeto de lo inconsciente. Por ende, del ser oído inicial a partir del grito, el infans accede a oír. Pues bien, para que ello acontezca se requiere la gestación de aquel punto sordo: hay que dejar de oír todo, hay que acallar la voz omnisonante para dar lugar al habla del Otro. Sólo que, al oír al Otro, y tal como lo enseña la etimología, se le obedece, por cuanto  oboedire[ii] (obedecer) deriva de audire (oir-audicionar).

    Más todavía, obedecer implica una normativa en juego, lo que permite captar la pertinencia lacaniana de situar el objeto a voz en términos del superyó[iii] que obliga a cumplir lo incumplible, porque el significante es imperativo.[iv] Lo cual no deja de recordar  que el significado de este no es su ejecución, sino solamente el hecho de que uno “debería”, ya que nada responde al imperativo.[v]

    Así entonces arribamos, a que esta es una vía de atravesar la experiencia de lo Unheimliche que incluye la respuesta ante lo inhabitual, lo incomprendido, lo inesperado, caracterizando un modo de  reaccionar frente al peligro, sensación que surge ante el  “ya visto” (déjà vu), articulándose en este caso a un” ya oído”  déjà ouïe;  o sea ante la presencia de un fantasma inconsciente. (Freud textos ver p.24 Harari)

    Cabe decir que el dibujo del niño re-vela, muestra, sin dejar de sustraer, de esconder: monta una ficción- podría decirse- que empero, señala la punta de un real que retorna, el objeto a. ¿Qué hay detrás del velo? El nada que angustia…

    [1] J.Lacan, Seminario 16De un Otro al otro”, clase 26/3/69, la traducción me pertenece.

    [2] J.Lacan, Seminario 16, (cit), id.

    [3] J. Lacan, Séminaire “L’angoisse”, 10, clase del 5/6/63, versión MR, inédita.

    [4] Jacques Lacan, El Seminario, Libro11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1986, Buenos Aires, pp.118, 119.

    [i] J-M. Vives, La voix sur le divan, Aubier, Paris, 2005.

    [ii] P.Quinard,El odio a la música.

    [iii] J.Lacan, ibid.

    [iv] J.Lacan, Seminario 14, La lógica del fantasma, 1966-1967, inédito.

    [v] G.Agamben, “¿Qué es una orden?” Teología y lenguaje, Las cuarenta, Buenos Aires, 2012, p. 56.

    [vi] J.Lacan, Seminario La Angustia, op.cit.

    [vii] S. Freud , “Lo ominoso” , 1919, t.17, Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1976.


    Presentación realizada en el Coloquio Internacional convocado por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la Escuela Freudiana de la Argentina, la Fundación Europea para el Psicoanálisis y Mayéutica- Institución Psicoanalítica “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado en Buenos Aires los días 22 y 23 de marzo de 2019.

  • Das Unheimliche, work in progress…

    Presentación de Lapsus Calami N° 5 en la Biblioteca Nacional el 30 de abril de 2016

    Por Ilda Rodriguez

    El escrito freudiano de 1919 que lleva ese nombre, tiene una relevancia fundamental para la inserción del psicoanálisis en la cultura. Forma parte de un cabal work in progress –que se va realizando sobre la marcha-  puesto en acto por Freud a partir de esta  “palabra-concepto” – como la llama – donde la importancia del término, de su significación, es esencial a la construcción, definición y puesta en relación con otras nociones de la doctrina psicoanalítica. ¿Cómo nombrarlo en nuestra lengua castellana, si en ésta no existe una palabra que pueda brindar todos los matices que propone el padre del psicoanálisis para lo Unheimliche, habiendo dedicado su primer capítulo al estudio de esas posibilidades lenguajeras? Quiero decir que la palabra alemana misma escribe de lo que trata la noción, al modo del performativo. Desde luego que hay allí una incidencia del “genio de la lengua”[1]alemana, puesto que cada lengua goza del suyo.

    Ahora bien, Freud nos alerta que en su exposición va a tomar esta vía, la del uso que la lengua muestra, luego se abrirá camino a través de una colección  de casos particulares y sólo más tarde encontrará su confirmación. Incluso, había insistido en distinguirlo como “más estético” que clínico. ¿Acaso esta consideración dará en hablar, tal vez, de un carácter no reductible fácilmente al significante, mostrando una incidencia del registro de lo Real?  Es claro que lo Unheimliche freudiano, de inicio trae un problema a su traducción en otras lenguas, eso es seguro. Pero ¿qué novedad nos trae a los analistas con lo que intenta mostrar mediante esa noción?

    A no dudar que estamos frente a una novedosa “fábrica del concepto”, habida cuenta de que el inventor del psicoanálisis nos advierte que si bien aquella “palabra no se usa en un sentido que se pueda definir de manera tajante”, puede encontrarse[2] que esa “palabra-concepto particular contenga un núcleo que justifique su empleo” y “se quiere averiguar cual es el núcleo común que  permite, por ejemplo, diferenciar algo “Unheimliche” dentro de lo angustioso”.[3]  En esa línea, por ejemplo, se da a leer la reproducción in extenso –por Freud– de “las entradas de diversos diccionarios” Estas consideraciones preliminares apuntan a ir concluyendo que “Entonces heimlich es una palabra cuyo significado evoluciona hacia la ambivalencia, hasta  coincidir con su opuesto, unheimlich. De algún modo, unheimlich es una especie de heimlich.”

    De nuevo, vale consignar cierta condición paradójica detectable en la noción que denuncia su relación con lo Real y que se aprecia cuando Freud plantea cómo lo familiar deviene siniestro, y tan significativo como que lo heimliche (íntimo, familiar), en sus variantes semánticas se torna en Unheimliche” (extraño, no familiar)

    En el Seminario XXIII, Lacan nos habla del  parolier[4], que bien traducido hace referencia a “quien pone lo suyo, sobre ese texto del Otro”.[5] Así este “parásito libretista”- ¿posición en nuestras notas de lectura?- es un ¿virus? ineludible padecido por el parlêtre. Precisamente, somos invadidos por distintas propiedades de las palabras, especialmente por su polifonía. He aquí la cuestión, ¿debemos someternos a ella dejándonos hacer por todo lo que evoca e invoca cada palabra? ¿Importa liberarnos de la omnipresente polifonía cuando decimos que una palabra solo quiere decir lo que dice?

    Se sabe que el inventor del psicoanálisis interroga los escasos puntos de contacto entre  psicoanálisis y estética; específicamente cierto sector de esta, uno alejado, marginal para que nos provea algunas respuestas sobre el funcionamiento de nuestra vida psíquica. En esta dirección se esboza el propósito de poner a hablar lo coral de algunos textos que componen este número, prevalentemente los que tratan lo Unheimliche en tanto “un ámbito determinado de la estética”, el “de la ficción”, no menos que por “el papel que tiene para la teoría psicoanalítica la investigación de las representaciones literarias y artísticas […], y en el campo más amplio de los procesos culturales contemporáneos”[6]

    Se trata de lo Unheimliche leído en clave polifónica desde el arte en psicoanálisis o desde un arte modificado por el psicoanálisis. En todo caso, en una relación plural y múltiple, como quizás pueda apreciarse… inesperadamente.

    Sin duda que lo mencionado abre a una de las paradojas que nos enseña la estética en relación con la belleza, y es que cabe encontrar, precisamente, la fascinación por lo siniestro. Por eso, no es inusual que alguien casi se lance hacia eso, pretendiendo recuperar allí ese goce que le falta y así poder lograrlo. Resta hacer la salvedad de que así es mentada la falta –paradójica– de un goce que fue perdido y que nunca se tuvo, lo cual da cuenta de una determinación Real, ya que esa procura no cesa… de no escribirse.  Desde tal perspectiva, su andadura se rige por una multiplicidad de voces plenivalentes para decir lo Umheimliche en sus inflexiones clásicas y novedosas, sostenida por una lectura capaz de autorizarse en la generación de enigmas.

    Manos a la obra, pues, para comenzar a despejar el interrogante suscitado, no sin procesar el efecto de enseñanza que implica, porque desde ya en el recorrido por los distintos textos que avanzan el concepto, habremos de tropezar con aparentes contradicciones, con tanteos y tal vez con formulaciones definidas, retroactivamente, como provisorias. En esta orientación, resulta –a todas luces – cardinal seguir las notas y referencias freudianas que van conduciendo a reescrituras, agregados, transferencias a diferentes artículos en otros momentos y en la vía de la formulación del concepto.[7]

    Un mínimo despeje iniciado exige exponer algunas cuestiones de manera gradual, comenzando por el distingo que se deja captar en lo Unheimliche freudiano cuando es volcado al francés, por ejemplo, como inquiétante étrangeté –inquietante extrañeza, en castellano. Entendido en tal tesitura, vale la pena acentuar que lo extraño sabe –con presteza– ser inquietante y por cierto, que tiene cierta lógica. Pero entonces, ¿qué de novedoso nos traería Freud con unheimlich si fuera la inquietante extrañeza?

    Retomando nuestro hilo, puede verificarse que en su work in progress hacia la conceptualización de lo Unheimliche, Freud va tomando el pulso a la noción –siguiendo un genuino designio– alrededor de: unas respuestas, sensaciones, sentimientos, pensamientos, creencias, impresiones, ante algo.

    ¿Adónde nos conduce lo hasta aquí expuesto? A mi juicio, a una conclusión –provisoria tal vez para nuestro tránsito – en la que Freud nos llama la atención introduciendo el término Überwundensein y ofreciendo esta lúcida explicación: “[…] tan pronto como en nuestra vida acontece (ereignet) algo que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones (Überzeugungen) tenemos el sentido de lo siniestro” y a veces, el desencadenamiento de una repetición del fracaso (a) una neurosis de destino.

    Quizás podamos situar un “tipo” singular de angustia que emerge en la repetición del fracaso, que posibilita leer lo siniestro dentro lo angustioso. Así, ante la tercera ocurrencia de lo igual – se desencadena el desprendimiento del objeto a en el cual el parlêtre comprometió su oquedad y forzándose la función fantasmal, acaece el retorno de lo superado (Überwunddessein)”… identificándose a ese objeto en su caída.

    Pruebas al canto: hemos dicho que al escudriñar lo Unheimliche, Freud realiza un rastreo conceptual y etimológico que promueve lo equívoco, lo vacilante, lo abismal, realizando una lectura que permite reescribir el término de una manera novedosa.

    De nuevo: terminará mostrando-como señalábamos-  que la voz heimliche coincide con Unheimliche: todo lo que, debiendo permanecer secreto, oculto… en latencia;  no obstante se ha manifestado (Schelling). Es decir que lo Unheimliche no sería nada nuevo, sino algo que le fue familiar a la vida psíquica y que se manifiesta como una presencia sin representación, un huésped que atraviesa la barrera protectora y que une al instante de lo siniestro con un instante de desamparo percibido en el sujeto. Podríamos decir que el sujeto se desorienta, puesto que la experiencia de lo Unheimliche ilustra, como se sabe, esa sensación de haber caído en una encerrona –exactamente ese momento–, de ser devorado por el deseo del Otro, de no dejar un lugar para que alguien pueda alcanzar su “poco” de libertad.

    Habría que atender más a esa noción freudiana  Überwundensein, traducida por “retorno de lo superado”, que acontece al destaponarse la función fantasmal, bajo la forma de convicciones férreas y  de tinte deliroide, ante las que el parlêtre se angustia. Ha sido la lectura de Roberto Harari la que le ha devuelto su sitio a ese término, en el tratamiento de lo Unheimliche,[8] ya que su autor lo había diferenciado estrictamente del retorno de lo reprimido, apoyándose específicamente –según entiendo– en la mudanza de la posición subjetiva denotada por esa experiencia. Sin embargo, resulta bastante habitual la explicación unívoca por aquel sesgo de lo reprimido.

    Inherente a dicha discriminación, resulta destacable el valor de lo que “acontece”, que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones, y lo que retorna es un sinsentido, repitiéndose “algo que parece” o “que no es ni parecido ni no parecido”. En todo caso, se trata de un des-encuentro frente a lo que se vuelve unheimliche por su ligazón con la angustia. Otra vez aparece en la escena lo que debería permanecer oculto y sin embargo se ha manifestado. Convendría, entonces, desentrañar esa manifestación del retorno de lo reprimido de lo que constituye un retorno de lo superado. Es decir que dicha operación da cuenta de que la angustia ex-siste a lo simbólico. Es que dicha inermidad ante el Otro comporta la imposibilidad de contrarrestar “su llamado”, esbozándose la certeza del sujeto. Se alude a aquellas antiguas convicciones supuestamente perdidas, que al retornar, engendran algo del orden de una certeza, ocasionando ese sentimiento de lo siniestro.

    Por cierto, que en la angustia hay una inequívoca referencia a la espera. A mi entender se trata, en esta aprehensión, de eso en lo angustioso a lo que Freud reconoce como lo siniestro (el nada, el a). Entonces, resulta interesante puntuar algunas cuestiones en relación con la angustia asimilada a lo siniestro, paradigmáticamente, y en su referencia (Beziehung) al a.

    Ahora bien, si como enseña Lacan, la angustia no es sin objeto, ¿cuál sería el objeto de lo siniestro, habida cuenta de lo que se viene atestiguando acerca de un objeto angustiante inminentemente presente? Hay otras referencias a lo Unheimliche, además de las ya mencionadas, que sin duda incluye una respuesta ante lo inhabitual, lo incomprendido, lo inesperado, etc., cual es el a bajo la forma de la voz –audible, por ejemplo, en las alucinaciones paranoicas o en los mandatos delirantes.

    “Acaso sea cierto que lo Unheimliche sea lo familiar-entrañable (Heimliche-Heimische) que ha experimentado una represión y retorna desde ella, y que todo lo Unheimliche cumpla esa condición. Pero el enigma de lo Unheimliche no aparece resuelto con la elección de ese material. Nuestra tesis no admite ser invertida”-refiere Freud.[9] Desde ya que el enigma está mentando el registro de lo Real y es definido por Lacan como una enunciación que no encuentra –aún– su enunciado, en el Seminario El sinthoma. Esta es la apuesta en juego que no hacemos sino ahondar y precisar: “Nada responde a los enigmas”.[10]

    Sin duda, que no se deja de aludir a una cuestión sobre la que cabe volver una y otra vez, cual es, una lectura de la novedad. Es decir, cómo la pérdida de la procura de lo novedoso, angustia; antes bien, se trata del temor a no poder salir de lo viejo, cuyo reaseguro consiste en el “antídoto” de la castración.

    Digámoslo otra vez, se trata el nuestro de un trabajo que se va realizando sobre la marcha – el work in progress freudiano –y aquí en este coloquio sigue sucediendo en acto, topándonos con aparentes contradicciones, con tanteos,  con formulaciones definidas, en la retroacción, como provisorias…

    Concluimos por ahora, con la voz del genio vienés en la introducción de su Das Unheimliche –momento en que la Primera Guerra Mundial acababa de finalizar-: “Por lo demás, debo confesar que por razones fáciles de colegir, propias de esta época, para este pequeño ensayo no he examinado a fondo la bibliografía, en particular la de lengua extranjera, y por eso no sustento ante el lector ninguna pretensión de prioridad”.[11]

     

    Ilda Rodriguez, Extensión de lo siniestro, BN, 30/4/16

    ildaarodriguez@gmail.com

    [1]Cf,  Ilda Rodriguez,  El genio de la lengua en LaPsus Calami Nº4, Traducción en Psicoanálisis, Letra Viva Editorial, 2014, p.181

    [2] Vale afirmar que “el que busca, encuentra” es una modalidad del  work in progress.

    [3] Sigmund Freud: “Lo ominoso”, en Obras completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986, vol. XVII, pág. 245.(manuscrito inédito-texto bilingüe-Edición y comentarios L.F:Klimkiewicz)

    [4] Parolier: Compositor de la letra de una canción, texto en el cual está escrita la música de una obra lírica de la ópera, libretista (Le nouveau Petit Robert de la langue française).

    [5] Roberto Harari: ¿Cómo se llama James Joyce? A partir de “El sinthoma”, de Lacan, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1995, pág. 178.

    [6] Ibid

    [7] Cf. los artículos de Freud de 1907, 1909, 1910, 1917 y 1924, por ejemplo.

    [8] Roberto Harari: La repetición del fracaso, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1988, pág. 152.

    [9] Sigmund Freud: Op. cit. (El subrayado me pertenece).

    [10] Crítica sobre El ojo, libro de Alberto Girri, escrita por Alejandra Pizarnik.

    [11] Sigmund Freud: Op. cit.

  • LaPsus Calami Nº 5, Porto Alegre 2015

    Por Ilda Rodriguez

    Que prazer nos provoca compartilhar com todos vocês – amigos, colegas e aqueles que hoje se sentiram convocados – esta apresentação de nossa LaPsus Calami Nº 5, La angustia y lo Unheimliche, neste colóquio sobre a temática! Trata-se de apresentar, conforme nos diz o dicionário, uma desconhecida até aqui, por intermédio de alguns que a conhecem, a um terceiro que deseja conhecê-la. Com efeito, tentaremos oferecer alguns dados iniludíveis para estabelecer uma conversação com vocês, os leitores, que permita construir uma amizade rica, fluída e produtiva com nossa Revista de psicoanálisis, bem como afiançar a já iniciada com os números anteriores.

    A LaPsus Calami vem procurando, entre outras questões, situar as principais diferenças que surgem na psicanálise atual, especialmente no âmbito de Convergência, Movimento Lacaniano para a Psicanálise Freudiana – embora não somente, como terão ocasião de apreciar. Entre essas diferenças, deverão ser consideradas não só as que surgem pela história e pelas transferências de trabalho que foram traçando certos percursos, mas também as originadas em diversidades geográficas, culturais e, particularmente, as produzidas pela passagem de línguas, “porque o reconhecimento da diferença entre línguas enriquece o trabalho em psicanálise e permite evitar a hegemonia de uma língua sobre outras”.[1]  Por isso, o desafio que nosso grupo se propõe ao editar LaPsus Calami é publicar uma seleção de textos que representem essas diferenças fecundas sobre um tema escolhido cada vez, com a finalidade de instalar as múltiplas perspectivas, lê-las e colocá-las a trabalhar mediante um artifício que denominamos Notas de lectura (comentários sobre matérias lidas). A tarefa não é fácil, já que – por inércia – ao defender uma posição mais próxima à própria, tende-se a desmerecer o outro enfoque, sem pesquisar suficientemente para poder localizar seus motivos e, dessa maneira, enriquecer ou modificar a própria posição, de modo que tenha consequências. Localizar as diferenças que são postas em ato em cada artigo não significa estabelecer uma simples confrontação teórica, e sim desdobrar seus fundamentos, localizar um traço no Real da cura, situar a transferência a diferentes tempos da obra de Freud e de Lacan, bem como o contexto no qual essas variações foram produzidas, procurando localizar as decisões de leitura tomadas por quem produz em seu contexto. Cabe advertir que nossa leitura “produz” em ato numerosas controvérsias que não sempre são fáceis de serem asidas, posto que, ao não existir uma linha única de leitura, tampouco rege uma mesma “língua psicanalítica”. Longe de considerar essa multiplicidade como um defeito e procurando unificar ou totalizar essas tentativas, apostou-se em preservá-la, propondo-se “alojar em seu seio o princípio de uma diferença fecunda presente nessa multiplicidade”.[2]

    Pois bem, parece-me que a LaPsus Calami, devido ao fato de se especificar justamente na publicação de trabalhos de analistas que oferecem suas letras para falar sobre as temáticas colocadas a consideração, os editores respondemos – estendendo o convite à escrita – com o artifício das Notas de lectura.  Quero dizer, de uma escrita levada a cabo pelo leitor e pelo autor respectivamente, podendo assim nos posicionar – enquanto analistas – como leitores coprodutores dos textos.  Às vezes, é claro que nesse convite à reescrita, e é algo que de ser lida é possível verificar, a repetição gera uma diferença inexorável.  Por exemplo, há Notas de lectura surgidas de um conjunto de textos díspares que se movimentam impelidos – como um jogo de forças – conforme o movimento de um “atrator estranho”[3] para quem escreve e que se trata de um “pequeno detalhe” que vai quebrar o anelo que ilude uma comunicação unívoca. Em ocasiões, a malha da Nota é o tecido circundante de um deles e, em outras, os recortes e as pontuações – de que elas se servem – ecoam entre si, contornando-se, enroscando-se  como uma telescopagem e entremisturando-se. Inclusive costuma acontecer que – pelo menos em minha prática – ao encontrar-nos com os textos que supostamente tratam do tema em questão, a princípio na recepção da leitura surge a dúvida, a incompreensão flutuante, a vacilação, a hesitação, a suspeita desconfiada ante nossas conjeturas; enfim, surgem sentidos vários, justapostos, em linhas paralelas, autônomos que, às vezes, não se articulam com o consabido e talvez – nem sempre acontece – a gente se depara não somente com muitos sentidos, mas sim com um plurissentido paradoxal dos textos.

    Tudo isso, a meu entender, não faz mais do que exacerbar – pondo em ato – o presente da leitura que não é separável de uma historicidade da qual a escrita não goza, já que ela só se sustenta pelo fato de estar presente no presente.  Em outras palavras, se ler começa somente quando se relê, talvez poderia se dizer que no encontro da leitura da escrita é que a natureza da LaPsus Calami se torna possível.

    Por conseguinte, eu convido vocês para lerem este número, especialmente porque estou convencida de que se houvesse uma noção, uma categoria digna de ser considerada nodular em nossa psicanálise, eu não duvidaria em afirmar que Das Unheimliche merece ocupar esse lugar.  Um dos motivos dessa afirmação – não o único, é claro – se deve a que ela chama para ser conjugada tanto na intensão quanto na extensão da psicanálise. É assim que hoje estamos com a LaPsus Calami dedicada a sua expansão, não sem interrogar suas relações com outro conceito maior: o da angústia.  Com efeito, é possível verificar nos artigos, nas entrevistas, conversações e notas de lectura que a compõem, que aquele constitui um campo iniludível da praxe e da experiência do psicanalista.  Para expressá-lo de uma outra maneira e com Bakhtin, a leitura na LaPsus Calami sustenta uma dimensão de exotopia respeitante ao texto: isto é, formular ao texto alheio – “ler como se fôssemos outros” – perguntas não esboçadas por ele, procurando suas respostas a nossas interrogações para descobrir, na tentativa de responder, novos aspectos, novos percursos.[4]

     

    [1] Ata de Fundação de Convergência, Movimento Lacaniano para a Psicanálise Freudiana

    [2] Ibid.

    [3] Cf. Roberto Harari: La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2001.

    [4] Cf. Mijaíl Bajtín: Estética de la creación verbal, Siglo Veintiuno editores, México, 1982, pág. 352.

  • Poésie et psychanalyse. Una asociación ilícita (Une association illicite) – Enrique Tenenbaum

    Présentation 13/6/17 Paris  [1]

    Ilda Rodriguez

    “Le rêve ne se propose de rien dire à personne et, loin d’être un moyen de communication, il est destiné à rester incompris.

    Sigmund Freud

     

    El poema no tiene sentido, no tiene destino 

    (Le poème n’a pas de sens, il n’a pas de destinée)

    Alejandra Pizarnik

    En paraphrasant Lacan, nous constatons que l’on commet parfois avec lui la même erreur qu’avec Freud, qui consiste à ne pas avoir lu ce qui était écrit. Il me semble qu’il s’agit ici de mettre l’accent sur la nouveauté de l’écrit, dans le but de faire avancer la psychanalyse sur ce qui n’a pas encore été lu dans certaines parties de l’œuvre[2] de Freud et de Lacan. Il faut également articuler avec cela la périodisation[3] dans la lecture de ces œuvres psychanalytiques ouvertes. Il me semble qu’un tel traitement ne signifie pas une avancée, en entendant par-là que les derniers travaux sont meilleurs que les précédents et que ces travaux antérieurs peuvent être laissés de côté, étant donné que la psychanalyse comporte une praxis poïétique[4] à déployer dans et à travers la parole, en fonction de ce que veut dire parler en psychanalyse ; comme on peut le voir à la lecture de ce livre.

    À cet égard, si nous concevons l’écrit comme appartenant au réel, nous ne postulerons pas son impossible exhaustion; mais nous devons d’abord nous intéresser à ce que me fait dire le déploiement de cette « relation illicite entre la poésie et la psychanalyse ». En effet, un élément remarquable de ce texte est la générosité à l’égard de son lecteur – c’est du moins mon expérience- il l’accompagne, l’interroge, l’invite à le faire fonctionner, à infliger une certaine violence à ses letres et, pourquoi pas – « faites comme moi, ne m’imitez pas » – en effectuant ce que l’auteur fait au poème dans un pivotement dans lequel il apparait entre l’invention poétique et l’invention psychanalytique. Encore une fois, il présente en acte une pratique de la langue en tant qu’écriture. Enfin, il encourage à prendre la place du lecteur qui « rétro-fonde ce qu’il est en train de lire ».[5]

    Il faut ajouter que Lacan, en relation avec l’inconscient, déclare que le langage est au cœur de ce qu’il enseigne et il ne cesse d’insister sur le fait que l’on a parfois tendance à oublier que ” la parole n’est pas le langage, et que ce dernier fait parler drôlemen qui se spécifie dans ce parlage[6]dont l’apparition se produit pendant la session d’analyse par le biais du transfert. Disons que nous sommes bifides et que l’émergence de lalangue nous donne un modèle d’analyse. Ni strate ni fond, mais fondé par une opération de l’analyste qui fend la langue du phrasé analysant, inaugurant un nouveau signifiant. Et voilà pourquoi « notre » texte montre à travers les actes que le travail analytique vise à tenter de sauver le pouvoir virtuel du langage et non pas à se déplacer dans le strict registre de la langue.  Ainsi le fait de nous accepter en tant que bifides implique un déplacement entre la langue et le langage. A ce propos, Lacan, modifie fortement cette idée selon laquelle nous sommes parlés en suggérant que s’il n’y avait pas une sorte de petite modification – une encoche – produite par le parlêtre, cette langue mourrait.[7]  Cette virtualité, ce pouvoir, c’est celui qui insiste encore et encore à la suite de la lecture du livre : une manœuvre que chacun fait parce qu’elle est de l’ordre de la singularité et qu’elle joue en chacun de nous avec notre condition bifide. Nous ne sommes pas victimes d’une langue qui nous attrape tous de la même manière, ni parlés en conséquence; au contraire, il existe une petite avancée dans une psychanalyse en fonction de cette invention dans la langue qui nous contraint et qui rend l’acte de parler bien singulier en tout cas. Ainsi, et selon une lecture survenue a posteriori, nous atteignons le point où, s’il y a une différence, elle passe par l’écriture. Ce que l’on entend ne suffit pas parce que les jeux phoniques ne la produisent pas. Qu’il y ait une primauté du langage c’est avant tout une réflexion sur ce qui se passe avec l’écriture, avec l’inscription. L’écoute – il faut le souligner- conduit à des malentendus, autant qu’entre “pour être” et “paraitre”.

    Maintenant, je veux me concentrer sur une question – que le texte élucide vers la fin – par rapport à la position de l’analyste comme poème, à certains moments de la cure. Pour commencer à élucider cette question « Je ne suis pas un poète, mais un poème. Et qui s’écrit, bien qu’il ait l’air (il ait l’air d’être su-je) d’être sujet. » Ici, dans cette préface pour un public anglophone, il met en acte un jeu continu de lettres, en se basant sur une utilisation spécifique de la langue qui enlève de la facilité à sa lecture, parce qu’à la manière d’un poème, il viole ce que l’on pourrait appeler la variante communicationnelle du langage.

    Cependant, que l’analyste dans la cure – à travers la mise en œuvre du désir de l’analyste – se fasse faire un poème qui s’écrit -poèmanaliste : poème-émane-analyste permet d’en déduire d’emblée, me semble-t-il, que l’écriture ne se soutient que parce qu’elle est présente dans le présent (Meschonic). Et en même temps, elle tente de mettre en œuvre un présent de lecture – lire ne commence que quand on relit- qui n’est pas séparable d’une historicité, dont ne jouit pas l’écriture. Peut-être pourrions-nous ajouter que pour que le poème ait lieu là, il faut se passer à la fois du contexte et du référent. A ce moment-là, la poiesis fait son entrée en tant que production dans la présence, que nous pourrions appeler poème – comme j’espère pouvoir l’exposer – et qui apporte à la langue la question suivante : qu’est-ce que cette expérience de la rencontre, de la trouvaille de la perte de l’objet, dans l’effectuation du poèmanalyste dans une cure ?

    Par exemple, dans ce sens, l’expérience dans l’analyse de l’association libre répondant au “parlez”de l’analyste, laisse une place fondamentale à la bêtise pour qu’elle soit élevée à la dignité de tâche analysante, étant donné qu’elle s’enquiert des malentendus que le forçaje analytique fera sonner – dans la parole imposée par cette Autre chose. Sans aucun doute, il s’agit d’un exercice que Lacan nous recommande d’effectuer- en le mettant en acte – car il est tout à fait révélateur : « Transformer la manière d’écrire les choses» en écrivant dans le texte de l’analysant pendant la séance, à la manière du palimpseste.

    Voici les premières choses qui me viennent à l’esprit quand je lis son ” je suis un poème qui s’écrit ” :

    • Il y a quelque chose de l’ordre du produire, et convenons que s’il n’y a pas de communication, il peut y avoir un non-sens. Ce qui ne veut pas dire que ce qui s’appelle poème soit hermétique, ni confus, ni beau, ni que cela requière une clé pour l’élucider; plutôt cela implique de pro-duire- à la manière d’Agamben – ce mettre la présence de l’être.
    • En d’autres termes, selon notre expérience clinique quotidienne, le dire se transforme en acte, par exemple, en montrant combien de mots sont impliqués dans l’un d’entre eux, dans la mesure où – selon la perspective de l’entêtement imaginaire – il est prétendu univoque, entier. En échange, sa rupture est propice, en faisant jouer l’homophonie, en trouvant, par exemple, un mot qui est à proximité de l’autre – et qui jusque-là ne nous serait pas apparu; et par une déviation des lettres (un clinamen) un autre mot est souscrit qui n’est pas dans le lexique commun unifié, ce qui provoque un effet – certainement bénéfique – de désadaptation. Cela se produit donc au moment d’être mis en présence de la parole (habla) même, ce qui s’écrit avec un ensemble de lettres fournies par la masse phoniques entendue de travers chez l’analysant, qui en babillant (al parlotear) fait de la poésie quand ça arrive – cela n’est pas fréquent. Pour Lacan, disons d’emblée que l’acte – tout court – prend la place d’un dire dans lequel change le sujet, car il fait que dans ce ” je suis arrivé là ” se vérifie un acte analytique. Il est atteint, touché – vu et entendu – à chaque entrée dans une analyse. À ce point, en tant que poème qui s’écrit- il est présent dans le présent – l’analyste, en principe, ne peut rien faire d’autre que se plier de manière aliénée à cette activité (ça) langagière aux fins imprévues pour lui.

    Pour conclure ce parcours, je voudrais dire qu’Enrique Tenenbaum fait référence à la condition de « désabonné de l’inconscient », ce qui, me semble-t-il, désigne un parlêtre qui a interrompu ou annulé son abonnement, et il s’agit donc de jeter les bases d’une rupture de la liaison précédente avec l’inconscient. Dans cette ligne, on peut dire par exemple, que pour Joyce son sinthome lui était inconscient et qu’il ne savait pas comment il était en train de fabriquer son propre nœud et / ou sa chaîne. Eh bien, on vérifie face à cette question, que l’Un s’inscrive/s’inscrit (el subjuntivo en español se inscriba-) comme une formation psychique désabonnée, dans la mesure où il a réussi à rompre son lien d’origine en se passant du soutien, une dette éternelle, car impayable. En ces termes, cela illustre quand même le fait que, dans l’analyse, nous travaillons pour créer une autre forme de crédibilité, sans attendre que l’Autre nous donne ses sens et par le biais de l’invention de nouveaux signifiants, au lieu du sens on pose un “j’ouis-sens”, une façon de le décomposer homophoniquement à jouissance.[8]

     

    [1] Maison de l’Amérique Latine, Paris, coordinado por Diana Kammieny

    [2] Obras completas? O para decirlo con  Umberto Ecco , son abiertas ya que ante todo convocan al lector a dar las razones de su práctica. No deconstrucción deleziana.

    [3] Ilda Rodriguez,Las psicosis en psicoanálisis,  Lapsus Calami. Revista de psicoanálisis Nº 6, Autismo y Psicosis, Letra Viva, BsAs , 2017

    [4] Poema procede del latin po~ema, y este del griego poiema, ( creación, hazaña) y poiesis cuya raíz es poien (hacer, crear) y originariamente  se utilizaba para denominar cualquier obra literaria

    [5] Roberto Harari, Polifonías del arte en psicoanálisis y en numerosos artículos y libros de su autoría.

    [6] Jacques Lacan, De la lectura de Freud, en Lacan, Roberto Georgin, Nueva Visión, Bs.As, 1988

    [7] J.Lacan, Seminario 23

    [8] R. Harari, Cómo se llama James Joyce? A partir de El sinthome de Lacan. Amorrortu, BsAs 1983,  Manera de descomponer homofónicamente a jouissance  “goce”

  • À propos de la pratique de la psychanalyse: variations autour de Lapsus Calami

    LC3 Présentation de Lapsus Calami à Paris

    On sait qu’il faut une deuxième hirondelle, au moins, pour faire le printemps, et dans le cas d’une revue, il faut un minimum indispensable de numéros publiés pour faire une série, et avec ce N° 3, que nous présentons aujourd’hui, je peux vous annoncer que le Groupe de travail de Convergence Perspectives en psychanalyse est déjà en train de concocter le Nº 4, et qu’il a commencé à collecter les écrits, et dans ce cas, il s’agit plutôt de semer que de récolter.

    A ce propos, Lacan nous dit de ses Écrits qu’ils formulent un contenu sur lequel on peut s’appuyer ou que l’on peut laisser de côté et il ajoute plus tard, qu’ils sont là mais ne sont « pas à lire ». À mon avis, il indique une voie à ceux d’entre nous qui se reconnaissent dans son enseignement sur les effets de cette lettre et sur son incidence sur notre pratique analytique – sans oublier non plus que sa réception peut ébranler une position subjective.

    Or, il me semble que Lapsus Calami, précisément parce qu’il s’agit d’une revue qui se spécialise dans la publication de travaux d’analystes qui offrent leurs lettres pour parler de thématiques soumises à notre considération – et qui ne coïncident pas toujours sur tout mais qui le font toujours des manières les plus diverses – il arrive donc souvent que dans notre revue les effets découlant du fait de nous approprier les textes de Freud et de Lacan pour répondre à l’invitation par le biais de l’écriture. C’est là que les Notes de lecture font leur entrée. Je veux dire, d’une écriture réalisée respectivement par le lecteur et par l’auteur, pouvant ainsi se situer – en tant qu’analystes – comme  lecteurs co-producteurs de textes. Il est clair que par moments, et c’est une chose que l’on peut confirmer en les lisant, dans cette invitation à la réécriture, la répétition engendre une différence inexorable. Par exemple, il y a des Notes de lecture suscitées à partir d’un ensemble disparate de textes qui se déplacent comme propulsées, à l’instar d’un ensemble de forces, comme le mouvement d’un “attracteur étrange”[1] pour celui qui écrit et qui est un « petit détail » qui va briser les efforts répondant à l’illusion d’une communication univoque. A certaines occasion, le contenu de la Note se tisse autour de l’un d’entre eux, et à d’autres, les interruptions et la ponctuation auxquelles ils ont recours se font écho, se profilent, s’enveloppent et s’entremêlent comme un télescopage. Il peut même arriver, c’est en tout cas une de mes pratiques, que lorsque nous prenons connaissance des textes qui sont censés porter sur le thème en question, de prime abord, au cours de la lecture nous sommes assaillis par le doute, par l’incompréhension fluctuante, l’hésitation, le tâtonnement, le soupçon empreint de méfiance face à nos conjectures; enfin, différentes significations surgissent, juxtaposées, en lignes parallèles, autonomes, qui parfois ne s’articulent pas avec notre savoir et ainsi – ce n’est pas toujours le cas – nous nous retrouvons parfois non seulement face à diverses significations, mais aussi à une pluri-signification paradoxale des textes.

    Comme l’affirme Lacan en 1955: « il n’y a pas de carte de l’inconscient ». C’est là que surgit l’idée de marquer l’absence d’une « somme substantielle » qui met de côté toute exhaustivité toutiste[2]. Il s’avère évident que là intervient encore et encore, comme une ligne directrice castrante, la mise en acte de la non relation sexuelle, d’un pas-tout qui marque au fer rouge le fait qu’il s’agit de parties extra-parties, sur le mode du sans totalité de l’être parlant sexué.

    Pour dire les choses autrement en citant Bajtín, la lecture dans Lapsus Calami soutient une dimension d’exotopie par rapport au texte : c’est à dire, adopter la même approche que pour le texte d’un autre – « lire comme si nous étions autres » – poser des questions que celui-ci ne s’est pas posées, en cherchant des réponses à de nouvelles questions, pour découvrir, dans cette tentative pour répondre, de nouveaux aspects, de nouveaux parcours.[3]

    Disons-le encore une fois, il s’agit d’une  manière de travailler sur les textes proposés selon une méthode décompositive-recompositive, à travers une délecture scripturale ou une écriture délecturale, selon Harold Bloom.

    En voilà le résultat : je vous propose une série de questions, à la manière du début d’une Note de lecture, que je me suis posées au cours de l’élaboration de ce N° 3, Politique et pratique de la psychanalyse, en essayant de nous rapprocher, dans son modus operandi, de ce qu’exige la règle fondamentale de l’artifice analytique, qui, en se scindant de tous les discours dans le détail, introduit la valeur inappréciable de celui-ci.

    * S’il est entendu que « la théorie est “lue” à partir de sa mise  en acte opératoire », l’assertion qui ne situe pas la clinique comme « épicentre de la psychanalyse » serait-elle possible?

    * Lacan dit à propos d’Hitler : Hitler n’est qu’un précurseur, et conformément à cette opinion, pourrait-on dire qu’une coupure a lieu avec les « formes du malaise », puisqu’il n’existe aucun antécédent de cette extermination méthodique propre du XXe siècle?

    * Laisser place à la question sur ce que l’on a généralement tendance à souligner en faisant valoir que la politique de la psychanalyse est celle du symptôme et de sa relation « avec les paramètres du discours du maître », interrogeant ainsi ce lien social entre analystes.

     Perspectives en psychanalyse a été élaboré pour commencer à travailler, entre autres questions, sur certaines des possibles différences observées dans la psychanalyse actuelle, en prenant comme références fondamentales celles qui se produisent dans le cadre du mouvement lui-même et, il va sans dire, au cœur même de notre Groupe de travail de Convergence. Comme son fonctionnement implique l’expérience de la castration dans chacun des psychanalystes qui en sont membres, je veux dire qu’à chaque réunion on met en oeuvre, pour commencer, la façon dont entre en jeu la place du collègue, comment cela s’articule au fait d’être interrogé par un autre et dans quelle mesure on “supporte” les différences qui à la longue s’avèrent bénéfiques et enrichissantes bien que parfois – voire en général – et peut-être justement à cause de cela, “en ébranle” plus d’un, comme le dit un des auteurs dans  Lapsus Calami.

    Il s’agit donc de la façon dont chacun de nous fait face à partir de l’énonciation et non pas tant seulement à partir de l’énoncé, ce qui serait un une articulation possible avec la castration : la tolérance, comme une de ces formes, par exemple.

    A cette occasion, dans Lapsus Calami, nous tentons de situer ces différences, de les cerner, de les mettre à jour dans le débat par le biais de l’écrit, en publiant une revue financée, selon l’usage, par les ressources libidinales que déploie Perspectives en psychanalyse. Dans cette orientation, nous essayons de mettre en oeuvre notre pratique  de lecture- lecture/écriture- à partir de nos écrits et de ceux d’autres analystes. Ce qui, à mon avis, ne fait qu’exacerber – en mettant en acte – le présent de lecture qui n’est pas séparable d’une historicité, dont ne jouit pas l’écriture, car celle-ci ne se soutient que par le fait d’être présente dans le présent. Autrement dit, si lire ne commence que lorsqu’on relit, sans doute peut-on dire qu’il faut trouver l’écriture qui correspond à la lecture et à ce moment-là l’empreinte de Lapsus Calami devient possible.

    Pourquoi Lapsus Calami? En ce qui me concerne je donnerai une des raisons possibles pour le choix de ce Nom. Il me semble, d’abord, que le lapsus parle de l’ouverture et de la fermeture de l’inconscient comme formation paradigmatique parce qu’il a lieu “avec empressement et célérité”. Et si l’on veut y regarder de plus près, cela équivaut à dire que si tout lapsus est calami, il faut saisir sa portée, par exemple, dans l’activité novatrice de Lacan, dans son Séminaire, lorsqu’il profite d’un lapsus calami qu’il a commis dans la gestation de la notion de lalangue.

    Que démontre ce procédé lacanien dont notre Lapsus Calami veut être le débiteur et peut-être trouver dans un acte une parenté de procédure ? À mon avis, il illustre la condition performative qui survient par l’utilisation, quand dans la violence du forçage parolier, dans l’acte de sa déconstitution-constitution, est vérifié dans le mot nouveau-né, cette même nomination. Ainsi a lieu une rupture effective de la grammaire qui viole sa syntaxe, et en même temps, distraite quant au lexique, elle est soustraite du contexte. Je me réfère à une façon de comprendre ce que dit Lacan dans le Séminaire XXIII: «… le lapsus calami, n’est pas premier par rapport au lapsus linguae, mais il peut être conçu comme touchant au réel ». C’est une des deux citations de Lacan, qui se trouvent avec deux citations de Freud, au dos de ce premier numéro de notre revue, et expriment le mieux ce que nous entendons par lapsus.

    Pour conclure et commencer à élucider ce qu’a suscité en moi le travail de traduction effectué dans les textes présentés ici, et / ou des traductions réalisées par les auteurs dans leurs lectures des textes de Lacan, il faut ici signaler un détail minime : la traduction est une question présente et nodulaire de Lapsus Calami, ce que j’ai compris à travers le travail accompli jusqu’ici. Pour l’instant, on peut penser que ce qui sera décisif dans la traduction des textes psychanalytiques qui sont à la base de notre pratique est ce trait dans le Réel de la cure pour chacun, qui fera la différence ou le consensus pour chacun : la pierre de touche sans doute.

    Pour le moment je peux dire à ce propos, que, dans mon expérience en LC, j’ai cru comprendre qu’il faut faire dans la langue cible, avec ses propres ressources, ce que le texte fait à sa langue, la langue source (Meschonic), puisqu’il ne s’agit pas de dire la même chose différemment, ni “presque” la même chose mais qu’il me semble, et suivant l’apologue lacanien dont je vous parlais, que non seulement il y a toujours passage de langues, mais qu’il existe aussi des cas où une écriture fait l’invention d’une oralité. Pour le dire autrement, le langage se perfectionne quand il sait jouer avec l’écriture.

    4 juin 2013, Maison de L’Amerique Latine

    [1] Cf. Roberto Harari: La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2001. La pulsion est turbulente comme le langage. Essais de psychanalyse chaotique, L’Hartmattan,Paris, 2005

    [2] J.lacan, “Intervention sur l’exposé de J.Favez-Boutonier “Psychanalyse et Philosophie” (25/1/55) www.ecole-lacanienne.net.

    [3] Cf. Mijaíl Bajtín: Estética de la creación verbal, Siglo Veintiuno editores, México, 1982, p. 352.

  • La invención psicótica de la transferencia

    La invención psicótica de la transferencia
    Ernesto Vetere – Editorial Lazos- 2014
    El autor procura responder el convite lacaniano a “formalizar la clínica de las psicosis y las neurosis” al inscribir su “propuesta de trabajo dentro de esa perspectiva”, es decir en los términos desplegados por el maestro francés, en la Apertura de la Sección Clínica (1977). A partir de considerar a la “transferencia”, no menos que a “sujeto, objeto a, deseo, goce,” etc, como nociones transclínicas por atravesar la clínica psicoanalítica, – a la que juzga “esencialmente transferencial” – entiende que las psicosis no pueden ser excluidas de la transferencia, o sea de la clínica psicoanalítica misma. Una vez bosquejadas estas cuestiones preliminares, su investigación se abocará a cernir esa “especificidad de la transferencia psicótica”, anudada a “la posición del analista” en ella. Es claro que, desde el vamos, nos habla de una base sobre la que se funda su experiencia de esa clínica que –digámoslo con Lacan- “es lo que se dice en un psicoanálisis”. De este modo, será el estudio de casos- atrapados por el oído de Freud y el de Lacan, tanto como por el suyo propio- un criterio ordenador, elaborado en la relación transferencial analista / analizante y vertebrándolo con articulaciones clínicas-conceptuales.
    Pruebas al canto: Vetere analiza la relación del sujeto con el saber al implicar un modo de anudamiento entre este y el amor en la transferencia psicótica. Otra dimensión que no descuida en su trayecto de tenor investigativo es la articulación entre lenguaje y cuerpo, sin dejar de apoyarse en los avances lacanianos llevados a cabo en la última parte de su obra. Con ese propósito, hace hincapié en las consecuencias teórico-clínicas halladas “en el uso operatorio del concepto de sinthome y otros afines como el de artificio o saber-hacer”. Aprehendo así que la presencia constante de la clínica psicoanalítica en su texto importa , ya que la teoría se lee en su puesta en acto operatoria.
    Camino a la “invención” en la transferencia – me pregunto si hay otra manera de alcanzar puntas de Real, sea en la psicosis como en la neurosis – el autor propone abrirse al trabajo con lalengua en la audición del fraseo del analizante en la sesión, no menos que a las incidencias del analista en la dirección de la cura. Siguiendo en esta orientación a la subrayada por Lacan, alcanza todo su valor: “ni en lo que dice el analizante ni en lo que dice el analista hay otra cosa que escritura” (1977). Entiendo ahí, que eso no es posible sin poner en obra el juego “serio” con la letra en la producción de enigmas, en relación con las palabras impuestas, hasta llegar a la descomposición de la identidad fonatoria…
    Este libro vuelve a poner sobre el tapete-según mi lectura- un efecto de enseñanza a todas luces crucial, marcando el tránsito conceptual desde el Nombre del Padre hacia la nominación. Más bien, dicho de otra forma: se trata del pasaje hacia la supleción , es decir, servirse del Nombre-del-Padre, a condición de prescindir de él.
    Ahora bien, tratándose de coser reparando el trébol en el cruce donde se produjo un error o un lapsus en el anudamiento, es donde habrá que saber-hacer- allí: invento, artificio, como discurre el autor. Encuentro que eso implica conjugar lo verbal del “artificio algo”.
    Ahora bien, se trata en sus “casos clínicos”- a la manera joyceana de hacer con lalengua- de escritos que “in-vienen” a la sesión analítica –invención no voluntaria sino a la manera de las “hablas impuestas”– destinados a no ser leídos. ¿Cómo? Quiero decir, de manera directa, inmediata, comprensiva, rápida, etc. Quizás sea corporizándose en el “yo no busco, encuentro”, picassiano-lacaniano del que se vale el analista –haciendo su parte- en la invención de la transferencia.
    De tal modo es que intentamos aproximarnos –a nuestro turno como lectores- a lo que el maestro francés llama intraducción, como otra forma de pensar lo escrito y el lenguaje. Es así que Lacan evoca a Joyce como iniciador de este proceder intraductor al que hacemos referencia, apuntando a que el escritor irlandés, al intraducir “hace de la palabra tráfico –o recorrido o camino– más allá de las lenguas, tan solo apenas se traduce, al ser igualmente, por doquier, poco [dado o apto] para leer”.
    Para ir concluyendo esta nota digamos que se ha puesto en obra la advertencia lacaniana acerca de que el no saber qué hacer con las cosas novedosas poco tarda en ubicarlas con las nociones ya recibidas. Lacan nos recuerda que esto es lo que se hizo, a veces, con Freud, es decir que no se lo leyó, a pesar de que estaba ahí escrito. Es el énfasis puesto en la novedad de lo escrito que adquiere tan notable importancia para los psicoanalistas lacanianos y que ha sido puesto a trabajar en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, haciendo avanzar el psicoanálisis sobre aquello que aún no ha sido leído, en algunos tramos de la obra de Freud y de Lacan. Cabe destacar que en esta línea, se inscribe este relevante libro que pone en obra el lacaniano Work in progress respecto de saber hacer allí con la lengua. ¿A dónde voy con esto? A que es posible hacerle una muesca, un retoque del sentido, una pincelada final- sin lo cual la lengua no estaría viva. Es decir, esa posición por la cual el hablante organiza las marcas del Otro en una condición –al menos- particular, ante la herencia pesada y enajenante conformada por la lengua… ¿un estilo? De nuevo: forcluyendo un sentido congelado, se pueden generar sonidos inauditos, insólitos, inscribibles en lalengua, en el camino de hacerse-un-nombre…

    Ilda Rodriguez- 12/2/2016

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  • El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    (Reseña del libro de AA.VV.: Miedo, sufrimiento y angustia, Ed. Ledorial, Toledo, 2015).

    Por Ilda Rodriguez

    Es el séptimo volumen de la “Colección de Psicoanálisis Lapsus de Toledo”, coordinada por Cristina Jarque. Reúne veintisiete escritos de otros tantos psicoanalistas de México, España, Argentina, Francia, Estados Unidos y Estambul, elaborados sobre la base de “nuestra propia experiencia clínica”, a los efectos de la transmisión del psicoanálisis. Para ello, resulta fundamental “hilar la teoría con la práctica clínica”, porque permite “escuchar el desarrollo del miedo en el sujeto y el sufrimiento que conlleva”, así como su lazo con la angustia, según se rescata como rasgo más ostensible desde la introducción.
    En congruencia con tal designio, algunos de los textos ofrecidos no descartan en lo más mínimo el abordaje de propuestas que un psicoanálisis en extensión plantea tomando distancia de un psicoanálisis “aplicado” –en tanto “desviación bufona”, como lo califica Lacan. En esta ocasión, Alejandra Ruíz se centra en el análisis del texto Carta al padre. Se trata aquí de Franz Kafka: la obra y la vida. Para ello, toma apoyo en su lectura de lo señalado por Freud, “una ficción puede muy bien sustituir un fragmento de realidad histórica perdida”, y delinea a partir de ciertos interrogantes la idea en cuestión. Por ejemplo: “¿Hay algo en la carta que no haya sido elevado en la obra vía sublimación?”. “¿Podría haber sido la escritura de la carta un intento de acotar el sufrimiento marcando un nuevo litoral entre saber y goce?”. La autora considera que la carta interroga el estatuto del miedo con gran lucidez y arriesga su hipótesis: en “el acto que constituye la escritura de la carta podemos leer la eficacia de la letra en su precipitación”.
    Por su parte, Gérard Pommier pone sobre el tapete “el cambio de distribución de la histeria” operado en sus “versiones femenina y masculina por la modernidad”, en su texto El desplazamiento contemporáneo del sufrimiento histérico. Para el autor, es menester aseverar que “sigue siendo un reto sostener que la histeria afecta tanto a hombres y mujeres”. En ese contexto, avanza una puntuación concerniente a diferenciar la “falta de ser”, “casi fundadora de la filosofía” y “refugio del pensamiento contra la excitación sexual”, en contraposición a “la falta de tener” (“envidia al falo para los dos géneros”), a la que considera que “activa indefinidamente el erotismo –con el beneficio accesorio de la reproducción de la especie”.
    Recordemos, para poder seguir nuestro decurso, un trazo común subrayado por Roland Chemama respecto de “las demandas actuales” al psicoanalista, tal como “no soportar la angustia”, incluso, “la exigencia de ser librado de ella lo antes posible”, “como si la presencia de ese afecto fuera algo inaceptable”. Sin duda, considera que eso habla de “un tipo de posición subjetiva”. En su texto La doble cara de la angustia, el autor, “volviendo a Freud a partir de Lacan”, advierte que habría que “ligar la angustia a una castración parcial”. De acuerdo con esta concepción que no tarda en explicitar, situará dos posiciones que desplegará en su artículo: una podría sostenerse en la pregunta que confronta al sujeto: “¿Querrá ser liberado del objeto al que debería haber renunciado?”. Y la segunda posición es enunciada en el interrogante: “¿O acaso está angustiado porque tiene la esperanza de guardar «lo que le queda»?”.
    Hacia el final del texto, añade algo que conocemos sobradamente los analistas y es que “la angustia toma su fuerza de la relación analítica en sí misma”, en relación con el deseo puesto en obra allí, y que el psicoanalista “no está hecho de otra pasta que su analizante”; por ende, es preciso en todo momento “reconocer su lugar” en la cura.
    Christian Hoffmann y Ceylin Özcan, a su turno, en Angustia y subjetividad, parten de la definición del psicoanálisis como “una experiencia de lenguaje”, “de un decir que gira en torno de lo que se nos escapa en tanto que inconsciente”. Puede así extremarse con fecundidad el relieve de “introducir la cuestión de la angustia en la investigación clínica, identificada en tres niveles diferentes”: en el del concepto, en el epistemológico y en el estructural. Abriendo así el camino, nos dicen, “hacia una clínica de la angustia que compromete una ética del sujeto”. En un “acercamiento freudiano”, y “haciendo una lectura lógica”, decanta como “un concepto límite”, dejándonos en que “la angustia de castración es a la vez el peligro de la separación” tanto como “el de la unión que anule toda posibilidad de placer”. Así, a continuación, arribarán al “abordaje lacaniano” transitando por dos hipótesis de Lacan, concluyendo en la formulación de la tesis que dice que el psicoanálisis procura, si bien no resolverla –por su relación con un punto imposible y a la castración– “transformar su trato, su manejo, por el cambio de posición subjetiva respecto al objeto a que se presenta en función de la causa”. A partir de una secuencia clínica, ahondan y precisan la postulación previa, en el empeño de ponerla en acto.
    Arribamos, en consecuencia, al texto presentado por Cristina Jarque, en el que valiéndose de un caso clínico procura “transmitir algunos momentos que surgieron en el recorrido analítico de un sujeto cuya vida oscilaba” Entre el derrumbe de lo familiar y el abismo de lo siniestro, como titula su artículo. Según se podrá apreciar, tomando apoyo en la notable episteme del padre del psicoanálisis y en su lectura de Lacan, la autora lleva a cabo una dilucidación del lazo de la angustia con “el campo de lo que Freud articuló como lo siniestro”. Además, muestra que dicha relación puede ser inteligida, por ejemplo, cuando “la mediación que sostiene el límite entre lo siniestro y lo familiar, no está, es decir falta, lo que aparece es la angustia”.
    Está claro, por lo que puede inferirse en su artículo y a los efectos de transmitir esa experiencia perdida como tal, que se ha producido un pasaje artificiado por medio de su escrito, de la intensión –esto es decir: el maniobrar transferencial, la habilidad del trabajo con las palabras, labilidad inicial de la lengua flexible – a la extensión por la vía de la presentación clínica de una psicoanalista.
    En fin, se argumentará que lo señalado hasta aquí solo indica una mínima parte de las cuestiones planteadas en este volumen, lo cual es exacto; aunque si “como muestra basta un botón” –según el conocido el refrán–, cabe consignar sin hesitar que a partir de lo mostrado en esta presentación, no cabe sino remitirse a la lectura de esta obra para hallar diversas propuestas, articulaciones clínicas novedosas y la posibilidad de leer, también, el efecto sobre la transferencia de trabajo puesta en obra en las diversas traducciones de los textos de los psicoanalistas convocados, no menos que los efectos de lectura al leerlos en la lengua de su autor.

  • Presentación del libro: El hilo en el laberinto

    Presentación del libro

    El hilo en el laberinto. Lectura del Seminario La angustia y sus referencias, Verónica Cohen y otros, Ediciones Oscar Masotta, Kliné, Buenos Aires, 2012.

     

    “Lo que distingue el laberinto […] es la combinación de callejones sin salida y bifurcaciones, donde el viajero debe elegir constantemente su camino entre las numerosas opciones que se le presentan: el obstáculo será creado por nuestra elección y no por el destino”. Brion

     

    Con Verónica Cohen compartimos lo textil de una praxis que nos incita a trenzar letras para ponerlas a circular, y la trama textual de la que hablo implica un valor de tiempo: el de la lectura, que comporta historicidad, y el de la escritura, que solo se sostiene por estar presente en el presente. Por lo cual, depende del lector quebrar el principio de parsimonia propio del libro para hacerlo funcionar. Y aquí estoy entonces…

    Digo textil porque a mi entender, este libro –texto establecido a partir de las clases de un seminario “orientado para psicoanalistas”, dictado y coordinado por la autora en la Escuela Freudiana de la Argentina– está hecho de nudos que no dicen sino de los agujeros que habilitan cierta aireación crítica en la/s lectura/s de las diferentes posiciones analíticas a las que hace referencia: Freud, Lacan, Klein, posfreudianos, lacanianos, así como a poetas, filósofos, pintores, literatos, tanto como recortes clínicos de su propia cosecha, caídos del diván de la analista, fragmentos de relatos que su escucha hace apólogos y que en ocasiones diversas los encuentra en esa relación cotidiana y singular con lo inconsciente.

    Se evidencia en esta publicación el cuidado por no distanciarse más de lo necesario del rango coloquial fundante de la misma, habida cuenta del objetivo –digo por lo que leo– de preservar las condiciones originales de su enunciación: una conversación sostenida con comentarios, preguntas y respuestas de/a/con/ los participantes y dictantes –ahora en coautoría– de aquel seminario. Es decir que, a mi entender, este libro nos habla de un espacio institucional fundado sobre una complicidad de lenguaje y de “deseo de psicoanálisis” que sabe hacer diferencia entre el saber y el conocimiento.

    Precisamente, ese saber, en su ligazón con el deseo, hace obrar la transferencia –entre la coordinadora, los dictantes y la audiencia– necesaria para la transmisión del psicoanálisis.

    Así las cosas, el camino de esta conversación de la que hablaba, además de una dirección ofrece, al mismo tiempo, la seguridad de que nos movemos dentro del psicoanálisis y no que, fuera de él, damos vueltas a su alrededor. Es claro que resulta de una índole y “orientación” tales que nos hace partícipes como lectores, de una praxis psicoanalítica que no cede en la procura de poner en acto el saber hacer con la transferencia –no menos que con la transferencia de trabajo, su retruécano–, distintivo de la praxis analítica.

    Es para celebrar la aparición de este libro que, para mi gusto, está ofrecido a la enseñanza –como le dije a Verónica, y ahora lo hago público– y que por eso mismo no brinda un saber unívoco; antes bien, del mismo modo en que Lacan ha sido el freudiano que ha llevado hasta el extremo el aprender de Freud cómo aprender Freud, aquí nos topamos con citas que son otras tantas lecturas de otros analistas de la EFA. ¿A dónde voy con esto? A que lo singulariza un sesgo, diría a la vez clásico y novedoso: la presentación de la producción de numerosos miembros –como soy del exterior me autorizo a decirlo– tal vez representativa de lo procesado hasta aquí sobre esta experiencia crucial para nuestra praxis psicoanalítica hecha concepto: la angustia.

    El hilo en el laberinto… nos entrega el hilo de la angustia sin quid central (sin monstruo, ni tesoro), y por ende a-céntrico, es decir, en suma, sin significado último por descubrir.

    Nos salen al encuentro las diversas articulaciones en cursos y recursos que tal vez han forzado mi lectura a una presentación de algunos de sus puntos, los que me han resultado más provocativos y quiero compartir con ustedes.

    Voy a ir acercando cuestiones en cierto contrapunto tonal: 

    * Primera cuestión, empezando por el título: “Referencias”, esta Beziehung freudiana nos dice que la angustia tiene una inequívoca referencia hacia la espera, Erwartung. Es angustia ante algo (vor etwas) que “señala y refiere” la surgencia de el nada, cuyo correlato subjetivo constituye.

    * ¿Cuál es el paso que da Lacan allí? El texto advierte: “Formular que la angustia es una traducción subjetiva, que la existencia –esto va para quienes trabajen a Kierkegaard y Sartre– de un lugar de falta, de pérdida, de resto, debe traducirse como la existencia del sujeto sujetado a la falta, o sea, que la falta es el lugar para que el sujeto exista y desee” (pág. 160).

    * Diferencia que se interesa en marcar una y otra vez: objeto parcial, a, causa, pulsión.

    * Cómo se cursa un análisis, cómo la interpretación en base a los objetos parciales conduce a un punto de indefinición de un análisis que discrimina de interminable (texto freudiano) llevándolo hacia la cuestión de la función paterna, de la categoría de la falta como estructural (lectura estructural de Lacan, pág. 159) y de la posición del sujeto.

    * Respecto de la discriminación trabajada entre síntoma y sinthoma, (pág. 48) el acento está puesto en que hace a una diferencia clínica.

    * Releva esta pregunta: “¿Qué ordena un análisis para que este sea definido y no indefinido? Algo que está más allá de la castración imaginaria” (pág. 162), y pone en cuestión, acentuadamente, que el objeto a sea el único invento de Lacan.

    Respondiendo a eso: lo que ordena es la significación del falo, que nunca es sin el a: falo más a (pág. 163).

    * No deja de resaltar, desde las primeras líneas, que “[…] la lógica descubierta por Freud, lógica no del falo, como erróneamente se la llama, [es] del falo y la castración” (pág. 13). Entonces, en esa lógica freudiana, enfatiza el objeto parcial como origen de lo sexual.

    Después de este seminario, nos dice Verónica Cohen, hay un corte de Lacan con la enseñanza de Freud; es decir, Freud a partir de Lacan, “hay un después de Freud con Lacan” (pág. 165). Por ejemplo: ¿el resto como diferente de la función de la falta?

    Se nos dice que en este seminario (62-63) Lacan inventa el objeto a. Sin duda que Lacan viene trabajando para diferenciar el objeto causa de deseo (que lo empuja desde atrás) respecto del objeto de deseo, como se lee en este libro, pero la cuestión de la invención me interesa por lo que pone en juego en un análisis y que Verónica Cohen lo trae a colación con la invención del objeto en el análisis de cada quien.

    En todo caso, Lacan mismo dice que lo inventó el 9 de abril de 1974, en Les non dupes errents, pero al relacionarlo con el grafo lo remite a 1958, a Las formaciones de lo inconsciente, donde comienza a operar un giro y lo inventa, aunque sin decirlo; antes bien, comienza mencionando que se trata de una invención en 1966, en La lógica del fantasma.

    ¿Se puede afirmar que inventar el objeto a es reinventar el psicoanálisis? Por cierto que inventarlo, también es la invención de un estilo. Uno no va sin el otro.

    Cabe considerar aquí que la invención es una imposición, como tal inequívoca, no es por consiguiente un mensaje al Otro. En aquella, la cadena significante se detiene, pero a diferencia del horror del acto, la angustia no dirige la pregunta por un acto hecho de discurso, que interpela: “¿Cómo pude decirlo? ¿Por qué lo dije?”. Es el caso de un extrañamiento “descolocante” que no interroga, ya que es consabido que la palabra que perturba hace estallar el sentido, poniendo algo nuevo que no es ni complemento ni suma.

    * Otro punto que me atrajo decididamente fue “la cuestión del lenguaje como trauma” (págs. 14 y 132-164) y lo que se nombra como “dimensión real del lenguaje”.

    Como se aprecia en el texto, el trauma no es el del nacimiento sino el hecho de que los seres parlantes nos situamos en determinado lugar por el deseo del Otro, más bien, el trauma es eficaz en hacer hablar porque lanza al infans al estatuto de hablaser.

    Somos malentendidos, malescuchados (en francés, malentendu) y esto no puede sino traumatizar. Esta operancia del deseo del Otro arroja como precipitado el trauma, y es así que el cuerpo, transportando el malentendido en tanto trauma, ha sido siendo generado por la inserción en el lenguaje. Es claro que no se trata del trauma de nacimiento, sino del por nacer como producto de ese malentendido entre dos que se hablan. Cuestión puesta en acto por la experiencia del análisis vía la pulsión invocante y su objeto voz. Digámoslo de esta manera: la condición de lo inconsciente es el trauma que implica el malentendido que es el lenguaje

    * En una nota al pie de la página 315, después de una breve recapitulación de los temas que abrieron el libro, la autora interpela al lector provocativamente: “¿Quién dijo que en este seminario Lacan no habla de la pulsión? Que no la nombre no quiere decir que no hable de ella. A mí me parece que todo este seminario gira en torno al problema de la pulsión y del fantasma. Que su construcción del objeto a responde al pasaje de la pulsión y al fantasma y de la demanda al deseo”.

    Y para concluir, vaya esta remisión que hace al modo discursivo de instalar ciertas preguntas, que hablan de un estilo en la transmisión del psicoanálisis que se vale de ese instrumento clínico tramado en subjetividad, precisamente como apólogo, en la conversación que cierra el libro.