Categoría: Noemí Sirota

  • El eco en la letra/a la letra

    Por Noemí Sirota

    En el texto de Jorge Linietsky encontramos una excelente ocasión para construir, siguiendo el hilo de sus comentarios, una “formidable pregunta” con la que entrar en la cuestión de la voz en tanto objeto en la pulsión invocante, articulando sus ditmensiones con el campo del goce, en el punto que hace límite entre el placer y su más allá. Para nombrar esa marca, Linietsky evoca el dicho de Freud, del que Lacan se hace eco: el “penar demasiado” es lo que autoriza nuestra intervención en la experiencia del análisis.

    Es muy interesante la referencia a Subversión del sujeto… con la que el texto nos propone partir. Una frase que toma provecho, como lo hace Lacan, del hecho –que más tarde formalizará de derecho– de escuchar una homofonía que resulta fecunda si ponemos a trabajar la “función” de la letra. Se trata del hallazgo de una diferencia que indica un equívoco al hacer eco en la repetición: Jouis! (¡goza!). J’ouïs (oigo). De esta forma, el autor nos plantea el papel que el superyó, esa “instancia” que para Freud es la conciencia moral como heredera del complejo de Edipo, se trans- forma, con la lectura de Lacan, en una pseudoinstancia.

    Cabe una reflexión acerca de esta transformación. Entiendo que llamar “pseudoinstancia” al superyó indica la diferencia necesaria entre el imperativo que el significante engendra al entrar en lo real, que produce un orden de significancia (simbólico-imaginario), mientras su efectuación en el fantasma (imaginario-real) da una orden de distribución de goce en el cuerpo, lo que sucede porque el objeto a es lugar de concentración de goce, RSI.

    “Sus fantasmas los gozan”, dice Lacan al proponerse discernir “qué le concierne” al Otro cuando queremos ubicar al “Uno que habla”. El autor también nos recuerda que en el Seminario XX: Aun leemos: “Nada obliga a nadie a gozar, salvo el superyó”. Es la voz, entonces, ese objeto, sitio de concentración de goce, lo que transporta la dimensión imperativa del significante y esa orden que cae sobre el hablante “como si fue- ra” la voz del Otro (si existiera), efectuando su ley y su oscura autoridad. Jouis!/J’ouïs indica “[…] un lugar desde donde se vocifera [que de] con servarse, hace languidecer al ser mismo”, afirma Linietsky, recordando nos la forma en que ese “penar demasiado” puede ser devastador y conduciéndonos a ubicar el efecto de la voz como objeto en el trazado que implica el recorrido de la pulsión invocante, la “más cercana al inconsciente”. “Jouis!/J’ouïs como presentación de la voz en la pulsión invocante recorta la dimensión de la demanda”, indicando así la necesidad de discurso de situar las condiciones de ese recorte. Esas condiciones, entiende, son la escritura algebraica $ losange D y la escritura topológica en “el abrazo de los toros” con la que Lacan escribe el agujero del deseo del sujeto, llenado por la demanda imperativa del Otro: jouis! (¡goza!) deviene j’ouïs (oigo) y detiene, desvanece al sujeto en la obediencia a la voz. El oigo pone en juego un silencio del sujeto que, en verdad, es un enmudecimiento. Se trata de un instante en el tiempo pasivo del circuito de la pulsión invocante. Linietsky afirma que allí se interrumpe (no llega) la realización del circuito, en cuyo tercer tiempo puede producirse el goal relativo al machen, hacerse oír, para faltarle al Otro.

    ¿Se trata de que se oiga (j’ouïs) otra cosa que la orden, ¡goza! (jouis!) o que se escuche en el equívoco de la letra una diferencia? Se oye “¡goza!”, pero el que habla, al responder, ¿qué quiere al decir “oigo”? Es allí que podemos intervenir, nos autoriza el hecho de que el equívoco salió de su boca, pasó por sus labios.

    ¿Qué implica, entonces, nuestra intervención? Un tiempo para seguir ha- blando que hace “lugar” de palabra a lo que venía siendo un “sitio” de goce. Si como nos recuerda Noberto Ferreyra en El decir y la voz…, es el cuerpo del analista, su presencia en la transferencia –en el lugar de semblant de objeto a– lo que permite elaborar el goce, entiendo que en su intervención el analista pone en juego el poder de esa presencia “en cuerpo”, a condición de no usarlo. Ese “hacerse hacer” que implica “llegar” al tercer tiempo en la elaboración de la pulsión “hace eco” al resonar en los dichos del analizante como “otra cosa”, siendo el eco lo que hace de la voz alteridad, porque vuelve del campo de Otro.

    De este modo, entiendo que la lectura que Jorge Linietsky nos propone al final de su trabajo, tomando el momento de concluir y la afirmación “yo soy un hombre”, junto con la estructura de la prosopopeya como fi- gura retórica, es, a la luz de los desarrollos que nos permiten seguir diciendo: “Soy uno que habla”.

  • La voz, el tiempo de la experiencia

    Por Noemí Sirota

    En esta ocasión tomo dos trabajos de esta revista que nos permiten entrar en algunas articulaciones que orientan la práctica del análisis, las condiciones de producción del acto analítico: El decir y la voz y El tiempo en el análisis y el objeto a. Norberto Ferreyra “hace pasar” al decir, en su transmisión, las condiciones materiales del análisis en su dimensión de discurso. Así podemos leer que la voz como objeto es anotado operando como medio (relación) entre un significante y otro, y a su vez, dando razón de la falta de proporción que hace résonne[1] por poner en juego el superyó en su dimensión

    El invento lacaniano del objeto a es puesto en nuestras manos para disponer de él, en tanto hagamos lugar a una condición que leemos como advertencia en el seminario sobe el sinthome: “Hacer uso de la letra, como lo hacen los matemáticos”. Esta advertencia pone al día el descubrimiento de Freud, llevado a su límite en Joyce. ¡Pero cuidado, no es para hacer literatura! Él nos invita a dar lugar a Lituraterre, neologismo con el cual pone en ejercicio, en el escrito así titulado, esa torsión que practica al extraer alguna referencia de otro campo de saber para llevarla al discurso del psicoanálisis; esta vez para afirmar que el decir nos da letra para hacer legible el síntoma.

    Los de Ferreyra son dos textos de los que podemos extraer las consecuencias que el acto analítico puede arrojar si en nuestra práctica tomamos en cuenta que “[…] las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”.

    Hay precisiones respecto del decir y la voz que el autor releva e interpreta de un texto de Porge, Voz del eco, en el que encuentra los elementos para discriminar la función de “sustento” que la voz tiene como condición para hablar y para hacer silencio. Ofrecer silencio, en la conducción de los análisis, cobra valor de acto de abstinencia que hace lugar.

    Es interesante subrayar lo que esta referencia le permite transmitir, de un modo claro y útil, cuando dice: “El silencio del analista también se vincula con la función de la voz como objeto a”. ¿Por qué? Porque el objeto a no es ni voz ni mirada, ni heces ni seno; la función del a es hacer semblant de esos objetos parciales que, por ser “restos” que sustituyen al Otro, solo permiten (ni más ni menos) hacer lugar al intercambio de zonas pulsionales (intrincación pulsional, al decir de Freud). El objeto a, entonces, cumple la función de “permitir la unidad dispersante de estos cuatro objetos, que son objetos pulsionales”. Porque no es objeto empírico, es solo letra que hace borde simbólico-real.

    Claramente, así nos ayuda a aprehender que la orientación por lo real en la conducción de los análisis radica en ubicar la grieta que señala en qué punto la unión se revela como disyunción y afirmar que se trata de no pretender cerrarla, sino de abstenerse de dar sentido, ofreciendo una parcialidad. El análisis, entonces, es “el tratamiento de lo real por lo simbólico”, pero la orientación “es preciso que sea real”.

    Hay una especificidad de la pulsión invocante que encontramos en El decir y la voz: es una pulsión que pone en juego a la vez dos orificios corporales, y es en esta característica “de doble pertenencia” que Ferreyra nos invita a volver al texto de Porge para reconocer con él que Lacan ya había planteado, en el seminario sobre la angustia, que “el eco es la alteridad del decir”. En esta afirmación podemos escuchar que “hacerse eco” de los dichos del Otro impide hablar con el otro, porque escuchar la voz de Otro hace ruido; impide que “entre” la voz del otro.

    Una vez más, encontramos en el texto otra anotación que nos hace concebir la voz como eso que estaría en el origen de cada uno como ser hablante. “Lo que se escucha de la voz, nos viene de afuera y va de una zona a otra”. Quizás sea una bella manera de decir que la voz transporta, hace pasar la relación “con el sexo” de la que habla Lacan en L’étourdit, como el secreto de un erotismo que va de una zona a la otra.

    En El decir y la voz retorna lo que repica en su presentación en el coloquio, titulada El tiempo en el análisis y el objeto a, la necesidad de no confundir lo sonoro con la voz y de no desconocer que es del significan- te que podemos discriminar la función del objeto, siendo este, en principio, un resto de la operación del significante por su entrada en lo real. Se trata de “lo que la voz hace escuchar”, lo que eso puede escribir para diferenciar lo mismo y lo otro. Máxima diferencia que hará efectiva el deseo del analista.

    Es en este punto que hace “falta” relevar el papel fundamental que cobra en psicoanálisis la función de la letra para leer en lo que se escucha.

    ¿Qué cosa? Que hay un goce por el hecho de hablar y que por concebir el goce en un campo que se abre en el límite del principio de placer, podemos suponer hay “otro goce” que hace eco y del que hay que hacer “lugar” para hacerse escuchar. Una materialidad diferente, ¿moterialidad?

    ¿Será esa moterialidad la que pone en juego la disposición que el cuerpo del analista pone en función al dejarse tomar por el decir analizante? Una metáfora diferente entre significante y objeto, dice Norberto Ferreyra. ¿Podríamos afirmar que esa metáfora diferente es la del final del análisis, cuando en las letras del plus de gozar se pueden leer y hacerse escuchar poniendo en causa “su” deseo?

    Estas son algunas preguntas, que pretendemos dejar abiertas, para que los textos nos sigan diciendo y haciendo hablar.


    [1] Mantengo el término en francés porque, de este modo, le otorgo estatuto formal en tanto función de letra.

  • La voz de la experiencia / Noemí Sirota

    La voz de la experiencia / Noemí Sirota

    La osadía del inconsciente consiste en darle valor de verdad,  a aquello que proviene de una experiencia, la experiencia de hablar a y con otro; una relación a la verdad aun en el dicho mentiroso.

    Dar lugar a esta experiencia hace de la práctica del análisis una ocasión para realizar algo de eso que el hombre contemporáneo habría sido privado. La expropiación de la experiencia en la modernidad es la pérdida de su correlato, la autoridad de la palabra y el relato en favor del conocimiento.  “[…] ya nadie parece disponer de autoridad suficiente para garantizar una experiencia y, si dispone de ella, no es ni siquiera rozado por la idea de adjuntar a una experiencia el fundamento de su propia autoridad. […] nadie estaría dispuesto a aceptar como válida una autoridad cuyo único título de legitimación fuese una experiencia. […] De allí la desaparición de la máxima y del proverbio, que eran las formas en que [en la antigüedad] la experiencia se disponía como autoridad. […][1]

    La expropiación de la experiencia, que estaba implícita en el proyecto  de la ciencia moderna, actualmente  se pone de manifiesto en  asociación con la tecnología y hace  ideología a partir de lo que se llama “el  caso” o, si es expresamente buscada, toma el nombre de experimento y su constatación toma el camino de la estadística como forma de hacerle decir sus resultados, en el protocolo que aplique. De uno u otro modo velan, por no escuchar, la división del sujeto que el saber inconsciente, hace resonar en cada tropiezo de la  voz en su encuentro con la palabra. El experto hace gala de capacitación  y el sabio cree serlo por acumulación de datos. Conocimiento e información se jerarquizan en desmedro de  sensibilidad y  registro de los efectos de una experiencia. Una foto es  prueba de haber pasado por un lugar y no testimonio del efecto de haber estado allí.

    Lacan hace retornar de Freud esa división y reintroduce el valor de la experiencia de hablar ordenando, en un discurso, la diferencia entre oír y escuchar, mirar y ver porque lo articula con el circuito pulsional en su intrincación con el acto de palabra. Así la voz y la mirada entran como objetos “a” en la experiencia de hablar en tanto el lenguaje hace al cuerpo de “lalange”[2].

    El objeto “a”, en su valor de letra constituye un principio de orden y discriminación tanto en el campo de la experiencia analítica como en el discurso del psicoanálisis, dándole su especificidad en relación con  otros campos del saber.

    Así entonces, la experiencia del análisis tiene su voz y su mirada como objetos “a” que permiten leer como el psicoanálisis hace entrar “el Sujeto” en el orden del deseo. Un orden de experiencia que implica una razón en el sentido de la división. En el análisis la elisión de la mirada hace lugar a esa dimensión de la Otra escena en tanto “Otro Lugar” para mirar mientras que la voz trae lo actual en el tiempo  necesario para “h-a-cer decir. La espera activa que el deseo del analista otorga a la voz para que tenga lugar al silencio. “Sin la voz no hay apoyo para la función de hablar”.

    Los restos de lo visto y lo oído de los cuales habla Freud, referidos a la determinación del trauma son dimensionados por la invención Lacaniana del objeto “a” y esa dimensión permite leer la intrincación pulsional que se produce al hablar. Por ejemplo cuando alguien quiere que otro lo escuche y le dice “Mira!……ocurre tal cosa y tal otra, hay un eco de una pulsión a la otra que se intrincan por decir[3].

    Ahora bien, es importante distinguir el eco de la voz. El eco es la alteridad del decir. Hay personas que hablan como eco, que solo repiten las palabras de los otros, salteando su voz  sin prestarla. Es interesante observar la diferencia que se produce en el análisis cuando algo sucede que hace pasar un significante en su resonancia  y el analizante puede escuchar “otra cosa”. Esos son momentos de pase en el análisis.

    Encuentro en la lectura de la proposición lacaniana del 9 de Octubre de 1967 una interpelación a los analistas que me lleva a decir que la experiencia del análisis produce un orden de necesidad de transmisión que requiere hacer valer esa voz de la experiencia.

    Una provocación a hacer escuela,  en el sentido estoico, de la enseñanza de Lacan, es decir: para poner en valor el orden de razones que introduce el inconsciente en torno al Deseo, al Amor y al Goce, hace falta hacer hablar la voz de esa experiencia  en el sentido  disponer las condiciones para que se diga. El inconsciente es un saber hablado.

    Es posible ubicar 2 dos momentos de la experiencia en relación a la voz y la mirada en función de objeto “a”:

    1) En el análisis el cuerpo del analista es caja de resonancia de los objetos parciales por los que se hace h-a-cer semblant de  objeto “a”. La voz sostiene en su actualidad el acto que la operación de Transferencia alberga en el amor por la función SsS.

    2) En el dispositivo del Pase, el Testimonio   hace escuchar la voz   del pasante, transportada por cada uno de los dos pasadores y esta disposición, que implica un trayecto y condiciones para llevarlo a cabo, articula un plural que no es un “nosotros”. Dos voces que “se hacen ser” eco de un testimonio. En ese hacerse ser eco al transmitirlo, hablando ponen en juego la novedad de la repetición, la sorpresa de la contingencia, sin el amparo de la Transferencia, es decir sin la presencia del analista.

    Hay “entre” los dos pasadores (que no hablan entre ellos) esa oquedad que hace resonar lo dicho o no dicho por el otro. Quizás surja el relato de un sueño, un lapsus o un síntoma provocado por la escucha del testimonio. Hay una sutil diferencia que es de razón (división) y no de forma (por demanda de amor)  entre “hacerse eco” que implica repetir o referenciarse en los dichos del otro y “hacerse ser eco” dejarse tomar por lo dicho en el testimonio y escuchado habiendo “estado ahí” con el trauma que conlleva. Es un modo de entender la afirmación del Lacan “la pulsión es el eco en el cuerpo  del hecho de que ha habido un decir”. La función del pasador queda así en el lugar de la pulsión, del recorrido de la pulsión y no de la forma que la pulsión toma enlazada a la demanda. Entiendo que ubicar la función del pasador en estos términos está en articulación con considerar que es necesario que el pasador este  en análisis y en un momento del análisis en el que “su analista” pueda elegirlo, para esa función, por tomar en cuenta que es alguien que puede escuchar porque se ha escuchado, el mismo, en el reconocimiento de la diferencia entre querer y desear en razón haber sido objeto en el Deseo del Otro.

    Decimos que el pasador es el Pase porque, como un botero, transporta de una orilla a la otra lo que escucho  para decir en un saber hablado que no se sabe a sí mismo. En esa intrincación pulsional  habla con el cuerpo, y sin saberlo.

    Esa voz de la experiencia llega al Cartel de Pase o Jurado -según se nombre esa instancia- que podrá producir de ese testimonio “una cartografía” [4] para leer lo que el testimonio ofrece. Para aprehender lo que ese testimonio enseña, sin saberlo, de las cuestiones cruciales que se transmiten como argumento de un decir que quiere dar testimonio, de qué? de ese lugar de resto de la operación que lo dividió, y quiso en el análisis, perder otra vez   las ataduras a la determinación de un “penar de más” para hacerse escuchar y ofrecer “su deseo de analista” para otros.

    Autorizarse de “el mismo” “en tercera persona como en el chiste. Un saber en tercera persona  siguiendo lo que hace real su experiencia del inconsciente, como saber hablado. Eso que un pasante quiere hacer escuchar para el porvenir del psicoanálisis con su testimonio.

    [1] Agamben, Giorgio Infancia e Historia Adriana Hidalgo editora Buenos Aires 2001.

    [2] Neologismo que se inscribe como concepto a partir de un lapsus de Lacan en el seminario Ou…Pire al querer nombrar el diccionario de Lalande.

    [3] Sigo los desarrollos  de Norberto Ferreyra . Kline ediciones. En su libro la voz y el decir y relevo las diferencias respecto del desarrollo de Erik Porge en su libro La voz del Eco. Ed. Heres

    [4] “Una Cartografia” para pensar una nueva ética a partir   los campos de extermino como fracaso de la metáfora,  es lo que propone Georgio Agamben en su libro  “lo que queda de Auschwitz, el archivo y el testigo”


     

    Presentación realizada en el Coloquio Internacional convocado por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la Escuela Freudiana de la Argentina, la Fundación Europea para el Psicoanálisis y Mayéutica- Institución Psicoanalítica “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado en Buenos Aires los días 22 y 23 de marzo de 2019.

  • La voix de l´expérience / Noemí Sirota

    La voix de l´expérience / Noemí Sirota

    La hardiesse de l´inconscient consiste à attribuer une valeur de vérité à ce qui vient d´une expérience, l´expérience de parler à et avec un autre

    Donner lieu à cette expérience fait de la pratique de l´analyse une occasion pour faire quelque chose de ce que l´homme contemporain n´aurait plus. L´expropriation de l´expérience pendant la modernité est la perte de son corrélat, l´autorité de la parole et le récit en faveur de la connaissance.  « […] personne ne semble plus avoir l´autorité suffisante afin de garantir une expérience et si quelqu´un l´avait, il n´est même pas en effleuré par l´idée de joindre à une expérience, le fondement de sa propre autorité. […] nul ne serait prêt à accepter comme valable une autorité dont le seul titre de légitimation serait une expérience. […] De là la disparition de la maxime et du proverbe, qui étaient les formes dans lesquelles (pendant l´antiquité) l´expérience étaient l´autorité. […] »[1]

    L´expropriation de l´expérience, qui était implicite dans le projet de la science moderne, est aujourd´hui exprimée associée à la technologie et fait de l´idéologie à partir de ce que l´on appelle « le cas » ou bien, si elle est expressément cherchée, elle prend le nom d´expérience et sa vérification prend le chemin de la statistique comme une forme de lui faire dire les résultats, dans le protocole appliqué. D´une manière ou d´une autre, ils veillent pour ne pas écouter, la division du sujet que le savoir inconscient fait résonner chaque fois que la voix trébuche lors de sa rencontre avec la parole. L´expert fait vois sa formation et le sage croit l´être par un cumul de données. Connaissance et information acquièrent de la hiérarchie et perdent de la sensibilité et un registre des effets d´une expérience. Une photo est un témoignage d´avoir été dans un endroit mais elle n´est pas l´effet d’y avoir été.

    1. Lacan fait revenir de Freud cette division-là et réintroduit la valeur de l´expérience de la parole ordonnée, dans un discours, la différence entre entendre et écouter, voir et regarder, parce qu´il l´articule avec le circuit pulsionnel dans sa rencontre avec l´acte de parole. C´est ainsi que la voix et le regard entrent comme objet « a » dans l´expérience de parler alors que le langage fait le corps de « lalangue » [2].

    L´objet « a », dans sa valeur de lettre constitue un principe d´ordre et de discrimination tant dans le domaine de l´expérience analytique que dans le discours de la psychanalyse, en lui donnant sa spécificité par rapport à d´autres domaines du savoir.

    C´est ainsi que l´expérience de l´analyse a sa voix et son regard comme des objets « a » qui permettent lire de la même manière que la psychanalyse fait entrer le « Sujet » dans l´ordre du désir. Un ordre d´expérience qui implique une raison dans le sens de la division. Dans l´analyse, l´élision du regard laisse une place à la dimension de l´Autre scène en tant que « Autre Lieu » pour regarder, tandis que la voix amène l´actuel dans le temps nécessaire pour faire (h-a-cer) decir. L´attente active que le désir de l´analyste attribue à la voix pour que se produise le silence. « Sans la voix, il n´y a pas d´appui pour la fonction de parler » NF ibidem.

    Les restes du vu et de l´entendu dont parle Freud, par rapport à la détermination du trauma sont mesurés par l´intervention lacanienne de l´objet « a »et c´est cette dimension-là qui permet de lire l’embrouille pulsionnelle qui se produit quand on parle. Quand quelqu´un veut par exemple, qu´un autre l´écoute et lui dit : « Tiens… il arrive que cela et cela », il y a un écho d´une pulsion à l´autre qui s’embrouillent pour dire.[3]

    Or, il est important de différencier l´écho de la voix. L´écho est l´altérité du dire. Il y a des personnes qui parlent comme un écho, qui ne Font que répéter les mots des autres, en faisant sauter leurs voix sans la prêter. Il est intéressant d´observer la différence qui se produit pendant l´analyse lorsqu´il arrive quelque chose qui fait passer un signifiant dans sa résonance et l´analysant peut écouter « autre chose ». Ce sont des moments de passe dans l´analyse.

    Je trouve dans la lecture de la proposition lacanienne du 9 octobre 1967 une interpellation aux analystes qui me fait dire que l´expérience de l´analyse produit un ordre de besoin de transmission qui exige de faire valoir cette vois de l´expérience.

    Une provocation à faire école, dans le sens stoïque, de l´enseignement de Lacan, pour mettre en valeur l´ordre de raison qui introduit l´inconscient autour du Désir, de l´Amour et de la Jouissance, il faut faire parler la voix de ladite expérience dans le sens de mettre en place les conditions pour que l´on dise.

    Il est possible de trouver deux moments de l´expérience par rapport à la voix et au regard en fonction d´objet “a” : 1) Lors de l´analyse, le corps de l´analyste est une caisse de résonance des objets partiels pour ceux que l´on fait (h-a-cer) semblant de a. La voix soutient dans son actualité l´acte que l´opération de Transfert abrite dans l´amour pour la fonction SsS.

    2) Dans le dispositif de la Passe, le Témoignage fait entendre la voix du passant, transportée par chacun des deux passeurs et cette disposition qui implique un trajet et des conditions pour la mener à bien, articule un pluriel qui n´est pas un nous. Deux voix qui « se font être » l´écho d´un témoignage. Le fait d´être écho en le transmettant, en parlant, met en jeu la nouveauté de la répétition, la surprise de la contingence, sans l´abri du Transfert, c´est à dire, sans la présence de l´analyste.

    Il y a « entre » les deux passeurs (qui ne parlent las entre eux) cette vacuité qui fait résonner le dit et le non-dit par l´autre. Peut- être qu´il apparaît le récit d´un rêve, un lapsus ou un symptôme provoqué par l´écoute d´un témoignage. Il y a une différence subtile qui est de la raison (division) et non pas de la forme (par demande d´amour) entre « se faire écho » qui implique répéter ou de faire des références dans les dits de l´autre et « se faire rendre en écho » se laisser emporter par le dit dans le témoignage et écouté étant présent avec le trauma que cela implique. C´est une manière de comprendre l´affirmation de Lacan « la pulsion de l´écho dans le corps du fait dont il y a eu un dire ». La fonction du passeur reste ainsi à la place de la pulsion, du parcours de la pulsion et non pas de la forme que prend la pulsion liée à la demande. Je crois que placer le rôle du passeur dans ces termes-là, est en rapport avec l´idée qu´il faut que le passeur soit en analyse et à un moment de l´analyse où son analyste peut le choisir, pour ce rôle, car il tient compte qu´il s´agit de quelqu´un qui peut écouter parce qu´il s´est écouté lui- même, dans la reconnaissance de la différence entre vouloir et désirer pour avoir été objet dans le Désir de l´Autre.

    Nous disons que le passeur est la Passe parce que tel un batelier, il fait passer d´une rive à l´autre ce que j´écoute pour le dire avec un savoir parler qui ne se connaît pas lui- même. Dans ce mélange pulsionnel, il parle avec le corps sans le savoir.

    Cette voix de l´expérience arrive au Cartel de Passage ou Jury – suivant comment on l´appelle- qui pourra produire de ce témoignage « une cartographie »[4] afin de lire ce que le témoignage offre. Pour appréhender ce que le témoignage apprend, sans le savoir, des questions cruciales transmises comme argument d´un dire qui veut donner témoignage, et de quoi ? De ce lieu du reste de l´opération qui l´a divisé et qui a voulu dans l´analyse perdre encore une fois les attaches à la détermination d´un « plus de souffrance » pour se faire entendre et pour offrir « son désir d´analyste » pour d´autres.

    S´autoriser du « même » à la troisième personne comme dans la blague. Un savoir à la troisième personne en suivant ce qui rend réelle son expérience de l´inconscient. Ce qu´un passant veut faire entendre pour l´avenir de la psychanalyse avec son témoignage.

    [1] Agamben, Giorgio Infancia e Histora Adriana Hidalgo editora Buenos Aires 2001

    [2] Neologismo que se inscribe como concepto a partir de un lapsus de Lacan en el seminario Ou…Pire al querer nombrar el diccionario de Lalande.

    [3] Sigo los desarrollos  de Norberto Ferreyra . Kline ediciones.en su libro la voz y el decir y relevo las diferencias respecto del desarrollo de Erik Porge en su libro La voz del Eco. Ed. Heres

    [4] “Una Cartografia” para pensar una nueva ética a partir   los campos de extermino como fracaso de la metáfora,  es lo que propone Georgio Agamben en su libro  “lo que queda de Auschwitz, el archivo y el testigo”


     

    Presentación realizada en el Coloquio Internacional convocado por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la Escuela Freudiana de la Argentina, la Fundación Europea para el Psicoanálisis y Mayéutica- Institución Psicoanalítica “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado en Buenos Aires los días 22 y 23 de marzo de 2019.

  • Reseña del libro ¨QUE ES LA REALIDAD II¨ El psicoanálisis, la ciencia y la política. Editorial Kliné

    El trabajo colectivo en un seminario, publicado como libro, parece dar forma a un género de escritura en psicoanálisis. Una producción que se autoriza con otros en un hecho de discurso que se escribe con el eco de lo dicho en las presentaciones orales.

    Alicia Álvarez, Osvaldo Arribas, Verónica Cohen, Clelia Conde, Norberto Ferreyra, Héctor Franch, Marta Nardi, Gustavo Pita, Alicia Russ, Anabel Salafia,  Noemí Sirota, quienes dictamos este seminario, hoy tenemos el gusto entregar este nuevo libro que bajo el titulo ¨Que es la realidad II, El Psicoanálisis, la Ciencia y la Política¨ resulta de la puesta en forma de presentaciones del seminario realizadas durante 2012*.

    En el primer capitulo nos encontramos con un minusioso trabajo de Osvaldo Arribas en torno a la distinción entre el Psiconálisis y la Ciencia, su implicación y la necesaria discriminación a partir de considerar un lazo social que surge como necesidad lógica a partir de la forclusión del sujeto operada por la ciencia.

    Norberto Ferreyra introduce en el capítulo 2 la articulación que dirige buena parte del trabajo, entre la moneda viviente (término que surge del Texto de Pierre Klossovski) y los cuerpos hablantes. Es de destacar en esta articulación, la relevancia que cobra ¨la significancia¨ comandada por lo Real a partir del límite a la formalización,

    En el capítulo 3, Gustavo Pita nos guía en la aprehensión de el nexo lógico que podemos encontrar entere lo útil y el goce a partir de la teoría de la ficciones en J. Bentham.

    Anabel Salafia, dará las claves de articulación que podemos encontrar en la lectura de Lacan con Klossovski en torno al fantasma en la economía de discurso.

    En el capitulo 4 Gustavo Pita y Marta Nardi avanzan en la distinción entre economía libidinal y economía de discurso en torno a la noción de utilidad, goce y fantasma.

    En el capitulo 5, Alicia Alvarez desarrolla las consecuencias de la necesaria distinción entre discurso del Amo y discurso Capitalista, y Verónica Cohen aporta las distinciones que requiere ubicar la teoría del valor en la articulación del Goce y el Síntoma.

    Por último en el capitulo 6, Norberto Ferreyra hace un minucioso desarrollo que consta de dos partes, Partiendo de la clase del Seminario XXIII de J. Lacan dictada el 17 de febrero de 1976, es decir poniendo en juego la topología del nudo, tomará el discurso capitalista, y la diferencia entre hablar de la forclusión de la castración y el rechazo de las cosas del amor.

    En ese mismo capítulo, quien escribe esta reseña*, tomando como pretexto un film, un producto de la industria en la cultura, desarrollo un aspecto de la articulación al fantasma, en ese rechazo a las cosas del amor que el discurso del capitalismo pone en práctica, en cuanto al dinero como signo y como prueba de amor.

    Qué es la  realidad? Una ¨formidable¨ pregunta que da que hablar y hace retornar esa cuestión que dió comienzo en 1991 al trabajo de la Fundación “Porque no hablar…. De Campo lacaniano? Un libro, un modo de decir, una política de discurso que invita a leer y hablar…….

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    *Segunda parte del seminario que, bajo el mismo nombre se dictó durante 2011, y que fue editado por Editorial Kliné, bajo el titulo Qué es la realidad.

    *Noemi Sirota, Integrante del Consejo de la Fundación del campo Lacaniano, y del grupo que dicta el Seminario.