Autor: lapsus

  • La voz y la mirada en los laberintos de lo Unheimliche

    Ya antes de abrir los ojos, el infans está inmerso en el mundo de los sonidos, de las palabras, del baño del lenguaje.
    Varios de los trabajos de este número de LaPsus Calami mencionan dos singulares especies de objetos de la pulsión que, aunque presentes en la obra freudiana, Lacan dis- tinguirá, retrabajará y acentuará su fundamental participación en la constitución del cuerpo pulsional. Ellos son la voz y la mirada.
    Me referiré en esta nota de lectura a los trabajos de Erik Porge Entre voces y silencios. Torbellinos del eco, quien inicia su texto con este párrafo: “[…] «las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir», el término «eco» es, en mi opinión, para tomar a la letra. Esto tiende, por otra parte, a dar a la pulsión invocante un carác- ter genérico en la combinatoria de las pulsiones, en tanto que esta es «la más próxima a la experiencia de lo inconsciente»”. También trabajaré el texto de Silvia Lippi, El espejo en la neurosis y en la psicosis…, que otorga
    a la pulsión escópica un rol privilegiado en- tre las pulsiones. Dice la autora: “[…] la mirada se inmiscuye fácilmente en toda forma de goce”. Y enfatiza que lo visual detenta un doble rol: pasivo (ser visto) y activo (ver). Vemos que ambos autores, en esos textos otorgan un ribete particular: Porge al objeto voz y a la pulsión invocante, Lippi al objeto mirada y la pulsión escópica, en la constitución del cuerpo pulsional y la estructuración subjetiva.
    Ese protagonismo se detenta en la clínica. Las peripecias respecto de las identificaciones del yo, respecto de la constitución del cuerpo especular, del cuerpo imaginario y del cuerpo pulsional, se hacen oír, repercuten en diversos fenómenos de lo Unheimliche, propios de lo que algunos autores llaman “inquietante extrañeza”, “inquietante fa- miliaridad”, “lo siniestro”, “lo ominoso” –caracterizados en la clínica por la despersona- lización, desrealización, autorreferencia, autoscopia y fenómemenos alucinatorios de distinta especie (auditivos, visuales y cenestésicos).
    En esa gramática que se juega con el Otro para la constitución de la pulsión, la voz y la mirada son las dos especies de objeto que protagonizando el drama especular para la constitución del yo, en el estadio del espejo, son susceptibles de devenir siniestramente alucinatorios.
    En el drama de la constitución del yo en el estadio del espejo, interviene la mirada del Otro y la voz del Otro, que con el asentimiento primordial certifi a que ese infans de carne y hueso es otro, es decir, ese cuya imagen unifi ada refl  a el espejo, que pacifica el cuerpo fragmentado autoerógeno e inaugura el nuevo acto psíquico que es el
    narcisismo, provocando júbilo.
    Como decíamos previamente, Porge parte del conocido aforismo “las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir”, dándole un lugar hegemónico y prínceps a la pulsión invocante para la constitución del circuito pulsional en las varias especies del objeto. Como cuando Lacan propone respecto del pecho que el objeto de la
    pulsión es amboceptor y cesible, está hablando del objeto oral pero es extensivo a las otras especies de los objetos, a los fines de la estructuración del yo y del cuerpo habitado por la pulsión.
    Propone lo que denomina “estadio del eco” como estadio de un origen “torbellinario”. Es “torbellinario” el origen de la pulsión invocante, lo que puede hacerse extensivo a todos los demás circuitos pulsionales.(1)
    Porge se pregunta: ¿cómo definir físicamente un torbellino? Se puede decir que se trata de una superficie (acuosa, aérea u otra) animada de un movimiento rotatorio en espiral alrededor de un agujero. Hay velocidades de rotación diferentes según los lechos.
    Para referirse al torbellino, cita a varios autores, como Edgar Allan Poe, Henri Poincaré, Theodor Schwenk,  Marguerite Duras y a Walter Benjamin, cuando en su ensayo sobre el drama barroco alemán, dice: “El origen es un torbellino en el río del devenir”. Y agrega Porge: “«Torbellino» califica de manera apropiada una estructura que porta en sí la cuestión de su origen, reproduciendo lo que está en el origen”.
    Trabaja el caso de Louis Wolfson, quien intenta neutralizar sus alucinaciones verbales, acompañadas de un gran sufrimiento, cuando escucha la lengua inglesa que es la materna. A través de sofisticadas operaciones lingüísticas como la transposición, la epéntesis y los parentescos etimológicos efectuados en otras lenguas como el francés,
    intenta neutralizar el efecto unheimlich de la voz materna. Esas alucinaciones tienen, por su “intrusividad” y vibración, un carácter netamente siniestro.
    Porge enfatiza el lugar de las consonantes sobre las vocales, como las que hacen escansión, las que introducen la discontinuidad en la continuidad. Afirma que es por las con-sonantes que se produce la implantación del  significante en el cuerpo y el acontecimiento del sujeto en lo real.
    Por su lado, Silvia Lippi acentúa el rol privilegiado de la pulsión escópica entre las pulsiones. Detalla las  dimensiones del cuerpo imaginario constituido por la proyección de una superficie, el cuerpo real sede de la  fragmentación pulsional y el cuerpo simbólico recortado sintomáticamente por el lenguaje, como sucede en la conversión histérica. La autora afirma que la consistencia de diversas alucinaciones es homogénea a las diferentes pulsiones. La pulsión y la alucinación se corresponden, ambas tienen la misma materialidad: el cuerpo, cuerpo que se apodera del sujeto a través de la alucinación. Es en el entramado del estadio del espejo que la autora ubica las fallas posibles de la estructuración subjetiva que hacen aparecer allí fenómenos alucinatorios del orden
    de lo siniestro.
    Para que se constituyan las especies del objeto a, insoslayables para la estabilización del fantasma, debe fracasar la identificación con el falo, y este fracaso se constituye cuando el adulto, con el asentimiento primordial, pronuncia al bebé de carne y hueso, señalando su imagen en el espejo: “Tú eres eso”. Paradójico drama especular en que
    el sujeto queda dividido entre el cuerpo unificado de la imagen en el espejo y lo imperfecto, privado de la coordinación motriz y dependiente del Otro que es su cuerpo real. Esto, indisolublemente mediatizado por la distancia que separa a ambos.
    El sujeto es uno pero también es otro, efecto paradojal que se evidencia siniestro en la experiencia de despersonalización, desrealización, autoscopia, diversas manifestaciones de lo siniestro que para la autora no son exclusivas de la psicosis sino que también pueden darse en la neurosis.
    La experiencia del doble es paradigmática de ese sentimiento de lo unheimlich y ofrece una semiología que va desde la más sutil despersonalización a la alucinación del doble.
    Afirma Lippi: “La imagen especular incluye la falta: desajuste entre el cuerpo y su imagen, distancia entre los dos, distancia que permite mantener lejos –imperfecta, incompleta– la identificación con el falo”.
    Las consecuencias de estos avatares de lo imaginario se manifiestan de modo diferente en la neurosis y en la  psicosis. Dice la autora: “En la neurosis, la falta (el falo) deviene lo imprevisto representable, se encarna en la imagen que fascina al sujeto. […] El sujeto no se encuentra más ahí: es la despersonalización. […] la relación dual pura desposee al sujeto de toda relación con el Otro simbólico, capaz de instaurar una distancia entre el sujeto y su imagen. […] Generalmente, estos estados son pasajeros en la neurosis.
    En la psicosis, las cosas se llevan de otra manera. La angustia se transforma en pérdida identitaria y/o en  sentimiento de persecución. Para Lacan: «[…] este sentimiento de relación de desposesión remarcado por los clínicos para las psicosis, desposee al sujeto de esta relación al Gran Otro. […]»”.
    Vemos que ambos autores señalan a la voz y a la mirada como objetos pulsionales esenciales en la constitución subjetiva y en la estabilización fantasmática, cuando es posible su constitución.
    Creemos que ambos textos tratan, con suma rigurosidad, la particularidad de los circuitos escópico e invocante y la gramática que ponen en juego y cómo pueden llegar a transitar los laberintos de lo Unheimliche. En el armado de la pantalla imaginaria en la constitución del yo, ambos objetos pueden volverse de una inquietante familiaridad, de lo Unheimliche, ofreciendo una variada gama de manifestaciones en la clínica que nos compete.


     

    (1) Es interesante, respecto del origen “torbellinario” de la pulsión, lo que desarrollo Roberto Harari en
    el libro La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal,
    Barcelona, 2001.

  • Lo Unheimliche, la experiencia del doble y el acontecimiento estético

    […] pronto noté con perplejidad que el visitante intruso era mi
    propia imagen.
    Sigmund Freud

    De entrada, en su artículo Lo siniestro, Freud pone en consonancia la clínica de la angustia con la estética. Nos  preguntamos: ¿qué interés guarda para el psicoanálisis vincular ambos campos? Intentaremos ceñir esta pregunta
    a partir de algunos interesantes escritos de este número de LaPsus Calami. Aclaremos que se trata de una angustia que no entra en el cerco de la angustia señal, esa que está enmarcada por el fantasma, sino de otra angustia, automática,(1) pavorosa, terrorífica, que espanta, asociada a la pérdida de las coordenadas del tiempo y el espacio en el sujeto, que lleva a la despersonalización y, al decir de Norberto Ferreyra en su texto, es “signo
    de la imposibilidad de que algo nuevo pueda ocurrir”.(2)

    Subrayemos también que el abordaje de la estética que propone Freud y que pone en relación con esa angustia, es el de aquello que no refiere precisamente al campo de lo bello, de la buena forma o de lo armónico. Se trata de la estética de lo feo, de lo extraño, de lo sombrío, de lo siniestro, de lo que espanta y aterroriza, pero que a su vez, como el término Unheimiche lo expresa, contiene en su núcleo lo más íntimo, lo familiar, lo heim. Al comienzo
    del texto, Freud lo define como aquella modalidad de lo pavoroso que viene de lo que hace mucho tiempo es conocido y familiar.
    Los diversos autores ponen a prueba y optan por diversas traducciones. Algunos, partiendo de que “excita angustia”, lo traducen como “inquietante extrañeza”; otros, poniendo el acento en lo familiar, como “inquietante familiaridad”. Siguiendo a Freud podemos decir que lo siniestro es aquello que para el sujeto le viene desde lo que hace mucho tiempo es conocido y familiar, pero que indudablemente no se le presenta como tal. ¿Y qué es lo que tiene esas características? Lo más primitivo en su constitución atañe al tiempo lógico en que ocupaba el lugar de objeto para el deseo del Otro. Es la constitución del sujeto como das Ding.
    Varios autores trabajan esto para pensar ese tiempo lógico que habita al parlêtre y que de diferentes modos, y no exclusivamente en la psicosis, puede desencadenar fenómenos de despersonalización, de persecución o de
    autorreferencia. Lo siniestro es lo que viene a irrumpir en el júbilo del cuerpo especular, lo que despedaza el semblante, corre el velo de lo imaginario y no acepta articulación simbólica. Como la imagen que vio Freud cuando se abrió la puerta del vagón del tren y el sacudón le mostró, en el reflejo del vidrio, la imagen de un viejo ya pronto para ir a dormir.
    Paradójicamente, ese lugar en que el sujeto se encuentra en manos del Otro, inmerso en su goce, esclavizado por su demanda, subordinado a su deseo, alienado a sus significantes y que le sobreviene como unheimlich, es un tiempo lógico que es condición para su existencia como sujeto. Al decir de Freud, que lo toma de Schelling, “[…] es todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”. (3) El fenómeno del doble es paradigmático de este sentimiento de lo siniestro. Por eso, varios autores lo toman para dar cuenta de él. Por ejemplo, Isidoro Vegh lo dice en estos términos: “También el fenómeno del doble sería la puesta en la escena real de un tiempo supuestamente superado, el que muestra el modelo óptico de Lacan como su primer tiempo, cuando el infans encuentra su yo como ideal –yo ideal– en el campo del Otro. Su irrupción, aún en neuróticos, nos estaría indicando que el archivo nada pierde y que su actualización puede verse incitada por insuficiente paso por el  procesador lógico que caracteriza al inconsciente como lógica de incompletud, o bien por incitaciones que desde la realidad promuevan la vía inadecuada al retorno de lo igual.
    […]
    Su retorno demoníaco es el retorno de lo que el sujeto no gobierna, compulsión de repetición, repetición de lo  mismo, de un mismo goce que como real, aterra al sujeto al cual ignora. Retorno como otro, en el doble, retorna
    como lugar inmanejable, donde el shifter no admite al sujeto e impera el Otro”.
    Juan David Nasio, en la entrevista que nos concedió para este número, también se refiere a la experiencia del doble para decir que lo siniestro anida en el narcisismo más primigenio, ahí donde no están definidos o  diferenciados los campos del Otro ni del sujeto. Lo dice en estos términos: “La inquietante extrañeza, en Freud, es la inquietud que provoca en mí lo familiar, lo conocido, lo archiconocido, tan archiconocido que es el doble, que soy yo. Por eso, si uno relee bien el texto, Freud se inquieta frente a la imagen de él en el vidrio, ¡pero es la imagen de él! No es la imagen de alguien que es un monstruo.
    Entonces, esa traducción, «inquietante extrañeza», ha llevado a que mucha gente (yo incluido, en un primer  tiempo) creyera que se trataba de la inquietante monstruosidad, de un monstruo inquietante. ¡No! Es la inquietud
    que provoca en nosotros lo más cercano a nosotros, lo más parecido a nosotros. Me parece extraordinario ese texto de Freud porque señala un fenómeno psicológico muy interesante: Freud se asusta de algo que, en realidad, es él, es su propio reflejo en el vidrio. Se trata de la angustia provocada no por una cosa grave que pueda ocurrir o por algo que sea completamente inimaginable, inhumano. ¡No! Es la angustia que se produce ante mí mismo, en el yo mismo, cuando me acerco al espejo, miro mi cara y, de pronto, descubro un granito en la piel, me asusto y digo: «¿Y eso qué es? ¿Pero no será un cáncer? ¡Ay, ay, ay!». Y me asusto. Esa es la angustia de la inquietante extrañeza. Es realmente mi imagen en el espejo, esa cara que conozco de memoria, esa cara que veo todos los días desde que soy niño y tengo una conciencia lúcida. Yo diría que uno se ve desde el estadio del espejo, entonces, esa cara la conozco y, sin embargo, cualquier día uno va al espejo, mira un lunar que tiene en el cuello y se asusta porque ese lunar tiene una forma diferente.
    […] No hago más que transmitir lo que yo entendí y que me parece que tiene un alcance clínico mucho más  profundo y mucho más cercano que pensar que es la inquietud de que aparezca un monstruo detrás de una columna o detrás de una puerta. Por eso es el «doble» y no es el «otro». Sartre decía «el infierno son los otros»”. Freud, con la inquietante extrañeza, dice que «el infierno es uno mismo». Esto me recuerda a una paciente que
    frente a la aparición de lo “panicoso”, como ella llamaba a una intensa angustia paralizante y terrorífica que la tomaba frente a diversas experiencias que, aunque buscadas, eran novedosas en su vida –como un embarazo o el
    estreno de una de sus obras–, se decía “rescatate”, y solía ponerse a escribir. ¿Qué tienen en común el psicoanálisis y el acontecimiento estético sino posibilitar una praxis en la que haya un tratamiento de lo real por lo simbólico? Recordemos que el artículo Lo siniestro es de 1919, o sea que está a las puertas de la elaboración y conceptualización de Más allá del principio de placer, de 1920, giro capital en la historia del psicoanálisis por el lugar que va a ocupar la pulsión de muerte.
    Si la angustia, al decir de Lacan, es la única traducción subjetiva del objeto a, la angustia terrorífica, indómita, que se presenta como extrañeza, aunque anide en lo más íntimo del sujeto, la de lo Unheimliche no tiene traducción,
    es intraducible, no hay palabra que la pueda ceñir, a pesar de los esfuerzos etimológicos iniciados por Freud en su célebre texto.
    Entendemos que allí tiene lugar el arte, la producción estética, la invención, particularmente aquella que no concierne ni a lo bello ni a lo armónico ni a la buena forma. Freud encontró que el Romanticismo alemán, en
    su prolífica fantasmagoría, tuvo mucho que decir al respecto y echó mano del cuento de Hoffmann, El hombre de la arena.
    Es interesante el lugar que ocupa la obra de arte, la que le proporciona otro lugar de alojamiento al sujeto, más allá de la imagen especular, un lugar de vaciado (moulage) de aquello que se pergeñó en la propia matriz o molde
    (moule) de constitución del yo del artista. (4)
    Varios de los textos de este número de LaPsus Calami trabajan lo siniestro desde diferentes expresiones del arte. Citaremos solo algunos, los que reflexionan sobre artistas cuya obra es visual. Por ejemplo, Juan David Nasio
    cita a Vallotton y su obra pictórica, en la cual vuelca ese sentimiento angustioso, amartisse, amargura. Diana Voronovsky, a Francis Bacon. Lucia Serrano, a Rothko, para quien “la pintura no es sobre la experiencia. Es
    una experiencia”. Alba Flesler, a Roland Barthes, quien sobre la fotografía dice: “Es el advenimiento del yo mismo como otro”.
    Textos que dicen que frente a lo siniestro, cuando colapsan las coordenadas del fantasma, se sacude la utópica “realidad” e irrumpe lo real. Tanto el artista como el que queda extasiado con su obra, encuentran otro lugar donde alojarse, un heim que no sea Unheimliche, un marco diferente del espejo del Otro. Didi-Huberman (5) diría “lo que nos mira” cuando vemos y nos ubica en la dimensión de otro umbral, donde el tiempo es otro que el
    del cuerpo de la imagen especular sancionada por el Otro.
    Arte de levare y no de porre, la praxis psicoanalítica, al igual que el acontecimiento artístico, produce ese vaciado indispensable para que en el lugar del exceso asfixiante del objeto germinen las vivificantes hebras del deseo.


     

    (1) Recordemos que la noción de “angustia automática” fue introducida por Freud al reformar su teoría
    de la angustia en Inhibición, síntoma y angustia (1926), es decir, algunos años después de escribir Lo
    siniestro, y se diferencia netamente de la angustia señal, que es una  señal de alarma para el sujeto ante
    lo traumático.
    (2) Ver el trabajo de Norberto Ferreyra en el presente número.
    (3) Sigmund Freud: “Lo ominoso”, en Obras completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, vol. XVII,
    pág. 225.
    (4) Ver los párrafos traducidos del libro Arte y psicoanálisis, al final de la entrevista con Juan David Nasio.
    (5) Georges Didi-Huberman: Lo que vemos, lo que nos mira, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2004.

  • Das Unheimliche, work in progress…

    Presentación de Lapsus Calami N° 5 en la Biblioteca Nacional el 30 de abril de 2016

    Por Ilda Rodriguez

    El escrito freudiano de 1919 que lleva ese nombre, tiene una relevancia fundamental para la inserción del psicoanálisis en la cultura. Forma parte de un cabal work in progress –que se va realizando sobre la marcha-  puesto en acto por Freud a partir de esta  “palabra-concepto” – como la llama – donde la importancia del término, de su significación, es esencial a la construcción, definición y puesta en relación con otras nociones de la doctrina psicoanalítica. ¿Cómo nombrarlo en nuestra lengua castellana, si en ésta no existe una palabra que pueda brindar todos los matices que propone el padre del psicoanálisis para lo Unheimliche, habiendo dedicado su primer capítulo al estudio de esas posibilidades lenguajeras? Quiero decir que la palabra alemana misma escribe de lo que trata la noción, al modo del performativo. Desde luego que hay allí una incidencia del “genio de la lengua”[1]alemana, puesto que cada lengua goza del suyo.

    Ahora bien, Freud nos alerta que en su exposición va a tomar esta vía, la del uso que la lengua muestra, luego se abrirá camino a través de una colección  de casos particulares y sólo más tarde encontrará su confirmación. Incluso, había insistido en distinguirlo como “más estético” que clínico. ¿Acaso esta consideración dará en hablar, tal vez, de un carácter no reductible fácilmente al significante, mostrando una incidencia del registro de lo Real?  Es claro que lo Unheimliche freudiano, de inicio trae un problema a su traducción en otras lenguas, eso es seguro. Pero ¿qué novedad nos trae a los analistas con lo que intenta mostrar mediante esa noción?

    A no dudar que estamos frente a una novedosa “fábrica del concepto”, habida cuenta de que el inventor del psicoanálisis nos advierte que si bien aquella “palabra no se usa en un sentido que se pueda definir de manera tajante”, puede encontrarse[2] que esa “palabra-concepto particular contenga un núcleo que justifique su empleo” y “se quiere averiguar cual es el núcleo común que  permite, por ejemplo, diferenciar algo “Unheimliche” dentro de lo angustioso”.[3]  En esa línea, por ejemplo, se da a leer la reproducción in extenso –por Freud– de “las entradas de diversos diccionarios” Estas consideraciones preliminares apuntan a ir concluyendo que “Entonces heimlich es una palabra cuyo significado evoluciona hacia la ambivalencia, hasta  coincidir con su opuesto, unheimlich. De algún modo, unheimlich es una especie de heimlich.”

    De nuevo, vale consignar cierta condición paradójica detectable en la noción que denuncia su relación con lo Real y que se aprecia cuando Freud plantea cómo lo familiar deviene siniestro, y tan significativo como que lo heimliche (íntimo, familiar), en sus variantes semánticas se torna en Unheimliche” (extraño, no familiar)

    En el Seminario XXIII, Lacan nos habla del  parolier[4], que bien traducido hace referencia a “quien pone lo suyo, sobre ese texto del Otro”.[5] Así este “parásito libretista”- ¿posición en nuestras notas de lectura?- es un ¿virus? ineludible padecido por el parlêtre. Precisamente, somos invadidos por distintas propiedades de las palabras, especialmente por su polifonía. He aquí la cuestión, ¿debemos someternos a ella dejándonos hacer por todo lo que evoca e invoca cada palabra? ¿Importa liberarnos de la omnipresente polifonía cuando decimos que una palabra solo quiere decir lo que dice?

    Se sabe que el inventor del psicoanálisis interroga los escasos puntos de contacto entre  psicoanálisis y estética; específicamente cierto sector de esta, uno alejado, marginal para que nos provea algunas respuestas sobre el funcionamiento de nuestra vida psíquica. En esta dirección se esboza el propósito de poner a hablar lo coral de algunos textos que componen este número, prevalentemente los que tratan lo Unheimliche en tanto “un ámbito determinado de la estética”, el “de la ficción”, no menos que por “el papel que tiene para la teoría psicoanalítica la investigación de las representaciones literarias y artísticas […], y en el campo más amplio de los procesos culturales contemporáneos”[6]

    Se trata de lo Unheimliche leído en clave polifónica desde el arte en psicoanálisis o desde un arte modificado por el psicoanálisis. En todo caso, en una relación plural y múltiple, como quizás pueda apreciarse… inesperadamente.

    Sin duda que lo mencionado abre a una de las paradojas que nos enseña la estética en relación con la belleza, y es que cabe encontrar, precisamente, la fascinación por lo siniestro. Por eso, no es inusual que alguien casi se lance hacia eso, pretendiendo recuperar allí ese goce que le falta y así poder lograrlo. Resta hacer la salvedad de que así es mentada la falta –paradójica– de un goce que fue perdido y que nunca se tuvo, lo cual da cuenta de una determinación Real, ya que esa procura no cesa… de no escribirse.  Desde tal perspectiva, su andadura se rige por una multiplicidad de voces plenivalentes para decir lo Umheimliche en sus inflexiones clásicas y novedosas, sostenida por una lectura capaz de autorizarse en la generación de enigmas.

    Manos a la obra, pues, para comenzar a despejar el interrogante suscitado, no sin procesar el efecto de enseñanza que implica, porque desde ya en el recorrido por los distintos textos que avanzan el concepto, habremos de tropezar con aparentes contradicciones, con tanteos y tal vez con formulaciones definidas, retroactivamente, como provisorias. En esta orientación, resulta –a todas luces – cardinal seguir las notas y referencias freudianas que van conduciendo a reescrituras, agregados, transferencias a diferentes artículos en otros momentos y en la vía de la formulación del concepto.[7]

    Un mínimo despeje iniciado exige exponer algunas cuestiones de manera gradual, comenzando por el distingo que se deja captar en lo Unheimliche freudiano cuando es volcado al francés, por ejemplo, como inquiétante étrangeté –inquietante extrañeza, en castellano. Entendido en tal tesitura, vale la pena acentuar que lo extraño sabe –con presteza– ser inquietante y por cierto, que tiene cierta lógica. Pero entonces, ¿qué de novedoso nos traería Freud con unheimlich si fuera la inquietante extrañeza?

    Retomando nuestro hilo, puede verificarse que en su work in progress hacia la conceptualización de lo Unheimliche, Freud va tomando el pulso a la noción –siguiendo un genuino designio– alrededor de: unas respuestas, sensaciones, sentimientos, pensamientos, creencias, impresiones, ante algo.

    ¿Adónde nos conduce lo hasta aquí expuesto? A mi juicio, a una conclusión –provisoria tal vez para nuestro tránsito – en la que Freud nos llama la atención introduciendo el término Überwundensein y ofreciendo esta lúcida explicación: “[…] tan pronto como en nuestra vida acontece (ereignet) algo que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones (Überzeugungen) tenemos el sentido de lo siniestro” y a veces, el desencadenamiento de una repetición del fracaso (a) una neurosis de destino.

    Quizás podamos situar un “tipo” singular de angustia que emerge en la repetición del fracaso, que posibilita leer lo siniestro dentro lo angustioso. Así, ante la tercera ocurrencia de lo igual – se desencadena el desprendimiento del objeto a en el cual el parlêtre comprometió su oquedad y forzándose la función fantasmal, acaece el retorno de lo superado (Überwunddessein)”… identificándose a ese objeto en su caída.

    Pruebas al canto: hemos dicho que al escudriñar lo Unheimliche, Freud realiza un rastreo conceptual y etimológico que promueve lo equívoco, lo vacilante, lo abismal, realizando una lectura que permite reescribir el término de una manera novedosa.

    De nuevo: terminará mostrando-como señalábamos-  que la voz heimliche coincide con Unheimliche: todo lo que, debiendo permanecer secreto, oculto… en latencia;  no obstante se ha manifestado (Schelling). Es decir que lo Unheimliche no sería nada nuevo, sino algo que le fue familiar a la vida psíquica y que se manifiesta como una presencia sin representación, un huésped que atraviesa la barrera protectora y que une al instante de lo siniestro con un instante de desamparo percibido en el sujeto. Podríamos decir que el sujeto se desorienta, puesto que la experiencia de lo Unheimliche ilustra, como se sabe, esa sensación de haber caído en una encerrona –exactamente ese momento–, de ser devorado por el deseo del Otro, de no dejar un lugar para que alguien pueda alcanzar su “poco” de libertad.

    Habría que atender más a esa noción freudiana  Überwundensein, traducida por “retorno de lo superado”, que acontece al destaponarse la función fantasmal, bajo la forma de convicciones férreas y  de tinte deliroide, ante las que el parlêtre se angustia. Ha sido la lectura de Roberto Harari la que le ha devuelto su sitio a ese término, en el tratamiento de lo Unheimliche,[8] ya que su autor lo había diferenciado estrictamente del retorno de lo reprimido, apoyándose específicamente –según entiendo– en la mudanza de la posición subjetiva denotada por esa experiencia. Sin embargo, resulta bastante habitual la explicación unívoca por aquel sesgo de lo reprimido.

    Inherente a dicha discriminación, resulta destacable el valor de lo que “acontece”, que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones, y lo que retorna es un sinsentido, repitiéndose “algo que parece” o “que no es ni parecido ni no parecido”. En todo caso, se trata de un des-encuentro frente a lo que se vuelve unheimliche por su ligazón con la angustia. Otra vez aparece en la escena lo que debería permanecer oculto y sin embargo se ha manifestado. Convendría, entonces, desentrañar esa manifestación del retorno de lo reprimido de lo que constituye un retorno de lo superado. Es decir que dicha operación da cuenta de que la angustia ex-siste a lo simbólico. Es que dicha inermidad ante el Otro comporta la imposibilidad de contrarrestar “su llamado”, esbozándose la certeza del sujeto. Se alude a aquellas antiguas convicciones supuestamente perdidas, que al retornar, engendran algo del orden de una certeza, ocasionando ese sentimiento de lo siniestro.

    Por cierto, que en la angustia hay una inequívoca referencia a la espera. A mi entender se trata, en esta aprehensión, de eso en lo angustioso a lo que Freud reconoce como lo siniestro (el nada, el a). Entonces, resulta interesante puntuar algunas cuestiones en relación con la angustia asimilada a lo siniestro, paradigmáticamente, y en su referencia (Beziehung) al a.

    Ahora bien, si como enseña Lacan, la angustia no es sin objeto, ¿cuál sería el objeto de lo siniestro, habida cuenta de lo que se viene atestiguando acerca de un objeto angustiante inminentemente presente? Hay otras referencias a lo Unheimliche, además de las ya mencionadas, que sin duda incluye una respuesta ante lo inhabitual, lo incomprendido, lo inesperado, etc., cual es el a bajo la forma de la voz –audible, por ejemplo, en las alucinaciones paranoicas o en los mandatos delirantes.

    “Acaso sea cierto que lo Unheimliche sea lo familiar-entrañable (Heimliche-Heimische) que ha experimentado una represión y retorna desde ella, y que todo lo Unheimliche cumpla esa condición. Pero el enigma de lo Unheimliche no aparece resuelto con la elección de ese material. Nuestra tesis no admite ser invertida”-refiere Freud.[9] Desde ya que el enigma está mentando el registro de lo Real y es definido por Lacan como una enunciación que no encuentra –aún– su enunciado, en el Seminario El sinthoma. Esta es la apuesta en juego que no hacemos sino ahondar y precisar: “Nada responde a los enigmas”.[10]

    Sin duda, que no se deja de aludir a una cuestión sobre la que cabe volver una y otra vez, cual es, una lectura de la novedad. Es decir, cómo la pérdida de la procura de lo novedoso, angustia; antes bien, se trata del temor a no poder salir de lo viejo, cuyo reaseguro consiste en el “antídoto” de la castración.

    Digámoslo otra vez, se trata el nuestro de un trabajo que se va realizando sobre la marcha – el work in progress freudiano –y aquí en este coloquio sigue sucediendo en acto, topándonos con aparentes contradicciones, con tanteos,  con formulaciones definidas, en la retroacción, como provisorias…

    Concluimos por ahora, con la voz del genio vienés en la introducción de su Das Unheimliche –momento en que la Primera Guerra Mundial acababa de finalizar-: “Por lo demás, debo confesar que por razones fáciles de colegir, propias de esta época, para este pequeño ensayo no he examinado a fondo la bibliografía, en particular la de lengua extranjera, y por eso no sustento ante el lector ninguna pretensión de prioridad”.[11]

     

    Ilda Rodriguez, Extensión de lo siniestro, BN, 30/4/16

    ildaarodriguez@gmail.com

    [1]Cf,  Ilda Rodriguez,  El genio de la lengua en LaPsus Calami Nº4, Traducción en Psicoanálisis, Letra Viva Editorial, 2014, p.181

    [2] Vale afirmar que “el que busca, encuentra” es una modalidad del  work in progress.

    [3] Sigmund Freud: “Lo ominoso”, en Obras completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986, vol. XVII, pág. 245.(manuscrito inédito-texto bilingüe-Edición y comentarios L.F:Klimkiewicz)

    [4] Parolier: Compositor de la letra de una canción, texto en el cual está escrita la música de una obra lírica de la ópera, libretista (Le nouveau Petit Robert de la langue française).

    [5] Roberto Harari: ¿Cómo se llama James Joyce? A partir de “El sinthoma”, de Lacan, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1995, pág. 178.

    [6] Ibid

    [7] Cf. los artículos de Freud de 1907, 1909, 1910, 1917 y 1924, por ejemplo.

    [8] Roberto Harari: La repetición del fracaso, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1988, pág. 152.

    [9] Sigmund Freud: Op. cit. (El subrayado me pertenece).

    [10] Crítica sobre El ojo, libro de Alberto Girri, escrita por Alejandra Pizarnik.

    [11] Sigmund Freud: Op. cit.

  • LaPsus Calami Nº 5, Porto Alegre 2015

    Por Ilda Rodriguez

    Que prazer nos provoca compartilhar com todos vocês – amigos, colegas e aqueles que hoje se sentiram convocados – esta apresentação de nossa LaPsus Calami Nº 5, La angustia y lo Unheimliche, neste colóquio sobre a temática! Trata-se de apresentar, conforme nos diz o dicionário, uma desconhecida até aqui, por intermédio de alguns que a conhecem, a um terceiro que deseja conhecê-la. Com efeito, tentaremos oferecer alguns dados iniludíveis para estabelecer uma conversação com vocês, os leitores, que permita construir uma amizade rica, fluída e produtiva com nossa Revista de psicoanálisis, bem como afiançar a já iniciada com os números anteriores.

    A LaPsus Calami vem procurando, entre outras questões, situar as principais diferenças que surgem na psicanálise atual, especialmente no âmbito de Convergência, Movimento Lacaniano para a Psicanálise Freudiana – embora não somente, como terão ocasião de apreciar. Entre essas diferenças, deverão ser consideradas não só as que surgem pela história e pelas transferências de trabalho que foram traçando certos percursos, mas também as originadas em diversidades geográficas, culturais e, particularmente, as produzidas pela passagem de línguas, “porque o reconhecimento da diferença entre línguas enriquece o trabalho em psicanálise e permite evitar a hegemonia de uma língua sobre outras”.[1]  Por isso, o desafio que nosso grupo se propõe ao editar LaPsus Calami é publicar uma seleção de textos que representem essas diferenças fecundas sobre um tema escolhido cada vez, com a finalidade de instalar as múltiplas perspectivas, lê-las e colocá-las a trabalhar mediante um artifício que denominamos Notas de lectura (comentários sobre matérias lidas). A tarefa não é fácil, já que – por inércia – ao defender uma posição mais próxima à própria, tende-se a desmerecer o outro enfoque, sem pesquisar suficientemente para poder localizar seus motivos e, dessa maneira, enriquecer ou modificar a própria posição, de modo que tenha consequências. Localizar as diferenças que são postas em ato em cada artigo não significa estabelecer uma simples confrontação teórica, e sim desdobrar seus fundamentos, localizar um traço no Real da cura, situar a transferência a diferentes tempos da obra de Freud e de Lacan, bem como o contexto no qual essas variações foram produzidas, procurando localizar as decisões de leitura tomadas por quem produz em seu contexto. Cabe advertir que nossa leitura “produz” em ato numerosas controvérsias que não sempre são fáceis de serem asidas, posto que, ao não existir uma linha única de leitura, tampouco rege uma mesma “língua psicanalítica”. Longe de considerar essa multiplicidade como um defeito e procurando unificar ou totalizar essas tentativas, apostou-se em preservá-la, propondo-se “alojar em seu seio o princípio de uma diferença fecunda presente nessa multiplicidade”.[2]

    Pois bem, parece-me que a LaPsus Calami, devido ao fato de se especificar justamente na publicação de trabalhos de analistas que oferecem suas letras para falar sobre as temáticas colocadas a consideração, os editores respondemos – estendendo o convite à escrita – com o artifício das Notas de lectura.  Quero dizer, de uma escrita levada a cabo pelo leitor e pelo autor respectivamente, podendo assim nos posicionar – enquanto analistas – como leitores coprodutores dos textos.  Às vezes, é claro que nesse convite à reescrita, e é algo que de ser lida é possível verificar, a repetição gera uma diferença inexorável.  Por exemplo, há Notas de lectura surgidas de um conjunto de textos díspares que se movimentam impelidos – como um jogo de forças – conforme o movimento de um “atrator estranho”[3] para quem escreve e que se trata de um “pequeno detalhe” que vai quebrar o anelo que ilude uma comunicação unívoca. Em ocasiões, a malha da Nota é o tecido circundante de um deles e, em outras, os recortes e as pontuações – de que elas se servem – ecoam entre si, contornando-se, enroscando-se  como uma telescopagem e entremisturando-se. Inclusive costuma acontecer que – pelo menos em minha prática – ao encontrar-nos com os textos que supostamente tratam do tema em questão, a princípio na recepção da leitura surge a dúvida, a incompreensão flutuante, a vacilação, a hesitação, a suspeita desconfiada ante nossas conjeturas; enfim, surgem sentidos vários, justapostos, em linhas paralelas, autônomos que, às vezes, não se articulam com o consabido e talvez – nem sempre acontece – a gente se depara não somente com muitos sentidos, mas sim com um plurissentido paradoxal dos textos.

    Tudo isso, a meu entender, não faz mais do que exacerbar – pondo em ato – o presente da leitura que não é separável de uma historicidade da qual a escrita não goza, já que ela só se sustenta pelo fato de estar presente no presente.  Em outras palavras, se ler começa somente quando se relê, talvez poderia se dizer que no encontro da leitura da escrita é que a natureza da LaPsus Calami se torna possível.

    Por conseguinte, eu convido vocês para lerem este número, especialmente porque estou convencida de que se houvesse uma noção, uma categoria digna de ser considerada nodular em nossa psicanálise, eu não duvidaria em afirmar que Das Unheimliche merece ocupar esse lugar.  Um dos motivos dessa afirmação – não o único, é claro – se deve a que ela chama para ser conjugada tanto na intensão quanto na extensão da psicanálise. É assim que hoje estamos com a LaPsus Calami dedicada a sua expansão, não sem interrogar suas relações com outro conceito maior: o da angústia.  Com efeito, é possível verificar nos artigos, nas entrevistas, conversações e notas de lectura que a compõem, que aquele constitui um campo iniludível da praxe e da experiência do psicanalista.  Para expressá-lo de uma outra maneira e com Bakhtin, a leitura na LaPsus Calami sustenta uma dimensão de exotopia respeitante ao texto: isto é, formular ao texto alheio – “ler como se fôssemos outros” – perguntas não esboçadas por ele, procurando suas respostas a nossas interrogações para descobrir, na tentativa de responder, novos aspectos, novos percursos.[4]

     

    [1] Ata de Fundação de Convergência, Movimento Lacaniano para a Psicanálise Freudiana

    [2] Ibid.

    [3] Cf. Roberto Harari: La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2001.

    [4] Cf. Mijaíl Bajtín: Estética de la creación verbal, Siglo Veintiuno editores, México, 1982, pág. 352.

  • Poésie et psychanalyse. Una asociación ilícita (Une association illicite) – Enrique Tenenbaum

    Présentation 13/6/17 Paris  [1]

    Ilda Rodriguez

    “Le rêve ne se propose de rien dire à personne et, loin d’être un moyen de communication, il est destiné à rester incompris.

    Sigmund Freud

     

    El poema no tiene sentido, no tiene destino 

    (Le poème n’a pas de sens, il n’a pas de destinée)

    Alejandra Pizarnik

    En paraphrasant Lacan, nous constatons que l’on commet parfois avec lui la même erreur qu’avec Freud, qui consiste à ne pas avoir lu ce qui était écrit. Il me semble qu’il s’agit ici de mettre l’accent sur la nouveauté de l’écrit, dans le but de faire avancer la psychanalyse sur ce qui n’a pas encore été lu dans certaines parties de l’œuvre[2] de Freud et de Lacan. Il faut également articuler avec cela la périodisation[3] dans la lecture de ces œuvres psychanalytiques ouvertes. Il me semble qu’un tel traitement ne signifie pas une avancée, en entendant par-là que les derniers travaux sont meilleurs que les précédents et que ces travaux antérieurs peuvent être laissés de côté, étant donné que la psychanalyse comporte une praxis poïétique[4] à déployer dans et à travers la parole, en fonction de ce que veut dire parler en psychanalyse ; comme on peut le voir à la lecture de ce livre.

    À cet égard, si nous concevons l’écrit comme appartenant au réel, nous ne postulerons pas son impossible exhaustion; mais nous devons d’abord nous intéresser à ce que me fait dire le déploiement de cette « relation illicite entre la poésie et la psychanalyse ». En effet, un élément remarquable de ce texte est la générosité à l’égard de son lecteur – c’est du moins mon expérience- il l’accompagne, l’interroge, l’invite à le faire fonctionner, à infliger une certaine violence à ses letres et, pourquoi pas – « faites comme moi, ne m’imitez pas » – en effectuant ce que l’auteur fait au poème dans un pivotement dans lequel il apparait entre l’invention poétique et l’invention psychanalytique. Encore une fois, il présente en acte une pratique de la langue en tant qu’écriture. Enfin, il encourage à prendre la place du lecteur qui « rétro-fonde ce qu’il est en train de lire ».[5]

    Il faut ajouter que Lacan, en relation avec l’inconscient, déclare que le langage est au cœur de ce qu’il enseigne et il ne cesse d’insister sur le fait que l’on a parfois tendance à oublier que ” la parole n’est pas le langage, et que ce dernier fait parler drôlemen qui se spécifie dans ce parlage[6]dont l’apparition se produit pendant la session d’analyse par le biais du transfert. Disons que nous sommes bifides et que l’émergence de lalangue nous donne un modèle d’analyse. Ni strate ni fond, mais fondé par une opération de l’analyste qui fend la langue du phrasé analysant, inaugurant un nouveau signifiant. Et voilà pourquoi « notre » texte montre à travers les actes que le travail analytique vise à tenter de sauver le pouvoir virtuel du langage et non pas à se déplacer dans le strict registre de la langue.  Ainsi le fait de nous accepter en tant que bifides implique un déplacement entre la langue et le langage. A ce propos, Lacan, modifie fortement cette idée selon laquelle nous sommes parlés en suggérant que s’il n’y avait pas une sorte de petite modification – une encoche – produite par le parlêtre, cette langue mourrait.[7]  Cette virtualité, ce pouvoir, c’est celui qui insiste encore et encore à la suite de la lecture du livre : une manœuvre que chacun fait parce qu’elle est de l’ordre de la singularité et qu’elle joue en chacun de nous avec notre condition bifide. Nous ne sommes pas victimes d’une langue qui nous attrape tous de la même manière, ni parlés en conséquence; au contraire, il existe une petite avancée dans une psychanalyse en fonction de cette invention dans la langue qui nous contraint et qui rend l’acte de parler bien singulier en tout cas. Ainsi, et selon une lecture survenue a posteriori, nous atteignons le point où, s’il y a une différence, elle passe par l’écriture. Ce que l’on entend ne suffit pas parce que les jeux phoniques ne la produisent pas. Qu’il y ait une primauté du langage c’est avant tout une réflexion sur ce qui se passe avec l’écriture, avec l’inscription. L’écoute – il faut le souligner- conduit à des malentendus, autant qu’entre “pour être” et “paraitre”.

    Maintenant, je veux me concentrer sur une question – que le texte élucide vers la fin – par rapport à la position de l’analyste comme poème, à certains moments de la cure. Pour commencer à élucider cette question « Je ne suis pas un poète, mais un poème. Et qui s’écrit, bien qu’il ait l’air (il ait l’air d’être su-je) d’être sujet. » Ici, dans cette préface pour un public anglophone, il met en acte un jeu continu de lettres, en se basant sur une utilisation spécifique de la langue qui enlève de la facilité à sa lecture, parce qu’à la manière d’un poème, il viole ce que l’on pourrait appeler la variante communicationnelle du langage.

    Cependant, que l’analyste dans la cure – à travers la mise en œuvre du désir de l’analyste – se fasse faire un poème qui s’écrit -poèmanaliste : poème-émane-analyste permet d’en déduire d’emblée, me semble-t-il, que l’écriture ne se soutient que parce qu’elle est présente dans le présent (Meschonic). Et en même temps, elle tente de mettre en œuvre un présent de lecture – lire ne commence que quand on relit- qui n’est pas séparable d’une historicité, dont ne jouit pas l’écriture. Peut-être pourrions-nous ajouter que pour que le poème ait lieu là, il faut se passer à la fois du contexte et du référent. A ce moment-là, la poiesis fait son entrée en tant que production dans la présence, que nous pourrions appeler poème – comme j’espère pouvoir l’exposer – et qui apporte à la langue la question suivante : qu’est-ce que cette expérience de la rencontre, de la trouvaille de la perte de l’objet, dans l’effectuation du poèmanalyste dans une cure ?

    Par exemple, dans ce sens, l’expérience dans l’analyse de l’association libre répondant au “parlez”de l’analyste, laisse une place fondamentale à la bêtise pour qu’elle soit élevée à la dignité de tâche analysante, étant donné qu’elle s’enquiert des malentendus que le forçaje analytique fera sonner – dans la parole imposée par cette Autre chose. Sans aucun doute, il s’agit d’un exercice que Lacan nous recommande d’effectuer- en le mettant en acte – car il est tout à fait révélateur : « Transformer la manière d’écrire les choses» en écrivant dans le texte de l’analysant pendant la séance, à la manière du palimpseste.

    Voici les premières choses qui me viennent à l’esprit quand je lis son ” je suis un poème qui s’écrit ” :

    • Il y a quelque chose de l’ordre du produire, et convenons que s’il n’y a pas de communication, il peut y avoir un non-sens. Ce qui ne veut pas dire que ce qui s’appelle poème soit hermétique, ni confus, ni beau, ni que cela requière une clé pour l’élucider; plutôt cela implique de pro-duire- à la manière d’Agamben – ce mettre la présence de l’être.
    • En d’autres termes, selon notre expérience clinique quotidienne, le dire se transforme en acte, par exemple, en montrant combien de mots sont impliqués dans l’un d’entre eux, dans la mesure où – selon la perspective de l’entêtement imaginaire – il est prétendu univoque, entier. En échange, sa rupture est propice, en faisant jouer l’homophonie, en trouvant, par exemple, un mot qui est à proximité de l’autre – et qui jusque-là ne nous serait pas apparu; et par une déviation des lettres (un clinamen) un autre mot est souscrit qui n’est pas dans le lexique commun unifié, ce qui provoque un effet – certainement bénéfique – de désadaptation. Cela se produit donc au moment d’être mis en présence de la parole (habla) même, ce qui s’écrit avec un ensemble de lettres fournies par la masse phoniques entendue de travers chez l’analysant, qui en babillant (al parlotear) fait de la poésie quand ça arrive – cela n’est pas fréquent. Pour Lacan, disons d’emblée que l’acte – tout court – prend la place d’un dire dans lequel change le sujet, car il fait que dans ce ” je suis arrivé là ” se vérifie un acte analytique. Il est atteint, touché – vu et entendu – à chaque entrée dans une analyse. À ce point, en tant que poème qui s’écrit- il est présent dans le présent – l’analyste, en principe, ne peut rien faire d’autre que se plier de manière aliénée à cette activité (ça) langagière aux fins imprévues pour lui.

    Pour conclure ce parcours, je voudrais dire qu’Enrique Tenenbaum fait référence à la condition de « désabonné de l’inconscient », ce qui, me semble-t-il, désigne un parlêtre qui a interrompu ou annulé son abonnement, et il s’agit donc de jeter les bases d’une rupture de la liaison précédente avec l’inconscient. Dans cette ligne, on peut dire par exemple, que pour Joyce son sinthome lui était inconscient et qu’il ne savait pas comment il était en train de fabriquer son propre nœud et / ou sa chaîne. Eh bien, on vérifie face à cette question, que l’Un s’inscrive/s’inscrit (el subjuntivo en español se inscriba-) comme une formation psychique désabonnée, dans la mesure où il a réussi à rompre son lien d’origine en se passant du soutien, une dette éternelle, car impayable. En ces termes, cela illustre quand même le fait que, dans l’analyse, nous travaillons pour créer une autre forme de crédibilité, sans attendre que l’Autre nous donne ses sens et par le biais de l’invention de nouveaux signifiants, au lieu du sens on pose un “j’ouis-sens”, une façon de le décomposer homophoniquement à jouissance.[8]

     

    [1] Maison de l’Amérique Latine, Paris, coordinado por Diana Kammieny

    [2] Obras completas? O para decirlo con  Umberto Ecco , son abiertas ya que ante todo convocan al lector a dar las razones de su práctica. No deconstrucción deleziana.

    [3] Ilda Rodriguez,Las psicosis en psicoanálisis,  Lapsus Calami. Revista de psicoanálisis Nº 6, Autismo y Psicosis, Letra Viva, BsAs , 2017

    [4] Poema procede del latin po~ema, y este del griego poiema, ( creación, hazaña) y poiesis cuya raíz es poien (hacer, crear) y originariamente  se utilizaba para denominar cualquier obra literaria

    [5] Roberto Harari, Polifonías del arte en psicoanálisis y en numerosos artículos y libros de su autoría.

    [6] Jacques Lacan, De la lectura de Freud, en Lacan, Roberto Georgin, Nueva Visión, Bs.As, 1988

    [7] J.Lacan, Seminario 23

    [8] R. Harari, Cómo se llama James Joyce? A partir de El sinthome de Lacan. Amorrortu, BsAs 1983,  Manera de descomponer homofónicamente a jouissance  “goce”

  • À propos de la pratique de la psychanalyse: variations autour de Lapsus Calami

    LC3 Présentation de Lapsus Calami à Paris

    On sait qu’il faut une deuxième hirondelle, au moins, pour faire le printemps, et dans le cas d’une revue, il faut un minimum indispensable de numéros publiés pour faire une série, et avec ce N° 3, que nous présentons aujourd’hui, je peux vous annoncer que le Groupe de travail de Convergence Perspectives en psychanalyse est déjà en train de concocter le Nº 4, et qu’il a commencé à collecter les écrits, et dans ce cas, il s’agit plutôt de semer que de récolter.

    A ce propos, Lacan nous dit de ses Écrits qu’ils formulent un contenu sur lequel on peut s’appuyer ou que l’on peut laisser de côté et il ajoute plus tard, qu’ils sont là mais ne sont « pas à lire ». À mon avis, il indique une voie à ceux d’entre nous qui se reconnaissent dans son enseignement sur les effets de cette lettre et sur son incidence sur notre pratique analytique – sans oublier non plus que sa réception peut ébranler une position subjective.

    Or, il me semble que Lapsus Calami, précisément parce qu’il s’agit d’une revue qui se spécialise dans la publication de travaux d’analystes qui offrent leurs lettres pour parler de thématiques soumises à notre considération – et qui ne coïncident pas toujours sur tout mais qui le font toujours des manières les plus diverses – il arrive donc souvent que dans notre revue les effets découlant du fait de nous approprier les textes de Freud et de Lacan pour répondre à l’invitation par le biais de l’écriture. C’est là que les Notes de lecture font leur entrée. Je veux dire, d’une écriture réalisée respectivement par le lecteur et par l’auteur, pouvant ainsi se situer – en tant qu’analystes – comme  lecteurs co-producteurs de textes. Il est clair que par moments, et c’est une chose que l’on peut confirmer en les lisant, dans cette invitation à la réécriture, la répétition engendre une différence inexorable. Par exemple, il y a des Notes de lecture suscitées à partir d’un ensemble disparate de textes qui se déplacent comme propulsées, à l’instar d’un ensemble de forces, comme le mouvement d’un “attracteur étrange”[1] pour celui qui écrit et qui est un « petit détail » qui va briser les efforts répondant à l’illusion d’une communication univoque. A certaines occasion, le contenu de la Note se tisse autour de l’un d’entre eux, et à d’autres, les interruptions et la ponctuation auxquelles ils ont recours se font écho, se profilent, s’enveloppent et s’entremêlent comme un télescopage. Il peut même arriver, c’est en tout cas une de mes pratiques, que lorsque nous prenons connaissance des textes qui sont censés porter sur le thème en question, de prime abord, au cours de la lecture nous sommes assaillis par le doute, par l’incompréhension fluctuante, l’hésitation, le tâtonnement, le soupçon empreint de méfiance face à nos conjectures; enfin, différentes significations surgissent, juxtaposées, en lignes parallèles, autonomes, qui parfois ne s’articulent pas avec notre savoir et ainsi – ce n’est pas toujours le cas – nous nous retrouvons parfois non seulement face à diverses significations, mais aussi à une pluri-signification paradoxale des textes.

    Comme l’affirme Lacan en 1955: « il n’y a pas de carte de l’inconscient ». C’est là que surgit l’idée de marquer l’absence d’une « somme substantielle » qui met de côté toute exhaustivité toutiste[2]. Il s’avère évident que là intervient encore et encore, comme une ligne directrice castrante, la mise en acte de la non relation sexuelle, d’un pas-tout qui marque au fer rouge le fait qu’il s’agit de parties extra-parties, sur le mode du sans totalité de l’être parlant sexué.

    Pour dire les choses autrement en citant Bajtín, la lecture dans Lapsus Calami soutient une dimension d’exotopie par rapport au texte : c’est à dire, adopter la même approche que pour le texte d’un autre – « lire comme si nous étions autres » – poser des questions que celui-ci ne s’est pas posées, en cherchant des réponses à de nouvelles questions, pour découvrir, dans cette tentative pour répondre, de nouveaux aspects, de nouveaux parcours.[3]

    Disons-le encore une fois, il s’agit d’une  manière de travailler sur les textes proposés selon une méthode décompositive-recompositive, à travers une délecture scripturale ou une écriture délecturale, selon Harold Bloom.

    En voilà le résultat : je vous propose une série de questions, à la manière du début d’une Note de lecture, que je me suis posées au cours de l’élaboration de ce N° 3, Politique et pratique de la psychanalyse, en essayant de nous rapprocher, dans son modus operandi, de ce qu’exige la règle fondamentale de l’artifice analytique, qui, en se scindant de tous les discours dans le détail, introduit la valeur inappréciable de celui-ci.

    * S’il est entendu que « la théorie est “lue” à partir de sa mise  en acte opératoire », l’assertion qui ne situe pas la clinique comme « épicentre de la psychanalyse » serait-elle possible?

    * Lacan dit à propos d’Hitler : Hitler n’est qu’un précurseur, et conformément à cette opinion, pourrait-on dire qu’une coupure a lieu avec les « formes du malaise », puisqu’il n’existe aucun antécédent de cette extermination méthodique propre du XXe siècle?

    * Laisser place à la question sur ce que l’on a généralement tendance à souligner en faisant valoir que la politique de la psychanalyse est celle du symptôme et de sa relation « avec les paramètres du discours du maître », interrogeant ainsi ce lien social entre analystes.

     Perspectives en psychanalyse a été élaboré pour commencer à travailler, entre autres questions, sur certaines des possibles différences observées dans la psychanalyse actuelle, en prenant comme références fondamentales celles qui se produisent dans le cadre du mouvement lui-même et, il va sans dire, au cœur même de notre Groupe de travail de Convergence. Comme son fonctionnement implique l’expérience de la castration dans chacun des psychanalystes qui en sont membres, je veux dire qu’à chaque réunion on met en oeuvre, pour commencer, la façon dont entre en jeu la place du collègue, comment cela s’articule au fait d’être interrogé par un autre et dans quelle mesure on “supporte” les différences qui à la longue s’avèrent bénéfiques et enrichissantes bien que parfois – voire en général – et peut-être justement à cause de cela, “en ébranle” plus d’un, comme le dit un des auteurs dans  Lapsus Calami.

    Il s’agit donc de la façon dont chacun de nous fait face à partir de l’énonciation et non pas tant seulement à partir de l’énoncé, ce qui serait un une articulation possible avec la castration : la tolérance, comme une de ces formes, par exemple.

    A cette occasion, dans Lapsus Calami, nous tentons de situer ces différences, de les cerner, de les mettre à jour dans le débat par le biais de l’écrit, en publiant une revue financée, selon l’usage, par les ressources libidinales que déploie Perspectives en psychanalyse. Dans cette orientation, nous essayons de mettre en oeuvre notre pratique  de lecture- lecture/écriture- à partir de nos écrits et de ceux d’autres analystes. Ce qui, à mon avis, ne fait qu’exacerber – en mettant en acte – le présent de lecture qui n’est pas séparable d’une historicité, dont ne jouit pas l’écriture, car celle-ci ne se soutient que par le fait d’être présente dans le présent. Autrement dit, si lire ne commence que lorsqu’on relit, sans doute peut-on dire qu’il faut trouver l’écriture qui correspond à la lecture et à ce moment-là l’empreinte de Lapsus Calami devient possible.

    Pourquoi Lapsus Calami? En ce qui me concerne je donnerai une des raisons possibles pour le choix de ce Nom. Il me semble, d’abord, que le lapsus parle de l’ouverture et de la fermeture de l’inconscient comme formation paradigmatique parce qu’il a lieu “avec empressement et célérité”. Et si l’on veut y regarder de plus près, cela équivaut à dire que si tout lapsus est calami, il faut saisir sa portée, par exemple, dans l’activité novatrice de Lacan, dans son Séminaire, lorsqu’il profite d’un lapsus calami qu’il a commis dans la gestation de la notion de lalangue.

    Que démontre ce procédé lacanien dont notre Lapsus Calami veut être le débiteur et peut-être trouver dans un acte une parenté de procédure ? À mon avis, il illustre la condition performative qui survient par l’utilisation, quand dans la violence du forçage parolier, dans l’acte de sa déconstitution-constitution, est vérifié dans le mot nouveau-né, cette même nomination. Ainsi a lieu une rupture effective de la grammaire qui viole sa syntaxe, et en même temps, distraite quant au lexique, elle est soustraite du contexte. Je me réfère à une façon de comprendre ce que dit Lacan dans le Séminaire XXIII: «… le lapsus calami, n’est pas premier par rapport au lapsus linguae, mais il peut être conçu comme touchant au réel ». C’est une des deux citations de Lacan, qui se trouvent avec deux citations de Freud, au dos de ce premier numéro de notre revue, et expriment le mieux ce que nous entendons par lapsus.

    Pour conclure et commencer à élucider ce qu’a suscité en moi le travail de traduction effectué dans les textes présentés ici, et / ou des traductions réalisées par les auteurs dans leurs lectures des textes de Lacan, il faut ici signaler un détail minime : la traduction est une question présente et nodulaire de Lapsus Calami, ce que j’ai compris à travers le travail accompli jusqu’ici. Pour l’instant, on peut penser que ce qui sera décisif dans la traduction des textes psychanalytiques qui sont à la base de notre pratique est ce trait dans le Réel de la cure pour chacun, qui fera la différence ou le consensus pour chacun : la pierre de touche sans doute.

    Pour le moment je peux dire à ce propos, que, dans mon expérience en LC, j’ai cru comprendre qu’il faut faire dans la langue cible, avec ses propres ressources, ce que le texte fait à sa langue, la langue source (Meschonic), puisqu’il ne s’agit pas de dire la même chose différemment, ni “presque” la même chose mais qu’il me semble, et suivant l’apologue lacanien dont je vous parlais, que non seulement il y a toujours passage de langues, mais qu’il existe aussi des cas où une écriture fait l’invention d’une oralité. Pour le dire autrement, le langage se perfectionne quand il sait jouer avec l’écriture.

    4 juin 2013, Maison de L’Amerique Latine

    [1] Cf. Roberto Harari: La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2001. La pulsion est turbulente comme le langage. Essais de psychanalyse chaotique, L’Hartmattan,Paris, 2005

    [2] J.lacan, “Intervention sur l’exposé de J.Favez-Boutonier “Psychanalyse et Philosophie” (25/1/55) www.ecole-lacanienne.net.

    [3] Cf. Mijaíl Bajtín: Estética de la creación verbal, Siglo Veintiuno editores, México, 1982, p. 352.

  • 6. Psicosis y autismo

    6. Psicosis y autismo

    Psicosis y Autismo

    Sumario

    1- Alejandra Ruíz Lladó, Editorial I. El psicoanálisis a cielo abierto. 2- Verónica Cohen,  Editorial II.  ¿Qué política del psicoanálisis en la subjetividad de nuestra época? 3- Ilda Rodriguez, Editorial III. Autismos… lectores, lecturas. 4- Roberto Harari, De la estructura psicótica. 5- Gérard Pommier, Para renovar la teoría de la psicosis. 6- Entrevista a Benjamin Domb. Entrevistado por Adriana Bauab, El reconocimiento de un decir: la presentación de enfermos. 7- Gorana Bulat-Manenti, Sobre el filo de la navaja. La erotomanía en los desvíos de la transferencia. 8- Gérard Pommier, La lección de Khlebnikov. 9- Entrevista a Norberto Ferreyra. Entrevistado por Noemí Sirota y Verónica Cohen, Introducir el sujeto en el orden del deseo.  10- Entrevista a Isidoro Vegh. Entrevistado por Alejandra Ruiz Lladó, Algunas propuestas para la clínica de la psicosis. 11- Verónica Cohen, Política del inconsciente. 12- Gabriela Spinelli, El desafío de lo clásico y la novación. 13- Entrevista a Héctor Yankelevich. Entrevistado por Ilda Rodriguez y Alejandra Ruíz Lladó. El laleo es el lecho del goce de la palabra. 14- Patrick Landman, El autismo y la querella de las clasificaciones nosológicas. 15- Alba Flesler, Autismo, ¿respuesta o realización? 16- Alicia Hartmann, Autismo: una historia de desecho. 17- María Borgatello de Musolino, Autismos: fundamentos de la operatoria analítica. 18- Verónica Cohen, Nota de lectura sobre autismo y psicosis.  19- Diana Kamienny, Retrato de Nora Bernacle como una joven geisha. 20- Elida E. Fernández, Túneles, muros y puentes. 21- Manuel Rubio, Locura, sujeto y modernidad. 22- Analía Battista, Residuos de lenguaje. Las afasias. 23- Marcelo Jorge Edwards Pecoraro, El sujeto “fronterizo”. ¿Estructura o estado? 24- Ilda Rodriguez, Las psicosis en psicoanálisis… ¿periodizamos? 25- Adriana Bauab, El psicoanálisis en los bordes. 26- Noemí Sirota, Falta y resto como invariantes en la estructura subjetiva del hablante. 27- Gabriela Spinelli, ¿De qué estructura se trata? 28- Ilda Rodriguez, La invención en el artificiar de la transferencia. 29- Silvia Amigo, El hilo rojo del escrito. 30- Ilda Rodriguez, La transmisión de una clínica psicoanalítica: caso por caso. 31- Gabriela Spinelli, La falta, lo ausente, la ausencia.

     

  • La invención psicótica de la transferencia

    La invención psicótica de la transferencia
    Ernesto Vetere – Editorial Lazos- 2014
    El autor procura responder el convite lacaniano a “formalizar la clínica de las psicosis y las neurosis” al inscribir su “propuesta de trabajo dentro de esa perspectiva”, es decir en los términos desplegados por el maestro francés, en la Apertura de la Sección Clínica (1977). A partir de considerar a la “transferencia”, no menos que a “sujeto, objeto a, deseo, goce,” etc, como nociones transclínicas por atravesar la clínica psicoanalítica, – a la que juzga “esencialmente transferencial” – entiende que las psicosis no pueden ser excluidas de la transferencia, o sea de la clínica psicoanalítica misma. Una vez bosquejadas estas cuestiones preliminares, su investigación se abocará a cernir esa “especificidad de la transferencia psicótica”, anudada a “la posición del analista” en ella. Es claro que, desde el vamos, nos habla de una base sobre la que se funda su experiencia de esa clínica que –digámoslo con Lacan- “es lo que se dice en un psicoanálisis”. De este modo, será el estudio de casos- atrapados por el oído de Freud y el de Lacan, tanto como por el suyo propio- un criterio ordenador, elaborado en la relación transferencial analista / analizante y vertebrándolo con articulaciones clínicas-conceptuales.
    Pruebas al canto: Vetere analiza la relación del sujeto con el saber al implicar un modo de anudamiento entre este y el amor en la transferencia psicótica. Otra dimensión que no descuida en su trayecto de tenor investigativo es la articulación entre lenguaje y cuerpo, sin dejar de apoyarse en los avances lacanianos llevados a cabo en la última parte de su obra. Con ese propósito, hace hincapié en las consecuencias teórico-clínicas halladas “en el uso operatorio del concepto de sinthome y otros afines como el de artificio o saber-hacer”. Aprehendo así que la presencia constante de la clínica psicoanalítica en su texto importa , ya que la teoría se lee en su puesta en acto operatoria.
    Camino a la “invención” en la transferencia – me pregunto si hay otra manera de alcanzar puntas de Real, sea en la psicosis como en la neurosis – el autor propone abrirse al trabajo con lalengua en la audición del fraseo del analizante en la sesión, no menos que a las incidencias del analista en la dirección de la cura. Siguiendo en esta orientación a la subrayada por Lacan, alcanza todo su valor: “ni en lo que dice el analizante ni en lo que dice el analista hay otra cosa que escritura” (1977). Entiendo ahí, que eso no es posible sin poner en obra el juego “serio” con la letra en la producción de enigmas, en relación con las palabras impuestas, hasta llegar a la descomposición de la identidad fonatoria…
    Este libro vuelve a poner sobre el tapete-según mi lectura- un efecto de enseñanza a todas luces crucial, marcando el tránsito conceptual desde el Nombre del Padre hacia la nominación. Más bien, dicho de otra forma: se trata del pasaje hacia la supleción , es decir, servirse del Nombre-del-Padre, a condición de prescindir de él.
    Ahora bien, tratándose de coser reparando el trébol en el cruce donde se produjo un error o un lapsus en el anudamiento, es donde habrá que saber-hacer- allí: invento, artificio, como discurre el autor. Encuentro que eso implica conjugar lo verbal del “artificio algo”.
    Ahora bien, se trata en sus “casos clínicos”- a la manera joyceana de hacer con lalengua- de escritos que “in-vienen” a la sesión analítica –invención no voluntaria sino a la manera de las “hablas impuestas”– destinados a no ser leídos. ¿Cómo? Quiero decir, de manera directa, inmediata, comprensiva, rápida, etc. Quizás sea corporizándose en el “yo no busco, encuentro”, picassiano-lacaniano del que se vale el analista –haciendo su parte- en la invención de la transferencia.
    De tal modo es que intentamos aproximarnos –a nuestro turno como lectores- a lo que el maestro francés llama intraducción, como otra forma de pensar lo escrito y el lenguaje. Es así que Lacan evoca a Joyce como iniciador de este proceder intraductor al que hacemos referencia, apuntando a que el escritor irlandés, al intraducir “hace de la palabra tráfico –o recorrido o camino– más allá de las lenguas, tan solo apenas se traduce, al ser igualmente, por doquier, poco [dado o apto] para leer”.
    Para ir concluyendo esta nota digamos que se ha puesto en obra la advertencia lacaniana acerca de que el no saber qué hacer con las cosas novedosas poco tarda en ubicarlas con las nociones ya recibidas. Lacan nos recuerda que esto es lo que se hizo, a veces, con Freud, es decir que no se lo leyó, a pesar de que estaba ahí escrito. Es el énfasis puesto en la novedad de lo escrito que adquiere tan notable importancia para los psicoanalistas lacanianos y que ha sido puesto a trabajar en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, haciendo avanzar el psicoanálisis sobre aquello que aún no ha sido leído, en algunos tramos de la obra de Freud y de Lacan. Cabe destacar que en esta línea, se inscribe este relevante libro que pone en obra el lacaniano Work in progress respecto de saber hacer allí con la lengua. ¿A dónde voy con esto? A que es posible hacerle una muesca, un retoque del sentido, una pincelada final- sin lo cual la lengua no estaría viva. Es decir, esa posición por la cual el hablante organiza las marcas del Otro en una condición –al menos- particular, ante la herencia pesada y enajenante conformada por la lengua… ¿un estilo? De nuevo: forcluyendo un sentido congelado, se pueden generar sonidos inauditos, insólitos, inscribibles en lalengua, en el camino de hacerse-un-nombre…

    Ilda Rodriguez- 12/2/2016

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  • El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    (Reseña del libro de AA.VV.: Miedo, sufrimiento y angustia, Ed. Ledorial, Toledo, 2015).

    Por Ilda Rodriguez

    Es el séptimo volumen de la “Colección de Psicoanálisis Lapsus de Toledo”, coordinada por Cristina Jarque. Reúne veintisiete escritos de otros tantos psicoanalistas de México, España, Argentina, Francia, Estados Unidos y Estambul, elaborados sobre la base de “nuestra propia experiencia clínica”, a los efectos de la transmisión del psicoanálisis. Para ello, resulta fundamental “hilar la teoría con la práctica clínica”, porque permite “escuchar el desarrollo del miedo en el sujeto y el sufrimiento que conlleva”, así como su lazo con la angustia, según se rescata como rasgo más ostensible desde la introducción.
    En congruencia con tal designio, algunos de los textos ofrecidos no descartan en lo más mínimo el abordaje de propuestas que un psicoanálisis en extensión plantea tomando distancia de un psicoanálisis “aplicado” –en tanto “desviación bufona”, como lo califica Lacan. En esta ocasión, Alejandra Ruíz se centra en el análisis del texto Carta al padre. Se trata aquí de Franz Kafka: la obra y la vida. Para ello, toma apoyo en su lectura de lo señalado por Freud, “una ficción puede muy bien sustituir un fragmento de realidad histórica perdida”, y delinea a partir de ciertos interrogantes la idea en cuestión. Por ejemplo: “¿Hay algo en la carta que no haya sido elevado en la obra vía sublimación?”. “¿Podría haber sido la escritura de la carta un intento de acotar el sufrimiento marcando un nuevo litoral entre saber y goce?”. La autora considera que la carta interroga el estatuto del miedo con gran lucidez y arriesga su hipótesis: en “el acto que constituye la escritura de la carta podemos leer la eficacia de la letra en su precipitación”.
    Por su parte, Gérard Pommier pone sobre el tapete “el cambio de distribución de la histeria” operado en sus “versiones femenina y masculina por la modernidad”, en su texto El desplazamiento contemporáneo del sufrimiento histérico. Para el autor, es menester aseverar que “sigue siendo un reto sostener que la histeria afecta tanto a hombres y mujeres”. En ese contexto, avanza una puntuación concerniente a diferenciar la “falta de ser”, “casi fundadora de la filosofía” y “refugio del pensamiento contra la excitación sexual”, en contraposición a “la falta de tener” (“envidia al falo para los dos géneros”), a la que considera que “activa indefinidamente el erotismo –con el beneficio accesorio de la reproducción de la especie”.
    Recordemos, para poder seguir nuestro decurso, un trazo común subrayado por Roland Chemama respecto de “las demandas actuales” al psicoanalista, tal como “no soportar la angustia”, incluso, “la exigencia de ser librado de ella lo antes posible”, “como si la presencia de ese afecto fuera algo inaceptable”. Sin duda, considera que eso habla de “un tipo de posición subjetiva”. En su texto La doble cara de la angustia, el autor, “volviendo a Freud a partir de Lacan”, advierte que habría que “ligar la angustia a una castración parcial”. De acuerdo con esta concepción que no tarda en explicitar, situará dos posiciones que desplegará en su artículo: una podría sostenerse en la pregunta que confronta al sujeto: “¿Querrá ser liberado del objeto al que debería haber renunciado?”. Y la segunda posición es enunciada en el interrogante: “¿O acaso está angustiado porque tiene la esperanza de guardar «lo que le queda»?”.
    Hacia el final del texto, añade algo que conocemos sobradamente los analistas y es que “la angustia toma su fuerza de la relación analítica en sí misma”, en relación con el deseo puesto en obra allí, y que el psicoanalista “no está hecho de otra pasta que su analizante”; por ende, es preciso en todo momento “reconocer su lugar” en la cura.
    Christian Hoffmann y Ceylin Özcan, a su turno, en Angustia y subjetividad, parten de la definición del psicoanálisis como “una experiencia de lenguaje”, “de un decir que gira en torno de lo que se nos escapa en tanto que inconsciente”. Puede así extremarse con fecundidad el relieve de “introducir la cuestión de la angustia en la investigación clínica, identificada en tres niveles diferentes”: en el del concepto, en el epistemológico y en el estructural. Abriendo así el camino, nos dicen, “hacia una clínica de la angustia que compromete una ética del sujeto”. En un “acercamiento freudiano”, y “haciendo una lectura lógica”, decanta como “un concepto límite”, dejándonos en que “la angustia de castración es a la vez el peligro de la separación” tanto como “el de la unión que anule toda posibilidad de placer”. Así, a continuación, arribarán al “abordaje lacaniano” transitando por dos hipótesis de Lacan, concluyendo en la formulación de la tesis que dice que el psicoanálisis procura, si bien no resolverla –por su relación con un punto imposible y a la castración– “transformar su trato, su manejo, por el cambio de posición subjetiva respecto al objeto a que se presenta en función de la causa”. A partir de una secuencia clínica, ahondan y precisan la postulación previa, en el empeño de ponerla en acto.
    Arribamos, en consecuencia, al texto presentado por Cristina Jarque, en el que valiéndose de un caso clínico procura “transmitir algunos momentos que surgieron en el recorrido analítico de un sujeto cuya vida oscilaba” Entre el derrumbe de lo familiar y el abismo de lo siniestro, como titula su artículo. Según se podrá apreciar, tomando apoyo en la notable episteme del padre del psicoanálisis y en su lectura de Lacan, la autora lleva a cabo una dilucidación del lazo de la angustia con “el campo de lo que Freud articuló como lo siniestro”. Además, muestra que dicha relación puede ser inteligida, por ejemplo, cuando “la mediación que sostiene el límite entre lo siniestro y lo familiar, no está, es decir falta, lo que aparece es la angustia”.
    Está claro, por lo que puede inferirse en su artículo y a los efectos de transmitir esa experiencia perdida como tal, que se ha producido un pasaje artificiado por medio de su escrito, de la intensión –esto es decir: el maniobrar transferencial, la habilidad del trabajo con las palabras, labilidad inicial de la lengua flexible – a la extensión por la vía de la presentación clínica de una psicoanalista.
    En fin, se argumentará que lo señalado hasta aquí solo indica una mínima parte de las cuestiones planteadas en este volumen, lo cual es exacto; aunque si “como muestra basta un botón” –según el conocido el refrán–, cabe consignar sin hesitar que a partir de lo mostrado en esta presentación, no cabe sino remitirse a la lectura de esta obra para hallar diversas propuestas, articulaciones clínicas novedosas y la posibilidad de leer, también, el efecto sobre la transferencia de trabajo puesta en obra en las diversas traducciones de los textos de los psicoanalistas convocados, no menos que los efectos de lectura al leerlos en la lengua de su autor.

  • “Freud, en su tiempo y en el nuestro”

    “Freud, en su tiempo y en el nuestro”, Elisabeth Roudinesco
    Debate, 2015

    Bellísimo libro.
    Elisabeth Roudinesco, historiadora, sostenida en la inmensa información y documentación sobre Freud y, sobre todo en el profuso epistolario del mismo, despliega un notable libro biográfico . De ese epistolario dice que se trata de un estilo a menudo caótico pero que da testimonio de un verdadero talento literario.
    Detallada y precisa, realiza una semblanza de Sigmund Freud que nos lo representa vívidamente: Y fue en la más pura tradición del “Sturm und Drang” ( tempestad y pasión)- encarnado por Goethe y “Las cuitas del joven Wherther- , que Freud, científico positivista, darwiniano y racional, en busca de gloria y adversidad, especializado en la observación de animales marinos, se enamoró a los veintiséis años, de Martha Bernays.
    Tempestad y pasión describen a Freud desde su juventud hasta el fin.
    Relataré brevemente mi lectura del recorrido.
    Notable el encuentro y fascinación de Freud por Charcot pero sobre todo con el extravagante Fliess. De nuevo tempestad y pasión. Hechizo de Freud por Fliess desde el primer encuentro. Ese contacto, digamos, esa transferencia lo separa a Freud de la neurología, de la teoría de la seducción. Inventa la importancia del complejo de Edipo y comienza a preparar su gran libro “La interpretación de los sueños”. Freud descubre el inconsciente e inventa el método.
    En 1900 se produce su ruptura con Fliess.
    E. R. hace un interesante análisis de esta relación y sus consecuencias.
    El método, el psicoanálisis revoluciona el mundo.
    E. R. describe a Freud como un científico positivista, lo era? Científico sí, pero positivista quién habla del inconsciente al que solo se conoce por sus efectos? Uds, lectores, que dicen?
    Lo qué si acuerdo con E. R. es con la revolución simbólica que Freud realiza : En el fondo, Freud llevaba a cabo una revolución simbólica: cambiaba la mirada que toda una época posaba sobre sí misma y sobre sus maneras de pensar. Inventaba un nuevo relato de los orígenes en el que el sujeto moderno era el héroe, no de una mera patología, sino de una tragedia.
    Son muy interesantes los relatos de los pacientes de Freud con sus historias y nombres verdaderos.
    E. R. llama a Freud, judío espinosista. Ateo, no rechazaba su origen aunque reconocía concepciones del mundo diferentes.
    E. R. ama a Freud, encuentra sus libros luminosos y así es esta biografía . Va relatando los momentos de Freud a partir de sus libros y de la historia de las relaciones con discípulos y disidentes, las reuniones de los miércoles y como se va produciendo la extensión del psicoanálisis más allá de los círculos de Viena. Todos soñaban con un mundo mejor. Se van sucediendo los afectos de Freud por sus discípulos Rank, Fereczi, Abraham, Eitingon, Jung, Jones . Y no solo desfilan sus nombres sino toda una época de extensión del psicoanálisis.
    Aparece con Jung una relación pasional, conflictiva y beligerante, en la que Freud termina acusándolo de ceder al “lodo negro del ocultismo”
    Si bien conocemos estos relatos y esta historia del movimiento, este libro reúne en si mismo toda esta historia y tiene gran valor en este sentido.
    Y las mujeres?
    A partir de 1910 hacen su entrada las primeras mujeres analistas que en general habían sido pacientes del psicoanálisis primero. Es muy interesante ver el giro que se da a los temas del psicoanálisis a partir de esa presencia femenina.
    Tambien es interesante el capítulo dedicado a “El descubrimiento de América”, sobre todo la lectura de E. R. de la psiquiatría y psicología en América. ( por supuesto cuando dice América se refiere a Norteamérica).
    E.R. va haciendo el relato de las diferentes épocas de Freud atravesado por el lazo con sus discípulos, sus rupturas y una realidad que comenzaba a cambiar y transformarse.
    No deja de remarcar dolorosamente y con lucidez la transformación del mundo de Freud y de él mismo a partir de “la gran guerra”.
    Freud observa como su doctrina revela los oscuros aspectos de la humanidad y confirma su teoría sobre la pulsión de destrucción.
    E. R. describe muy bien el pasaje de “La belle epoque” a un mundo moderno .
    Detalla muy bien la familia de Freud, incluyendo la familia extensa y su diáspora. Así como el pasaje del psicoanálisis a un universo más amplio y el dominio del psicoanálisis en otras lenguas y otros territorios.
    Todo ese desarrollo y esa extensión es destruida en Viena y en Alemania por el avance del nazismo. Freud asiste a la destrucción de sus sociedades o al colaboracionismo desesperado de algunos analistas con el nazismo.
    Eso que fue destrucción también fue extensión a otros lugares del mundo
    E.R. relata finalmente la escritura de “Moises y el monoteísmo” en sus tres partes y el giro que finalmente tiene que hacer Freud al comprender los siniestros planes del nazismo y su exilio en Londres.
    En la última parte del libro relata como Anna Freud, Jones, Marie Bonaparte y otros se ocuparon de salvar los archivos, las cartas y como se sucedieron diferentes biografias y libros con las cartas.
    El libro es el libro de una historiadora. No nombra a los que se exilaron en América del Sur, precisamente en Buenos Aires, fundando la APA, ni tampoco a Lacan o a sus discípulos.
    De todos modos este libro es un bello libro para los que amamos a Freud y al discurso del psicoanálisis-
    Verónica Cohen

  • Reseña del libro ¨QUE ES LA REALIDAD II¨ El psicoanálisis, la ciencia y la política. Editorial Kliné

    El trabajo colectivo en un seminario, publicado como libro, parece dar forma a un género de escritura en psicoanálisis. Una producción que se autoriza con otros en un hecho de discurso que se escribe con el eco de lo dicho en las presentaciones orales.

    Alicia Álvarez, Osvaldo Arribas, Verónica Cohen, Clelia Conde, Norberto Ferreyra, Héctor Franch, Marta Nardi, Gustavo Pita, Alicia Russ, Anabel Salafia,  Noemí Sirota, quienes dictamos este seminario, hoy tenemos el gusto entregar este nuevo libro que bajo el titulo ¨Que es la realidad II, El Psicoanálisis, la Ciencia y la Política¨ resulta de la puesta en forma de presentaciones del seminario realizadas durante 2012*.

    En el primer capitulo nos encontramos con un minusioso trabajo de Osvaldo Arribas en torno a la distinción entre el Psiconálisis y la Ciencia, su implicación y la necesaria discriminación a partir de considerar un lazo social que surge como necesidad lógica a partir de la forclusión del sujeto operada por la ciencia.

    Norberto Ferreyra introduce en el capítulo 2 la articulación que dirige buena parte del trabajo, entre la moneda viviente (término que surge del Texto de Pierre Klossovski) y los cuerpos hablantes. Es de destacar en esta articulación, la relevancia que cobra ¨la significancia¨ comandada por lo Real a partir del límite a la formalización,

    En el capítulo 3, Gustavo Pita nos guía en la aprehensión de el nexo lógico que podemos encontrar entere lo útil y el goce a partir de la teoría de la ficciones en J. Bentham.

    Anabel Salafia, dará las claves de articulación que podemos encontrar en la lectura de Lacan con Klossovski en torno al fantasma en la economía de discurso.

    En el capitulo 4 Gustavo Pita y Marta Nardi avanzan en la distinción entre economía libidinal y economía de discurso en torno a la noción de utilidad, goce y fantasma.

    En el capitulo 5, Alicia Alvarez desarrolla las consecuencias de la necesaria distinción entre discurso del Amo y discurso Capitalista, y Verónica Cohen aporta las distinciones que requiere ubicar la teoría del valor en la articulación del Goce y el Síntoma.

    Por último en el capitulo 6, Norberto Ferreyra hace un minucioso desarrollo que consta de dos partes, Partiendo de la clase del Seminario XXIII de J. Lacan dictada el 17 de febrero de 1976, es decir poniendo en juego la topología del nudo, tomará el discurso capitalista, y la diferencia entre hablar de la forclusión de la castración y el rechazo de las cosas del amor.

    En ese mismo capítulo, quien escribe esta reseña*, tomando como pretexto un film, un producto de la industria en la cultura, desarrollo un aspecto de la articulación al fantasma, en ese rechazo a las cosas del amor que el discurso del capitalismo pone en práctica, en cuanto al dinero como signo y como prueba de amor.

    Qué es la  realidad? Una ¨formidable¨ pregunta que da que hablar y hace retornar esa cuestión que dió comienzo en 1991 al trabajo de la Fundación “Porque no hablar…. De Campo lacaniano? Un libro, un modo de decir, una política de discurso que invita a leer y hablar…….

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    *Segunda parte del seminario que, bajo el mismo nombre se dictó durante 2011, y que fue editado por Editorial Kliné, bajo el titulo Qué es la realidad.

    *Noemi Sirota, Integrante del Consejo de la Fundación del campo Lacaniano, y del grupo que dicta el Seminario.