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  • “¿Brontofobia?” Umbral, tronar de la pulsión / Gabriela Spinelli

    “¿Brontofobia?” Umbral, tronar de la pulsión / Gabriela Spinelli

    “El grito hace aglutinarse al silencio en el impasse mismo donde brota…para que el silencio escape de él”
    Jacques Lacan  Seminario 12

    “Los dioses no se ven pero se oyen: en el trueno, en el torrente, en la nubada, en el mar. Son como voces”
    Pascal Quignard “El odio a la música”

    Eugenia consulta a sus 23 años luego de varios tratamientos, portando el significante “brontofobia” como intento de explicar su padecer. Plagada de información que funciona a modo de racionalizaciones que no alcanzan a simbolizar “eso” que la aqueja[1].

    Su sufrimiento comenzó de pequeña, con un miedo a los truenos nocturnos que la conducían a buscar refugio en el lecho de sus padres.

    Poco a poco el miedo se fue extendiendo a las tormentas.

    Hubo un periodo de calma al llegar a la pubertad, creyeron que el miedo estaba superado pero a los quince años retornó aún más potente, de modo que, en su adolescencia ya evitaba por medios inconfesados salir de la casa cuando llovía, hasta que llegó a no salir cuando “estaba por llover”.

    En su juventud, con sólo oscurecerse el cielo, se cierne sobre ella un pavor indescriptible.

    Vive pendiente del servicio meteorológico, sus vacaciones se eligen en función del clima del lugar….

    Su vida social es bastante pobre, sus relaciones inestables. Sólo a un “novio” le confesó su padecimiento, quien al principio comprendió y al tiempo…se saturo.

    Los trabajos no quedan al margen. Las inasistencias hacen que sea despedida porque no puede soportar los “despertadores”. ¿Qué despierta la tormenta? A esta altura del relato, algo empieza a sonar raro…

    El análisis comienza de manera “entrecortada” por sus ausencias. El trueno rápidamente se presenta en sus fantasmas como “voz” paterna: los gritos del padre militar que irrumpía en la casa borracho por las noches, y su propio grito al padre en un desesperado intento de ser desalojada de ese lecho.

    Recuerdo aquí la siguiente cita de Lacan de su Seminario IV “Las relaciones de objeto”, para luego articular con el desarrollo del análisis y la propuesta que de allí se desprende: “La fobia introduce en el mundo del niño una nueva estructura (…) entonces, con ayuda de la fobia, instaura un nuevo orden del interior y del exterior, una serie de umbrales que se ponen a estructurar el mundo”.

    Con mucho esfuerzo, logra sostener un trabajo, y conoce a un hombre con quien entabla una relación “tempestuosa”. Cede la obsesión climatológica pero al momento de la tormenta… aparece “eso” que no cesa de no escribirse en historicidad. Enigmas frente a los cuales se puede, o no, reconocer el límite Real.

    Su análisis continúa. No la asustan los relámpagos…como el trueno avisa, puede cerrar los ojos. De hecho, le atraen los fuegos artificiales[2], “me dijeron que es porque al ser creados por el hombre pueden controlarse. Parece que mi problema es lo incontrolable de la naturaleza, que puede matarnos en cualquier momento”.

    El trabajo sigue por la senda de lo inanticipable, lo incontrolable, lo imprevisible, vivenciados como  golpe de real que pone de manifiesto tanto la insignificancia de su cuerpo ante la magnificencia de la naturaleza como lo “incontrolable” en relación a su cuerpo.

    El terror se manifiesta así: Se tensa todo el cuerpo, retiene el aliento y se tapa los oídos. Consigue cierta calma al meterse en la cama porque puede taparse por completo con las sábanas.

    Aparece un recuerdo:

    Está en la casa de los abuelos en las sierras, subyugada por el sonido del eco posterior al trueno. Hay un ritmo en el eco… que en un momento cesa, algo se discretiza atenuando el efecto siniestro.

    Y a continuación una segunda escena, de sus quince años: vacaciones en la playa, está junto a un muchacho, el ruido de las olas en la oscuridad de la noche…. un ritmo insoportable. No se podía distinguir el cielo del mar. Nunca más pudo acercarse al mar de noche porque “no puede no oír”. Dice desde el diván: “Recién ahora advierto que no me daba cuenta que ese chico me gustaba mucho”.

    Empieza a encontrar sosiego cuando durante las tormentas entabla alguna conversación. Durante un episodio llama a la analista, quien no sin dudar decide atender el llamado.

    Cecilia relata lo que va ocurriendo en su cuerpo a medida que la tormenta se desencadena. Es una tormenta de verano con viento, truenos y granizo. En el entre truenos… ese silencio la aterra. Del ruido o del silencio no se puede escapar, te envuelven… como la oscuridad.

    Sobreviene un silencio justo cuando se oye un sonido apenas audible y la analista le pregunta sobre ello. “Me hace ruido, la panza” dice con una risa incómoda. La panza que rompe el silencio, cuando se la oye. Así comienza a hablar de otras sensaciones en relación a su cuerpo.

    Luego del relámpago, entre el trueno y el silencio se inserta el terror. Frente a eso que a esta altura podemos considerar lo pulsional turbulento, torbellinario donde todo está mezclado, se trata de discretizar[3]…por aquí sigue el análisis.

    Un cuerpo se constituye en una operación significante, no hay cuerpo sin significante, más no todo aquello que fueran “restos de visto y oído” llegan a significantizarse (a entrar en el orden significante). Y de dicha operación, cae algo como sinsentido. ¿Que destinos para estos restos de sinsentido? ¿Es eso lo que retorna como lo auditivo –visivo, invasivo, que amenaza al sujeto? ¿Retornos de lo no simbolizado?

    ¿Que dice un trueno? ¿Las olas? ¿Y el “ruido de la panza”? Campo del sinsentido donde habrá de buscarse al deseo que lo interpreta.

    Lo que no habla, sin estar por fuera del lenguaje, vocifera. ¿Cómo escapar a esta dominancia sin párpado auditivo?

    Recordemos que en la Conferencia en Ginebra, dice Lacan, que “el agua del lenguaje llega a dejar algo tras su paso, algunos detritus con los que” (el niño) “jugará, con los que le será muy necesario arreglárselas. Es eso lo que le dejará toda esa actividad no reflexiva, los añicos, a los cuales más tarde -pues es un prematuro- se le agregarán los problemas de lo que lo espantará. Gracias a eso hará la coalescencia de esa realidad sexual y el lenguaje”.

    “Añicos” de palabras, mots, que no se pliegan a sentidos constituidos, y al aparecer en tanto “alteridad[4] en lo que se dice” para el habla (parole) que los porta, espantan, inquietan. Con eso, hay que saber “arreglárselas”[5]. En transferencia la analista oye a la vez que escucha significantes[6] en el relato de la analizante. Otra voz hace que esté menos “oscuro”.

    Apuesta del análisis: que un intervalo discretice, y a condición del silencio cavado por el significante un sujeto aparezca en medio de la presencia intrusiva y aterrorizante del trueno que provoca el desarrollo de angustia en la sujeto inerme, amenazada en su subjetividad . Decir del Otro, que discretiza en lalangue, que produce los cortes necesarios para que un eco sea posible. Eco: corte y repetición que hacen posible la incidencia significante. En lo sonorizado siniestro, como un grito asignificante (inasimilable por el símbolo), el intervalo es articulación entre lo visivo y lo sónico, articula lo escópico y esta otra condición…. ¿De dónde viene ese ruido? Trueno, ilocalizable condición enigmática que la envuelve dejándola inerme como en la experiencia del mundo omnivoyeur.

    En “La tercera” Lacan afirma que “tenemos miedo de nuestro cuerpo”[7]. “La angustia es algo que se sitúa en nuestro cuerpo, es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos embarga de que nos reducimos a nuestro cuerpo”.

    Lo pulsional sexual que no se detiene, como las olas del mar…ritmo insoportable por lo repetitivo e infinito. ”Nunca más pudo acercarse al mar de noche”: ¿la oscuridad hace más audible lo pulsional? En la negrura de la noche acecha la sonoridad de lo que “no puede no oír” que la mira, la envuelve en una experiencia de lo que no está ni adentro ni afuera sino que ex -siste, extimo.

    La sonoridad estrepitosa que conmueve el universo no es habla más se inscribe en el lenguaje. Emisión vocal asignificante ¿por contener todos los significantes posibles, como dice Lacan en el seminario 3 a propósito de Schreber? Lo sinsentido decimos casi veinte años más tarde.

    Trueno- oscuridad-olas-impulso sexual-ruido de panza, continuidad Imaginario – Real de lo que no puede ser articulado. Se confunden los ruidos, hasta que el decir en transferencia los va desligando y encadenando. Que lo Real inasimilable por lo simbólico comience a organizarse en historicidad, que encuentre lugar en su historia, precisa a la vez que se encuentren y creen nuevas ligaduras “inauditas”; ruptura del sentido edípico para encontrar otro modo de “saber –hacer-con” lo que causa su padecer.

    [1] Racionalizar no es simbolizar. Se trata de arribar a lo que representa para ella, más allá de las explicaciones científicas, es decir, producir una articulación a nivel de lo que significa la tormenta más allá de la meteorología.

    [2] Fuegos artificiales tienen correlato simbólico, (y fascinada en un goce escopico) tienen principio desarrollo y fin. Sabe que concluyen.

    [3] Discretizar : separar en segmentos, intervalos.

    [4] Lacan, Jacques. “Seminario 10” 5/6/63

    [5] Lagrotta, Z. “Radiofonía”.

    [6] la angustia : el sujeto se ve amenazado en su integridad ante en avance de lo Real en su dominio Imaginario; en realidad, ante el avance del Goce del Otro, que le advierte sobre el riesgo de quedar reducido a la desubjetivación, a ser mero objeto a, desecho.

    [7] Por cuestiones de extensión no desarrollaremos aquí que entendemos por “nuestro” cuerpo, o cuerpo propio.

    Fuentes:
    -Roberto Harari “Vocologie psychanalytique: le reelangage “ Dans Analyse Freudienne Presse 2009/1 (n° 16), pages 133 à 141.
    – Jacques Lacan. Conferencia en Milan. 18/12/67 Scilicet 1, Paris, Seuil, 1968.
    – Seminario « Eficacias del Realenguaje » dictado en Mayeutica- Institución Psicoanalitica (2017)E.Feinsilber, B.Mattiangeli, M.Rizzi, I.Rodriguez, G.Spinelli, D.Voronovsky.


     

    Presentación realizada en el Coloquio Internacional convocado por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la Escuela Freudiana de la Argentina, la Fundación Europea para el Psicoanálisis y Mayéutica- Institución Psicoanalítica “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado en Buenos Aires los días 22 y 23 de marzo de 2019.

  • “Brontophobie? Seuil, tonner de la pulsion / Gabriela Spinelli

    “Brontophobie? Seuil, tonner de la pulsion / Gabriela Spinelli

                                   “Le cri fait en quelque sorte- le silence- se pelotonner dans l’impasse même d’où il jaillit pour que le silence s’en échappe “ Lacan,  « Séminaire 12 » ( 17 mars 1965)

    “Los dioses no se ven pero se oyen: en el trueno, en el torrente, en la nubada, en el mar. Son como voces”. Pascal Quignard,  “La haine de la musique”

    Après plusieurs traitements Cecilia fait une consultation à l’âge de 23 ans, portant le signifiant « brontophobie » en tant qu’essai d’expliquer sa souffrance. Bourrée d’informations fonctionnant comme des rationalisations qui n’arrivent pas à symboliser « ca » qui l’afflige.

    Sa douleur avait commencé quand elle était petite par la peur des tonnerres nocturnes qui la menaient à se réfugier au lit de ses parents.

    Peu à peu cette peur s’est étendue vers les orages.

    En arrivant à la puberté elle est passée par une période de calme, et tous ont pensé qu’elle avait surmonté sa peur ; mais à l’âge de quinze ans cette terreur est revenue, même plus puissante.

    Adolescente, elle évitait par des moyens inavoués de sortir de chez elle quand il pleuvait, et elle est même arrivée à ne pas le faire quand « il était sur le point de pleuvoir ».

     

    Jeune, le seul fait de voir le ciel s’obscurcir lui provoque un effroi indescriptible.

    Elle dépend absolument de la météo, au point de choisir le lieu et le moment de ses vacances en fonction du climat.

    Sa vie sociale est assez pauvre, ses relations instables. Elle n’a avoué qu’à un seul petit- ami sa souffrance ; celui-ci l’a d’abord comprise, mais au bout d’un certain temps il en a eu assez.

    Ses emplois ne sont pas épargnés de cette situation. Ses absences – elle n’arrive pas à supporter le retentissement des réveils-  produisent des licenciements à répétition. L’orage, qu’éveille-t-il ? Nous en sommes à un moment de son récit où quelque chose commence à sonner de manière bizarre.

    L’analyse commence de manière “entrecoupée” à cause de ses absences. Le tonnerre vite se présente dans ses fantasmes comme la « voix paternelle » : les cris de son père militaire faisant irruption dans la maison, ivre, pendant la nuit et ses propres cris à elle, adressés à son père, en essayant désespéramment d’être chassée du lit parental.

    Je me souviens d’une citation de Lacan-dans son Séminaire 4, quand, le 20 mars 1957-, qu’on articulera au cours du développement de cette analyse avec la proposition qui s’en découle. Il dit : « Le sens de la phobie, c’est bien cela: c’est d’introduire dans le monde de l’infant une structure, une certain façon de mettre au premier plan la fonction d’un intérieur et d’un extérieur (…) la phobie instaure un nouvel ordre de l’intérieur et de l’extérieur, une série de seuils se mettent à structurer le monde »

    En faisant beaucoup d’efforts elle réussit à soutenir un emploi et connaît un homme avec lequel elle entame une relation « houleuse ». L’obsession climatologique cède, mais au moment de l’orage apparaît « cela » qui ne cesse pas de ne pas s’écrire en historicité. Des énigmes face auxquelles on peut, ou non, reconnaître la limite du Réel.

    Son analyse continue. Les éclairs ne lui font pas peur… comme le tonnerre prévient, elle peut fermer les yeux. En fait, elle se sent attirée par les feux d’artifice. « On m’a dit que puisqu’ils sont créés par l’homme, ils peuvent être contrôlés. Il semblerait que mon problème est ce qui est incontrôlable dans la nature, ce qui peut nous tuer n’importe quand ».

    Elle continue sur la voie de ce qui est inanticipable, incontrôlable, imprévisible, tout cela vécu comme des coups de réel mettant en évidence autant l’insignifiance de son corps face à la magnificence de la nature que ce qui est « incontrôlable » en rapport avec son corps.

    La terreur se manifeste ainsi: tout son corps tendu, elle retient son haleine et bouche ses oreilles. Elle parvient à un certain calme en se mettant au lit car elle peut se couvrir complètement avec les draps.

    Un souvenir apparaît:

    Elle est chez ses grands- parents, dans les montagnes de la province méditerranéenne de Córdoba, ravie par le son de l’écho postérieur au tonnerre. Il y a du rythme dans cet écho… lequel à un moment donné cesse, quelque chose  « se discretiza » (néologisme en espagnol qui indique ce qui est susceptible d’être séparé) en atténuant l’effet sinistre.

    Puis, une deuxième scène, à ses quinze ans: en vacances au bord de la mer, elle se trouve, le soir  et sur la plage, à côté d’un jeune homme : Le bruit des vagues dans le noir de la nuit… un rythme insupportable. « On ne pouvait pas distinguer le ciel de la mer ». Elle n’a plus jamais pu s’approcher de la mer la nuit, parce que « je ne peux pas ne pas entendre ». Allongée sur le canapé, elle dit : « Je viens de réaliser que je ne comprenais pas que ce jeune homme-là me plaisait vraiment ».

    Elle commence à trouver du calme quand, pendant les orages, elle peut entamer une conversation avec quelqu’un.

    Durant un épisode elle téléphone à son analyste:

    Cecilia raconte ce qui se passe dans son corps au fur et à mesure que l’orage se déchaîne. C’est un orage d’été, il vente, il tonne et il grêle. Pendant l’entre-tonnerres le silence l’effraie. Du bruit ou du silence, on ne peut pas s’enfuir, ils t’entourent, comme l’obscurité.

    Elle fait silence jusqu’au moment où l’on entend un son à peine audible ; son analyste lui pose des questions à propos. « Mon ventre à moi [me]  fait du bruit » répond-elle en riant, mal à l’aise. Son ventre qui brise le silence dès qu’il est entendu. Et elle commence à parler d’autres sensations qui vont au- delà de celle de la peur.

    Après l’éclair, entre le tonnerre et le silence, la terreur arrive. Face à cela, que nous pouvons déjà considérer le pulsionnel turbulent, « torbellinario » (avec la force et la forme d’un tourbillon), où tout est mélangé, il s’agit de « discretizar » (séparer). C’est la voie que prend son analyse.

    Un corps se constitue par l’effet d’une opération du signifiant, il n’y a pas de corps sans signifiant, mais pas tout ce qui a été « des débris de vu et d’entendu » parvient à « significantizarse » (entrer dans l’ordre du signifiant). En y parvenant, quelque chose tombe comme non-sens. Quelle destination pour ces débris de non-sens ? C’est cela qui revient comme l’auditif-visuel(en espagnol, visivo), invasif qui menace le sujet ? Retours de ce qui n’a pas été symbolisé ?

    Que dit un tonnerre? Les vagues? Et le bruit du ventre? Champ du non- sens où il faudra chercher le désir qui l’interprète.

    Ce qui ne parle pas, sans être en dehors du langage, vocifère. Comment échapper de cette dominance sans paupière auditive ?

    Nous devons nous rappeler que lors de la Conférence de Genève[2], Lacan dit que « J’ai très bien vu de tout petits enfants, ne serait-ce que les miens. Le fait qu’un enfant dise peut-être, pas encore, avant qu’il soit capable de vraiment construire une phrase, prouve qu’il y a en lui quelque chose, une passoire qui se traverse, par où l’eau du langage se trouve laisser quelque chose au passage, quelques détritus avec lesquels il va jouer, avec lesquels il faudra bien qu’il se débrouille. C’est ça que lui laisse toute cette activité non réfléchie – des débris, auxquels, sur le tard, parce qu’il est prématuré, s’ajouteront les problèmes de ce qui va l’effrayer. Grâce à quoi il va faire la coalescence, pour ainsi dire, de cette réalité sexuelle et du langage ”.

    Des “miettes” de paroles, des mots ne se pliant pas à des sens constitués ; dans la mesure où ils apparaissent en tant qu’ »altérité dans ce qu’on dit » pour la parole qui les porte, ils effrayent et inquiètent.  Il faut savoir « se débrouiller » avec. En transfert, l’analyste entend et à la fois écoute, « auditionne » des signifiants dans le récit de l’analysante. Une autre voix fait qu’il fasse moins « nuit »

    Mise de l’analyse: qu’un intervalle coup (“discretice”) et,  à condition du silence installé par le signifiant, qu’un sujet apparaisse au milieu de la présence intrusive et effrayante du tonnerre qui provoque l’accroissement de l’angoisse chez la sujet inerme, justement menacée dans sa subjectivité. Des dires de l’Autre produisant les coupures nécessaires pour qu’un écho soit possible : coupure et répétition rendent possible l’incidence du signifiant. Dans le sonorisé sinistre, tel un cri asignifiant inassimilable par le  symbolique), l’intervalle est articulation entre le visuel (en espagnol, « visivo ») et le sonique, il articule le scopique et cette autre condition… D’où il vient, ce bruit ? Tonnerre, condition énigmatique pas localisable qui entoure l’analysante en la rendant inerme comme dans l’expérience du monde omnivoyeur.

    Dans “La troisième” Lacan  affirme qu’on a peur de notre corps…. Et que ”l’angoisse c’est le sentiment qui surgit de ce soupçon qui nous vient, de nous réduire à notre corps “.[3]

    Le pulsionnel sexuel ne s’arrête pas, comme les vagues de la mer… rythme insupportable pour ce qu’il a de répétitif et d’infini. Dans la nuit noire la sonorité du pulsionnel traque, ce qu’elle « ne peut pas ne pas entendre » la regarde, l’entoure dans une expérience de ce qui n’est ni dedans ni dehors, mais qui « ex-siste ».

    Le non- sens, dira-t-on vingt ans plus tard. La sonorité fracassante qui choque l’univers n’est pas parole mais elle s’inscrit dans le langage. Émission vocale a-signifiante, par le fait qu’elle contient tous les signifiants possibles, tel que le dit Lacan dans son séminaire 3 à propos de Schreber ? Presque vingt ans plus tard  nous dirons le non-sens.

    Tonnerre – obscurité – vagues – pulsion sexuelle – bruit au ventre; continuité Imaginaire-Réel de ce qui ne peut pas être articulé. Les bruits se confondent, jusqu’au moment où peu à peu le dire en transfert les sépare et les enchaîne sous forme d’articulation.  Que le Réel inassimilable par le symbolique commence à s’organiser en historicité, qu’il trouve place dans son histoire nécessite en même temps que de nouvelles attaches « inouïes » se retrouvent et se créent, rupture du sens œdipien afin de trouver un autre mode de savoir  -faire avec- ce qui provoque sa souffrance.

    Traduction: Alicia Waisman

    References bibliographiques:

    • Roberto Harari « Vocologie Psychanalitique : le reelangage » Dans Analyse Freudienne Presse 2009/1 (n 16)
    • Jacques Lacan. Conference donnée á l’Institut Français de Milan, 18 decembre 1967, Scilicet 1, Paris, Seuil, 1968
    • Seminaire « Eficacias del Realenguaje » donnée a Mayeutica- Institución psicoanalítica. (2017) E.Feinsilber, B.Mattiangeli, M.Rizzi, I.Rodriguez, G.Spinelli, D.Voronovsky.

    [2] Jacques Lacan, “Conference a Geneve sur le symptome” (4/10/75)

    [3] Jacques Lacan “La troisième” 1/11/1974


     

    Presentación realizada en el Coloquio Internacional convocado por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la Escuela Freudiana de la Argentina, la Fundación Europea para el Psicoanálisis y Mayéutica- Institución Psicoanalítica “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado en Buenos Aires los días 22 y 23 de marzo de 2019.

  • Une lecture sexuée / Verónica Cohen

    Une lecture sexuée / Verónica Cohen

    Parler du regard et de la voix en expérience d’analyse implique le parler et le dire dans l’analyse, donc, le lien entre le signifiant et l’objet qui moyenne avec l’Autre du langage.

    Nous ne pouvons pas analyser sans considérer que le dire produit un écho dans le corps et que cet écho est la pulsion. Lacan le dit ainsi dans son séminaire Le Sinthome : « les pulsionsc’est l’écho dans le corps du fait qu’il y a un dire ». Il s’agit d’une phrase d’une énorme lucidité car elle éclaire la relation entre la parole et les pulsions, entre le dire et le corps.

    Il existe un lien entre signifiant et objet, découvert par la psychanalyse. Freud le décrit et le précise depuis « Pulsions et vicissitudes des pulsions ». C’est le lien entre pulsions et amour, que Freud différencie et relie.

    La pulsion est lien social parce qu’elle est à partir de l’Autre du langage. Les premiers signifiants viennent de l’Autre du langage et libidinisent une zone autour d’un trou du corps, c’est une partie libidinisée par la langue, à mon avis, par le dire qui implique déjà le manque, car le langage ne peut tout dire.

    Quand nous parlons de pulsions partielles et de leurs vicissitudes, nous parlons de circulation, de mouvement, nous parlons de l’embrouillement de la pulsion de mort avec les pulsions partielles  et aussi de la complexité qui en surgit.

    Nous parlons du dire sur le corps. Quand nous disons écho il s’agit d’une répétition. C’est-à-dire qu’il s’agit du temps et de la répétition.

    Il s’agit de ce qui est fait dans une analyse; ce mouvement par lequel on revient plusieurs fois à une même place, mais chaque fois de manière différente. Il semblerait que l’on recule, maisen fait on avance, disait une analysante, c’est ce qui me donne de l’espoir, en disait une autre.

    Ce sont les signifiants et les paroles côtoyant une zone érogène, une partie du corps ; ce sont eux qui partiellement font le corps et l’inconscient. Ils libidinisent. Quand je dis zone érogène, je parle d’Eros et du fait que le manque est en jeu. Car toutes ces zones libidinisées sont signifiées par le phallus. Dans le Séminaire de l’angoisse nous retrouvons le schéma. Le phallus signifie ce que nous appelons des objets partiels, qui tombent en laissant la place du manque aux aes.

    Le langage copule avec le corps, regard et voix sont privilégiés pour transmettre le désir de l’Autre. Cette phrase sur l’écho nous dit quelque chose de la répétition que font le corps et l’inconscient.La répétition qui, en paraphrasant Lacan, caractérise, comme n’importe quelle autre chose, la réalité psychique de l’être inscrit dans le langage.

    C’est avec la répétition et la pulsion de mort freudiennes que Lacan invente l’objet a et construit la notion de jouissance. C’est avec cela que nous pouvons penser la jouissance et son plus de jouir, la jouissance qui se consomme à chaque répétition. Il y a de l’espoir. De quoi? De ce que l’amour fasse condescendre la jouissance au désir.

     

    La voix dans le dire brise le silence de la pulsion de mort. Il s’agit toujours d’une double division. À cause du signifiant  et à cause de l’objet: le dire et son écho.

    Ce faire le corps et l’inconscient n’est autre chose que L’autre scène-die anderescene. Une autre place depuis laquelle voir dans l’analyse, depuis laquelle le sujet construit, donne à voir et regarde et se fait voir et entendre dans le transfert ; le désir surgit qui fait à son tour surgir le sujet et la réalité… quelques fois.

    Le regard peut être quelque chose d’élidé par les voies de la vision et de la représentation qui ordonne. Il peut éviter la castration, tel que nous lisons dans le fétichisme.

    Articuler la voix et la parole, le dire, c’est articuler amour-haine et pulsion reliés. À mon avis il s’agit de l’articulation de la demande d’amour, des paroles de l’Autre, à leur inscription pulsionnelle conjointe dans une partie du corps qui implique le manque.

    Le passage de l’amour à la libido existe dès le commencement, je mets l’accent sur ce  qu’il y a d’inaugural, c’est-à-dire cette division en deux, où le sujet se voit aimable comme objet, à cause de la parole de l’Autre et cela même le cause comme a, mais où ? Là où l’objet pulsionnel tombe et le a surgit comme manque.

     

    La formule de la pulsion “sujet barré losange D” a, dans sa propre constitution, les paroles qui ont libidinisé, celles qui ont fondé une partie du corps et les objets pulsionnels et leur chute. Depuis ce trou « germent » les signifiants. Dans son Séminaire XVII,  « L’envers de la psychanalyse »Lacan le dit, non sans honte. Ce trou, c’est la honte qui le laisse –je trouve cela intéressant-.

    Je l’entends comme le passage de la pulsion et l’objet de la pulsion qui tombe au fantasme et à l’objet a du fantasme (“sujet barré losange a »). C’est le fantasme ce qui implique la dimension de la honte. Nous sommes  déjà engendrés comme a dans le fantasme, ce sont les effets du langage.

    C’est lors d’une psychanalyse, dans ce lien social,  que l’on lit la structure du fantasme, pourvu que l’analyste ne se résiste pas à faire discours de l’inconscient. Il y a donc un passage des objets pulsionnels faisant semblant des aes au fantasme. Ceux-ci mis en scène, non sans honte, c’est ce que Lacan appelle dans « Position de l’inconscient » Le transfert comme la mise en acte de la réalité sexuelle de l’inconscient. La honte nous dit de la structure de fiction de la vérité.

    Dire qu’ils “germent” c’est déjà une division. La voix fait place aux paroles, elle est dans le dire, la signification du phallus ordonne, elle laisse place au manque sà condition qu’il existe dans l’analyse une lecture de ce dire, s’il y a un passage de discours impliquant la fonction phallique, non seulement le phallus mais son manque ; cela implique la castration et l’existence de l’autre.

    Nous sommes donc des affaires d’un dire; ce dire, toujours différent, est sexué parce que nous nous sexuons en tant que signifiants, hommes et femmes, valeurs sexuelles, affaires d’un dire qui part d’une partie du corps libidinisée et revient comme écho au corps, à cause de ce qui est dit.

    Les aes ne sont pas sexués, mais ils sexuent, reliés aux signifiants.

    Ma conclusion sur le sexuel et la sexuation c’est qu’à partir de ce dire qui est sexué, d’un côté se trouvent ceux qui ne refusent pas le féminin, que ce soit des hommes ou des femmes, et de l’autre se trouvent ceux qui le refusent, des hommes ou des femmes. Car le dire est sexué.

    Tel que je l’ai dit auparavant, quelques fois il y a de l’espoir. De quoi ? De cette lecture sexuée.

     

     

     

  • Una lectura sexuada / Verónica Cohen

    Una lectura sexuada / Verónica Cohen

    Hablar de la mirada y la voz en la experiencia del análisis implica el hablar y el decir en el análisis, entonces, el lazo entre significante y el objeto que media con el otro del lenguaje.

    No podemos analizar sin contar con que el decir produce un eco en el cuerpo y ese eco es la pulsión. Lacan lo dice así en el seminario El síntoma: “Las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. Frase de una gran lucidez, ilumina la relación de la palabra y las pulsiones, del decir y del cuerpo.

    Hay un lazo entre significante y el objeto, que descubre el psicoanálisis. Freud lo describe, lo precisa desde “Las pulsiones y sus viscisitudes”. Es el lazo entre pulsiones y amor, que Freud diferencia y enlaza.

    La pulsión es lazo social porque es a partir del Otro del lenguaje. Los primeros significantes vienen del Otro del lenguaje y libidinizan una zona alrededor de un agujero del cuerpo, es una parte libidinizada por la lengua,  a mi entender, por el decir que ya implica la falta.

    Cuando hablamos de pulsiones parciales y sus vicisitudes hablamos de circulación, de movimiento, hablamos de la intrincación de la pulsión de muerte con las mismas y la complejidad que surge.

    Hablamos del decir sobre el cuerpo. Cuando decimos eco se trata de una repetición. O sea que se trata del tiempo y de la repetición.

    Se trata de lo que se hace en un análisis, ese movimiento por el que se vuelve muchas veces al mismo lugar y cada vez de distinta manera. Parece que se retrocede pero se avanza, decía una analizante, es lo que me da esperanza, decía otra.

    Son los significantes y las palabras bordeando una zona erógena, una parte del cuerpo, parcialmente, hacen el cuerpo y el inconsciente. Libidinizan. Cuando digo zona erógena hablamos de Eros y de que la falta está juego. Porque todas esas zonas libidinizadas son significadas por el falo. En el Seminario de la angustia está el esquema. El falo significa lo que llamamos objetos parciales, que caen dejando el lugar de falta para los aes.

    El lenguaje copula con el cuerpo, mirada y voz son privilegiadas para trasmitir el deseo del Otro. Esa frase sobre el eco nos dice de la repetición, que hace el cuerpo y el inconsciente. La repetición “que caracteriza, como ninguna otra cosa, a la realidad psíquica del ser inscripto en el lenguaje.”

    Es con la repetición y la pulsión de muerte freudianas que Lacan inventa el objeto a y construye la noción de goce. Es con eso que podemos pensar el goce y su plus, el goce que se consume en cada repetición. Hay esperanza. De qué? De que el amor haga condescender el goce al deseo.

    La voz en el decir rompe el silencio de la pulsión de muerte. Siempre se trata de una doble división. Por el significante y por el objeto: el decir y su eco.

    Ese hacer el cuerpo y el inconsciente no es otra cosa que La otra escena- die andere scene. Otro lugar desde donde ver en el análisis, desde donde el sujeto construye, da a ver, y mira y se hace ver y oir en la transferencia, surge el deseo que hace surgir el sujeto y la realidad, …a veces.

    La mirada puede ser algo elidido por las vías de la visión, y de la representación que ordena. Puede eludir la castración, como leemos con el fetichismo.

    Articular la voz y la palabra, el decir, es en la vía de articular-amor-odio y pulsión enlazados. A mi entender se trata de la articulación de la demanda de amor, las palabras del Otro, con la inscripción pulsional conjunta en una parte del cuerpo que implica la falta, eso gasta goce.

    El pasaje del amor a la libido se da desde el comienzo, pongo el acento en lo inaugural que es esa división en dos, donde el sujeto se ve amable como objeto, por la palabra del Otro y eso mismo lo causa como a, donde? Donde cae el objeto pulsional y surge el a como falta.

    La fórmula de la pulsión “sujeto tachado losange D”, tiene en su constitución misma, las palabras que libidinizaron, fundaron, una parte del cuerpo, y los objetos pulsionales y su caída. Desde ese agujero “brotan” los significantes. Lacan dice en el seminario diecisiete “El reverso del psicoanálisis”, no sin vergüenza. Ese agujero lo deja la vergüenza,- me parece interesante-.

    Lo entiendo como el pasaje de la pulsión y el objeto de la pulsión que cae al fantasma y al objeto a del fantasma (“sujeto tachado losange a”). El fantasma es el que implica la dimensión de la vergüenza. Somos engendrados ya como a en el fantasma, efectos del lenguaje.

    Es en un psicoanálisis  que se lee la estructura del fantasma, es en ese lazo social, si el analista no se resiste a hacer del inconsciente discurso. Hay entonces, un pasaje al fantasma de los objetos pulsionales que hacen semblante de “a”. Puestos en escena, no sin vergüenza, es lo que Lacan llama en “Posición del inconsciente” La transferencia como la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente. La vergüenza nos dice de la estructura de ficción de la verdad.

    Decir que “brota” es ya una división. La voz hace lugar a las palabras, está en el decir, la significación del falo ordena, deja lugar para la falta si hay, en el análisis, una lectura de ese decir, si hay, un pasaje de discurso que implique la función fálica, no sólo el falo sino su falta, esto implica la castración y la existencia del otro.

    Entonces, somos asuntos de un decir, ese decir, siempre diferente,  es sexuado porque nos sexuamos como significantes, hombres y mujeres, valores sexuales, asuntos de un decir que parte de una parte del cuerpo libidinizada y vuelve como eco al cuerpo, por lo dicho.

    Los aes no son sexuados pero sexuan, enlazados a los significantes.

    Mi conclusión sobre lo sexual y la sexuación, es que a partir de ese decir que es sexuado, de un lado están los que no rechazan lo femenino, hombres o mujeres y del otro los que lo rechazan, hombres o mujeres. Porque el decir es sexuado.

    Como dije antes, a veces hay esperanza, ¿de qué?  De esa lectura sexuada.

    Trabajo presentado en el Coloquio Internacional “La voz y la mirada en la experiencia del análisis” realizado los días 22 y 23 de marzo de 2019 en el Hotel Regente, Buenos Aires, Argentina.
  • La voz y la mirada en los laberintos de lo Unheimliche

    Ya antes de abrir los ojos, el infans está inmerso en el mundo de los sonidos, de las palabras, del baño del lenguaje.
    Varios de los trabajos de este número de LaPsus Calami mencionan dos singulares especies de objetos de la pulsión que, aunque presentes en la obra freudiana, Lacan dis- tinguirá, retrabajará y acentuará su fundamental participación en la constitución del cuerpo pulsional. Ellos son la voz y la mirada.
    Me referiré en esta nota de lectura a los trabajos de Erik Porge Entre voces y silencios. Torbellinos del eco, quien inicia su texto con este párrafo: “[…] «las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir», el término «eco» es, en mi opinión, para tomar a la letra. Esto tiende, por otra parte, a dar a la pulsión invocante un carác- ter genérico en la combinatoria de las pulsiones, en tanto que esta es «la más próxima a la experiencia de lo inconsciente»”. También trabajaré el texto de Silvia Lippi, El espejo en la neurosis y en la psicosis…, que otorga
    a la pulsión escópica un rol privilegiado en- tre las pulsiones. Dice la autora: “[…] la mirada se inmiscuye fácilmente en toda forma de goce”. Y enfatiza que lo visual detenta un doble rol: pasivo (ser visto) y activo (ver). Vemos que ambos autores, en esos textos otorgan un ribete particular: Porge al objeto voz y a la pulsión invocante, Lippi al objeto mirada y la pulsión escópica, en la constitución del cuerpo pulsional y la estructuración subjetiva.
    Ese protagonismo se detenta en la clínica. Las peripecias respecto de las identificaciones del yo, respecto de la constitución del cuerpo especular, del cuerpo imaginario y del cuerpo pulsional, se hacen oír, repercuten en diversos fenómenos de lo Unheimliche, propios de lo que algunos autores llaman “inquietante extrañeza”, “inquietante fa- miliaridad”, “lo siniestro”, “lo ominoso” –caracterizados en la clínica por la despersona- lización, desrealización, autorreferencia, autoscopia y fenómemenos alucinatorios de distinta especie (auditivos, visuales y cenestésicos).
    En esa gramática que se juega con el Otro para la constitución de la pulsión, la voz y la mirada son las dos especies de objeto que protagonizando el drama especular para la constitución del yo, en el estadio del espejo, son susceptibles de devenir siniestramente alucinatorios.
    En el drama de la constitución del yo en el estadio del espejo, interviene la mirada del Otro y la voz del Otro, que con el asentimiento primordial certifi a que ese infans de carne y hueso es otro, es decir, ese cuya imagen unifi ada refl  a el espejo, que pacifica el cuerpo fragmentado autoerógeno e inaugura el nuevo acto psíquico que es el
    narcisismo, provocando júbilo.
    Como decíamos previamente, Porge parte del conocido aforismo “las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir”, dándole un lugar hegemónico y prínceps a la pulsión invocante para la constitución del circuito pulsional en las varias especies del objeto. Como cuando Lacan propone respecto del pecho que el objeto de la
    pulsión es amboceptor y cesible, está hablando del objeto oral pero es extensivo a las otras especies de los objetos, a los fines de la estructuración del yo y del cuerpo habitado por la pulsión.
    Propone lo que denomina “estadio del eco” como estadio de un origen “torbellinario”. Es “torbellinario” el origen de la pulsión invocante, lo que puede hacerse extensivo a todos los demás circuitos pulsionales.(1)
    Porge se pregunta: ¿cómo definir físicamente un torbellino? Se puede decir que se trata de una superficie (acuosa, aérea u otra) animada de un movimiento rotatorio en espiral alrededor de un agujero. Hay velocidades de rotación diferentes según los lechos.
    Para referirse al torbellino, cita a varios autores, como Edgar Allan Poe, Henri Poincaré, Theodor Schwenk,  Marguerite Duras y a Walter Benjamin, cuando en su ensayo sobre el drama barroco alemán, dice: “El origen es un torbellino en el río del devenir”. Y agrega Porge: “«Torbellino» califica de manera apropiada una estructura que porta en sí la cuestión de su origen, reproduciendo lo que está en el origen”.
    Trabaja el caso de Louis Wolfson, quien intenta neutralizar sus alucinaciones verbales, acompañadas de un gran sufrimiento, cuando escucha la lengua inglesa que es la materna. A través de sofisticadas operaciones lingüísticas como la transposición, la epéntesis y los parentescos etimológicos efectuados en otras lenguas como el francés,
    intenta neutralizar el efecto unheimlich de la voz materna. Esas alucinaciones tienen, por su “intrusividad” y vibración, un carácter netamente siniestro.
    Porge enfatiza el lugar de las consonantes sobre las vocales, como las que hacen escansión, las que introducen la discontinuidad en la continuidad. Afirma que es por las con-sonantes que se produce la implantación del  significante en el cuerpo y el acontecimiento del sujeto en lo real.
    Por su lado, Silvia Lippi acentúa el rol privilegiado de la pulsión escópica entre las pulsiones. Detalla las  dimensiones del cuerpo imaginario constituido por la proyección de una superficie, el cuerpo real sede de la  fragmentación pulsional y el cuerpo simbólico recortado sintomáticamente por el lenguaje, como sucede en la conversión histérica. La autora afirma que la consistencia de diversas alucinaciones es homogénea a las diferentes pulsiones. La pulsión y la alucinación se corresponden, ambas tienen la misma materialidad: el cuerpo, cuerpo que se apodera del sujeto a través de la alucinación. Es en el entramado del estadio del espejo que la autora ubica las fallas posibles de la estructuración subjetiva que hacen aparecer allí fenómenos alucinatorios del orden
    de lo siniestro.
    Para que se constituyan las especies del objeto a, insoslayables para la estabilización del fantasma, debe fracasar la identificación con el falo, y este fracaso se constituye cuando el adulto, con el asentimiento primordial, pronuncia al bebé de carne y hueso, señalando su imagen en el espejo: “Tú eres eso”. Paradójico drama especular en que
    el sujeto queda dividido entre el cuerpo unificado de la imagen en el espejo y lo imperfecto, privado de la coordinación motriz y dependiente del Otro que es su cuerpo real. Esto, indisolublemente mediatizado por la distancia que separa a ambos.
    El sujeto es uno pero también es otro, efecto paradojal que se evidencia siniestro en la experiencia de despersonalización, desrealización, autoscopia, diversas manifestaciones de lo siniestro que para la autora no son exclusivas de la psicosis sino que también pueden darse en la neurosis.
    La experiencia del doble es paradigmática de ese sentimiento de lo unheimlich y ofrece una semiología que va desde la más sutil despersonalización a la alucinación del doble.
    Afirma Lippi: “La imagen especular incluye la falta: desajuste entre el cuerpo y su imagen, distancia entre los dos, distancia que permite mantener lejos –imperfecta, incompleta– la identificación con el falo”.
    Las consecuencias de estos avatares de lo imaginario se manifiestan de modo diferente en la neurosis y en la  psicosis. Dice la autora: “En la neurosis, la falta (el falo) deviene lo imprevisto representable, se encarna en la imagen que fascina al sujeto. […] El sujeto no se encuentra más ahí: es la despersonalización. […] la relación dual pura desposee al sujeto de toda relación con el Otro simbólico, capaz de instaurar una distancia entre el sujeto y su imagen. […] Generalmente, estos estados son pasajeros en la neurosis.
    En la psicosis, las cosas se llevan de otra manera. La angustia se transforma en pérdida identitaria y/o en  sentimiento de persecución. Para Lacan: «[…] este sentimiento de relación de desposesión remarcado por los clínicos para las psicosis, desposee al sujeto de esta relación al Gran Otro. […]»”.
    Vemos que ambos autores señalan a la voz y a la mirada como objetos pulsionales esenciales en la constitución subjetiva y en la estabilización fantasmática, cuando es posible su constitución.
    Creemos que ambos textos tratan, con suma rigurosidad, la particularidad de los circuitos escópico e invocante y la gramática que ponen en juego y cómo pueden llegar a transitar los laberintos de lo Unheimliche. En el armado de la pantalla imaginaria en la constitución del yo, ambos objetos pueden volverse de una inquietante familiaridad, de lo Unheimliche, ofreciendo una variada gama de manifestaciones en la clínica que nos compete.


     

    (1) Es interesante, respecto del origen “torbellinario” de la pulsión, lo que desarrollo Roberto Harari en
    el libro La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal,
    Barcelona, 2001.

  • Lo Unheimliche, la experiencia del doble y el acontecimiento estético

    […] pronto noté con perplejidad que el visitante intruso era mi
    propia imagen.
    Sigmund Freud

    De entrada, en su artículo Lo siniestro, Freud pone en consonancia la clínica de la angustia con la estética. Nos  preguntamos: ¿qué interés guarda para el psicoanálisis vincular ambos campos? Intentaremos ceñir esta pregunta
    a partir de algunos interesantes escritos de este número de LaPsus Calami. Aclaremos que se trata de una angustia que no entra en el cerco de la angustia señal, esa que está enmarcada por el fantasma, sino de otra angustia, automática,(1) pavorosa, terrorífica, que espanta, asociada a la pérdida de las coordenadas del tiempo y el espacio en el sujeto, que lleva a la despersonalización y, al decir de Norberto Ferreyra en su texto, es “signo
    de la imposibilidad de que algo nuevo pueda ocurrir”.(2)

    Subrayemos también que el abordaje de la estética que propone Freud y que pone en relación con esa angustia, es el de aquello que no refiere precisamente al campo de lo bello, de la buena forma o de lo armónico. Se trata de la estética de lo feo, de lo extraño, de lo sombrío, de lo siniestro, de lo que espanta y aterroriza, pero que a su vez, como el término Unheimiche lo expresa, contiene en su núcleo lo más íntimo, lo familiar, lo heim. Al comienzo
    del texto, Freud lo define como aquella modalidad de lo pavoroso que viene de lo que hace mucho tiempo es conocido y familiar.
    Los diversos autores ponen a prueba y optan por diversas traducciones. Algunos, partiendo de que “excita angustia”, lo traducen como “inquietante extrañeza”; otros, poniendo el acento en lo familiar, como “inquietante familiaridad”. Siguiendo a Freud podemos decir que lo siniestro es aquello que para el sujeto le viene desde lo que hace mucho tiempo es conocido y familiar, pero que indudablemente no se le presenta como tal. ¿Y qué es lo que tiene esas características? Lo más primitivo en su constitución atañe al tiempo lógico en que ocupaba el lugar de objeto para el deseo del Otro. Es la constitución del sujeto como das Ding.
    Varios autores trabajan esto para pensar ese tiempo lógico que habita al parlêtre y que de diferentes modos, y no exclusivamente en la psicosis, puede desencadenar fenómenos de despersonalización, de persecución o de
    autorreferencia. Lo siniestro es lo que viene a irrumpir en el júbilo del cuerpo especular, lo que despedaza el semblante, corre el velo de lo imaginario y no acepta articulación simbólica. Como la imagen que vio Freud cuando se abrió la puerta del vagón del tren y el sacudón le mostró, en el reflejo del vidrio, la imagen de un viejo ya pronto para ir a dormir.
    Paradójicamente, ese lugar en que el sujeto se encuentra en manos del Otro, inmerso en su goce, esclavizado por su demanda, subordinado a su deseo, alienado a sus significantes y que le sobreviene como unheimlich, es un tiempo lógico que es condición para su existencia como sujeto. Al decir de Freud, que lo toma de Schelling, “[…] es todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”. (3) El fenómeno del doble es paradigmático de este sentimiento de lo siniestro. Por eso, varios autores lo toman para dar cuenta de él. Por ejemplo, Isidoro Vegh lo dice en estos términos: “También el fenómeno del doble sería la puesta en la escena real de un tiempo supuestamente superado, el que muestra el modelo óptico de Lacan como su primer tiempo, cuando el infans encuentra su yo como ideal –yo ideal– en el campo del Otro. Su irrupción, aún en neuróticos, nos estaría indicando que el archivo nada pierde y que su actualización puede verse incitada por insuficiente paso por el  procesador lógico que caracteriza al inconsciente como lógica de incompletud, o bien por incitaciones que desde la realidad promuevan la vía inadecuada al retorno de lo igual.
    […]
    Su retorno demoníaco es el retorno de lo que el sujeto no gobierna, compulsión de repetición, repetición de lo  mismo, de un mismo goce que como real, aterra al sujeto al cual ignora. Retorno como otro, en el doble, retorna
    como lugar inmanejable, donde el shifter no admite al sujeto e impera el Otro”.
    Juan David Nasio, en la entrevista que nos concedió para este número, también se refiere a la experiencia del doble para decir que lo siniestro anida en el narcisismo más primigenio, ahí donde no están definidos o  diferenciados los campos del Otro ni del sujeto. Lo dice en estos términos: “La inquietante extrañeza, en Freud, es la inquietud que provoca en mí lo familiar, lo conocido, lo archiconocido, tan archiconocido que es el doble, que soy yo. Por eso, si uno relee bien el texto, Freud se inquieta frente a la imagen de él en el vidrio, ¡pero es la imagen de él! No es la imagen de alguien que es un monstruo.
    Entonces, esa traducción, «inquietante extrañeza», ha llevado a que mucha gente (yo incluido, en un primer  tiempo) creyera que se trataba de la inquietante monstruosidad, de un monstruo inquietante. ¡No! Es la inquietud
    que provoca en nosotros lo más cercano a nosotros, lo más parecido a nosotros. Me parece extraordinario ese texto de Freud porque señala un fenómeno psicológico muy interesante: Freud se asusta de algo que, en realidad, es él, es su propio reflejo en el vidrio. Se trata de la angustia provocada no por una cosa grave que pueda ocurrir o por algo que sea completamente inimaginable, inhumano. ¡No! Es la angustia que se produce ante mí mismo, en el yo mismo, cuando me acerco al espejo, miro mi cara y, de pronto, descubro un granito en la piel, me asusto y digo: «¿Y eso qué es? ¿Pero no será un cáncer? ¡Ay, ay, ay!». Y me asusto. Esa es la angustia de la inquietante extrañeza. Es realmente mi imagen en el espejo, esa cara que conozco de memoria, esa cara que veo todos los días desde que soy niño y tengo una conciencia lúcida. Yo diría que uno se ve desde el estadio del espejo, entonces, esa cara la conozco y, sin embargo, cualquier día uno va al espejo, mira un lunar que tiene en el cuello y se asusta porque ese lunar tiene una forma diferente.
    […] No hago más que transmitir lo que yo entendí y que me parece que tiene un alcance clínico mucho más  profundo y mucho más cercano que pensar que es la inquietud de que aparezca un monstruo detrás de una columna o detrás de una puerta. Por eso es el «doble» y no es el «otro». Sartre decía «el infierno son los otros»”. Freud, con la inquietante extrañeza, dice que «el infierno es uno mismo». Esto me recuerda a una paciente que
    frente a la aparición de lo “panicoso”, como ella llamaba a una intensa angustia paralizante y terrorífica que la tomaba frente a diversas experiencias que, aunque buscadas, eran novedosas en su vida –como un embarazo o el
    estreno de una de sus obras–, se decía “rescatate”, y solía ponerse a escribir. ¿Qué tienen en común el psicoanálisis y el acontecimiento estético sino posibilitar una praxis en la que haya un tratamiento de lo real por lo simbólico? Recordemos que el artículo Lo siniestro es de 1919, o sea que está a las puertas de la elaboración y conceptualización de Más allá del principio de placer, de 1920, giro capital en la historia del psicoanálisis por el lugar que va a ocupar la pulsión de muerte.
    Si la angustia, al decir de Lacan, es la única traducción subjetiva del objeto a, la angustia terrorífica, indómita, que se presenta como extrañeza, aunque anide en lo más íntimo del sujeto, la de lo Unheimliche no tiene traducción,
    es intraducible, no hay palabra que la pueda ceñir, a pesar de los esfuerzos etimológicos iniciados por Freud en su célebre texto.
    Entendemos que allí tiene lugar el arte, la producción estética, la invención, particularmente aquella que no concierne ni a lo bello ni a lo armónico ni a la buena forma. Freud encontró que el Romanticismo alemán, en
    su prolífica fantasmagoría, tuvo mucho que decir al respecto y echó mano del cuento de Hoffmann, El hombre de la arena.
    Es interesante el lugar que ocupa la obra de arte, la que le proporciona otro lugar de alojamiento al sujeto, más allá de la imagen especular, un lugar de vaciado (moulage) de aquello que se pergeñó en la propia matriz o molde
    (moule) de constitución del yo del artista. (4)
    Varios de los textos de este número de LaPsus Calami trabajan lo siniestro desde diferentes expresiones del arte. Citaremos solo algunos, los que reflexionan sobre artistas cuya obra es visual. Por ejemplo, Juan David Nasio
    cita a Vallotton y su obra pictórica, en la cual vuelca ese sentimiento angustioso, amartisse, amargura. Diana Voronovsky, a Francis Bacon. Lucia Serrano, a Rothko, para quien “la pintura no es sobre la experiencia. Es
    una experiencia”. Alba Flesler, a Roland Barthes, quien sobre la fotografía dice: “Es el advenimiento del yo mismo como otro”.
    Textos que dicen que frente a lo siniestro, cuando colapsan las coordenadas del fantasma, se sacude la utópica “realidad” e irrumpe lo real. Tanto el artista como el que queda extasiado con su obra, encuentran otro lugar donde alojarse, un heim que no sea Unheimliche, un marco diferente del espejo del Otro. Didi-Huberman (5) diría “lo que nos mira” cuando vemos y nos ubica en la dimensión de otro umbral, donde el tiempo es otro que el
    del cuerpo de la imagen especular sancionada por el Otro.
    Arte de levare y no de porre, la praxis psicoanalítica, al igual que el acontecimiento artístico, produce ese vaciado indispensable para que en el lugar del exceso asfixiante del objeto germinen las vivificantes hebras del deseo.


     

    (1) Recordemos que la noción de “angustia automática” fue introducida por Freud al reformar su teoría
    de la angustia en Inhibición, síntoma y angustia (1926), es decir, algunos años después de escribir Lo
    siniestro, y se diferencia netamente de la angustia señal, que es una  señal de alarma para el sujeto ante
    lo traumático.
    (2) Ver el trabajo de Norberto Ferreyra en el presente número.
    (3) Sigmund Freud: “Lo ominoso”, en Obras completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, vol. XVII,
    pág. 225.
    (4) Ver los párrafos traducidos del libro Arte y psicoanálisis, al final de la entrevista con Juan David Nasio.
    (5) Georges Didi-Huberman: Lo que vemos, lo que nos mira, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2004.

  • Das Unheimliche, work in progress…

    Presentación de Lapsus Calami N° 5 en la Biblioteca Nacional el 30 de abril de 2016

    Por Ilda Rodriguez

    El escrito freudiano de 1919 que lleva ese nombre, tiene una relevancia fundamental para la inserción del psicoanálisis en la cultura. Forma parte de un cabal work in progress –que se va realizando sobre la marcha-  puesto en acto por Freud a partir de esta  “palabra-concepto” – como la llama – donde la importancia del término, de su significación, es esencial a la construcción, definición y puesta en relación con otras nociones de la doctrina psicoanalítica. ¿Cómo nombrarlo en nuestra lengua castellana, si en ésta no existe una palabra que pueda brindar todos los matices que propone el padre del psicoanálisis para lo Unheimliche, habiendo dedicado su primer capítulo al estudio de esas posibilidades lenguajeras? Quiero decir que la palabra alemana misma escribe de lo que trata la noción, al modo del performativo. Desde luego que hay allí una incidencia del “genio de la lengua”[1]alemana, puesto que cada lengua goza del suyo.

    Ahora bien, Freud nos alerta que en su exposición va a tomar esta vía, la del uso que la lengua muestra, luego se abrirá camino a través de una colección  de casos particulares y sólo más tarde encontrará su confirmación. Incluso, había insistido en distinguirlo como “más estético” que clínico. ¿Acaso esta consideración dará en hablar, tal vez, de un carácter no reductible fácilmente al significante, mostrando una incidencia del registro de lo Real?  Es claro que lo Unheimliche freudiano, de inicio trae un problema a su traducción en otras lenguas, eso es seguro. Pero ¿qué novedad nos trae a los analistas con lo que intenta mostrar mediante esa noción?

    A no dudar que estamos frente a una novedosa “fábrica del concepto”, habida cuenta de que el inventor del psicoanálisis nos advierte que si bien aquella “palabra no se usa en un sentido que se pueda definir de manera tajante”, puede encontrarse[2] que esa “palabra-concepto particular contenga un núcleo que justifique su empleo” y “se quiere averiguar cual es el núcleo común que  permite, por ejemplo, diferenciar algo “Unheimliche” dentro de lo angustioso”.[3]  En esa línea, por ejemplo, se da a leer la reproducción in extenso –por Freud– de “las entradas de diversos diccionarios” Estas consideraciones preliminares apuntan a ir concluyendo que “Entonces heimlich es una palabra cuyo significado evoluciona hacia la ambivalencia, hasta  coincidir con su opuesto, unheimlich. De algún modo, unheimlich es una especie de heimlich.”

    De nuevo, vale consignar cierta condición paradójica detectable en la noción que denuncia su relación con lo Real y que se aprecia cuando Freud plantea cómo lo familiar deviene siniestro, y tan significativo como que lo heimliche (íntimo, familiar), en sus variantes semánticas se torna en Unheimliche” (extraño, no familiar)

    En el Seminario XXIII, Lacan nos habla del  parolier[4], que bien traducido hace referencia a “quien pone lo suyo, sobre ese texto del Otro”.[5] Así este “parásito libretista”- ¿posición en nuestras notas de lectura?- es un ¿virus? ineludible padecido por el parlêtre. Precisamente, somos invadidos por distintas propiedades de las palabras, especialmente por su polifonía. He aquí la cuestión, ¿debemos someternos a ella dejándonos hacer por todo lo que evoca e invoca cada palabra? ¿Importa liberarnos de la omnipresente polifonía cuando decimos que una palabra solo quiere decir lo que dice?

    Se sabe que el inventor del psicoanálisis interroga los escasos puntos de contacto entre  psicoanálisis y estética; específicamente cierto sector de esta, uno alejado, marginal para que nos provea algunas respuestas sobre el funcionamiento de nuestra vida psíquica. En esta dirección se esboza el propósito de poner a hablar lo coral de algunos textos que componen este número, prevalentemente los que tratan lo Unheimliche en tanto “un ámbito determinado de la estética”, el “de la ficción”, no menos que por “el papel que tiene para la teoría psicoanalítica la investigación de las representaciones literarias y artísticas […], y en el campo más amplio de los procesos culturales contemporáneos”[6]

    Se trata de lo Unheimliche leído en clave polifónica desde el arte en psicoanálisis o desde un arte modificado por el psicoanálisis. En todo caso, en una relación plural y múltiple, como quizás pueda apreciarse… inesperadamente.

    Sin duda que lo mencionado abre a una de las paradojas que nos enseña la estética en relación con la belleza, y es que cabe encontrar, precisamente, la fascinación por lo siniestro. Por eso, no es inusual que alguien casi se lance hacia eso, pretendiendo recuperar allí ese goce que le falta y así poder lograrlo. Resta hacer la salvedad de que así es mentada la falta –paradójica– de un goce que fue perdido y que nunca se tuvo, lo cual da cuenta de una determinación Real, ya que esa procura no cesa… de no escribirse.  Desde tal perspectiva, su andadura se rige por una multiplicidad de voces plenivalentes para decir lo Umheimliche en sus inflexiones clásicas y novedosas, sostenida por una lectura capaz de autorizarse en la generación de enigmas.

    Manos a la obra, pues, para comenzar a despejar el interrogante suscitado, no sin procesar el efecto de enseñanza que implica, porque desde ya en el recorrido por los distintos textos que avanzan el concepto, habremos de tropezar con aparentes contradicciones, con tanteos y tal vez con formulaciones definidas, retroactivamente, como provisorias. En esta orientación, resulta –a todas luces – cardinal seguir las notas y referencias freudianas que van conduciendo a reescrituras, agregados, transferencias a diferentes artículos en otros momentos y en la vía de la formulación del concepto.[7]

    Un mínimo despeje iniciado exige exponer algunas cuestiones de manera gradual, comenzando por el distingo que se deja captar en lo Unheimliche freudiano cuando es volcado al francés, por ejemplo, como inquiétante étrangeté –inquietante extrañeza, en castellano. Entendido en tal tesitura, vale la pena acentuar que lo extraño sabe –con presteza– ser inquietante y por cierto, que tiene cierta lógica. Pero entonces, ¿qué de novedoso nos traería Freud con unheimlich si fuera la inquietante extrañeza?

    Retomando nuestro hilo, puede verificarse que en su work in progress hacia la conceptualización de lo Unheimliche, Freud va tomando el pulso a la noción –siguiendo un genuino designio– alrededor de: unas respuestas, sensaciones, sentimientos, pensamientos, creencias, impresiones, ante algo.

    ¿Adónde nos conduce lo hasta aquí expuesto? A mi juicio, a una conclusión –provisoria tal vez para nuestro tránsito – en la que Freud nos llama la atención introduciendo el término Überwundensein y ofreciendo esta lúcida explicación: “[…] tan pronto como en nuestra vida acontece (ereignet) algo que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones (Überzeugungen) tenemos el sentido de lo siniestro” y a veces, el desencadenamiento de una repetición del fracaso (a) una neurosis de destino.

    Quizás podamos situar un “tipo” singular de angustia que emerge en la repetición del fracaso, que posibilita leer lo siniestro dentro lo angustioso. Así, ante la tercera ocurrencia de lo igual – se desencadena el desprendimiento del objeto a en el cual el parlêtre comprometió su oquedad y forzándose la función fantasmal, acaece el retorno de lo superado (Überwunddessein)”… identificándose a ese objeto en su caída.

    Pruebas al canto: hemos dicho que al escudriñar lo Unheimliche, Freud realiza un rastreo conceptual y etimológico que promueve lo equívoco, lo vacilante, lo abismal, realizando una lectura que permite reescribir el término de una manera novedosa.

    De nuevo: terminará mostrando-como señalábamos-  que la voz heimliche coincide con Unheimliche: todo lo que, debiendo permanecer secreto, oculto… en latencia;  no obstante se ha manifestado (Schelling). Es decir que lo Unheimliche no sería nada nuevo, sino algo que le fue familiar a la vida psíquica y que se manifiesta como una presencia sin representación, un huésped que atraviesa la barrera protectora y que une al instante de lo siniestro con un instante de desamparo percibido en el sujeto. Podríamos decir que el sujeto se desorienta, puesto que la experiencia de lo Unheimliche ilustra, como se sabe, esa sensación de haber caído en una encerrona –exactamente ese momento–, de ser devorado por el deseo del Otro, de no dejar un lugar para que alguien pueda alcanzar su “poco” de libertad.

    Habría que atender más a esa noción freudiana  Überwundensein, traducida por “retorno de lo superado”, que acontece al destaponarse la función fantasmal, bajo la forma de convicciones férreas y  de tinte deliroide, ante las que el parlêtre se angustia. Ha sido la lectura de Roberto Harari la que le ha devuelto su sitio a ese término, en el tratamiento de lo Unheimliche,[8] ya que su autor lo había diferenciado estrictamente del retorno de lo reprimido, apoyándose específicamente –según entiendo– en la mudanza de la posición subjetiva denotada por esa experiencia. Sin embargo, resulta bastante habitual la explicación unívoca por aquel sesgo de lo reprimido.

    Inherente a dicha discriminación, resulta destacable el valor de lo que “acontece”, que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones, y lo que retorna es un sinsentido, repitiéndose “algo que parece” o “que no es ni parecido ni no parecido”. En todo caso, se trata de un des-encuentro frente a lo que se vuelve unheimliche por su ligazón con la angustia. Otra vez aparece en la escena lo que debería permanecer oculto y sin embargo se ha manifestado. Convendría, entonces, desentrañar esa manifestación del retorno de lo reprimido de lo que constituye un retorno de lo superado. Es decir que dicha operación da cuenta de que la angustia ex-siste a lo simbólico. Es que dicha inermidad ante el Otro comporta la imposibilidad de contrarrestar “su llamado”, esbozándose la certeza del sujeto. Se alude a aquellas antiguas convicciones supuestamente perdidas, que al retornar, engendran algo del orden de una certeza, ocasionando ese sentimiento de lo siniestro.

    Por cierto, que en la angustia hay una inequívoca referencia a la espera. A mi entender se trata, en esta aprehensión, de eso en lo angustioso a lo que Freud reconoce como lo siniestro (el nada, el a). Entonces, resulta interesante puntuar algunas cuestiones en relación con la angustia asimilada a lo siniestro, paradigmáticamente, y en su referencia (Beziehung) al a.

    Ahora bien, si como enseña Lacan, la angustia no es sin objeto, ¿cuál sería el objeto de lo siniestro, habida cuenta de lo que se viene atestiguando acerca de un objeto angustiante inminentemente presente? Hay otras referencias a lo Unheimliche, además de las ya mencionadas, que sin duda incluye una respuesta ante lo inhabitual, lo incomprendido, lo inesperado, etc., cual es el a bajo la forma de la voz –audible, por ejemplo, en las alucinaciones paranoicas o en los mandatos delirantes.

    “Acaso sea cierto que lo Unheimliche sea lo familiar-entrañable (Heimliche-Heimische) que ha experimentado una represión y retorna desde ella, y que todo lo Unheimliche cumpla esa condición. Pero el enigma de lo Unheimliche no aparece resuelto con la elección de ese material. Nuestra tesis no admite ser invertida”-refiere Freud.[9] Desde ya que el enigma está mentando el registro de lo Real y es definido por Lacan como una enunciación que no encuentra –aún– su enunciado, en el Seminario El sinthoma. Esta es la apuesta en juego que no hacemos sino ahondar y precisar: “Nada responde a los enigmas”.[10]

    Sin duda, que no se deja de aludir a una cuestión sobre la que cabe volver una y otra vez, cual es, una lectura de la novedad. Es decir, cómo la pérdida de la procura de lo novedoso, angustia; antes bien, se trata del temor a no poder salir de lo viejo, cuyo reaseguro consiste en el “antídoto” de la castración.

    Digámoslo otra vez, se trata el nuestro de un trabajo que se va realizando sobre la marcha – el work in progress freudiano –y aquí en este coloquio sigue sucediendo en acto, topándonos con aparentes contradicciones, con tanteos,  con formulaciones definidas, en la retroacción, como provisorias…

    Concluimos por ahora, con la voz del genio vienés en la introducción de su Das Unheimliche –momento en que la Primera Guerra Mundial acababa de finalizar-: “Por lo demás, debo confesar que por razones fáciles de colegir, propias de esta época, para este pequeño ensayo no he examinado a fondo la bibliografía, en particular la de lengua extranjera, y por eso no sustento ante el lector ninguna pretensión de prioridad”.[11]

     

    Ilda Rodriguez, Extensión de lo siniestro, BN, 30/4/16

    ildaarodriguez@gmail.com

    [1]Cf,  Ilda Rodriguez,  El genio de la lengua en LaPsus Calami Nº4, Traducción en Psicoanálisis, Letra Viva Editorial, 2014, p.181

    [2] Vale afirmar que “el que busca, encuentra” es una modalidad del  work in progress.

    [3] Sigmund Freud: “Lo ominoso”, en Obras completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986, vol. XVII, pág. 245.(manuscrito inédito-texto bilingüe-Edición y comentarios L.F:Klimkiewicz)

    [4] Parolier: Compositor de la letra de una canción, texto en el cual está escrita la música de una obra lírica de la ópera, libretista (Le nouveau Petit Robert de la langue française).

    [5] Roberto Harari: ¿Cómo se llama James Joyce? A partir de “El sinthoma”, de Lacan, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1995, pág. 178.

    [6] Ibid

    [7] Cf. los artículos de Freud de 1907, 1909, 1910, 1917 y 1924, por ejemplo.

    [8] Roberto Harari: La repetición del fracaso, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1988, pág. 152.

    [9] Sigmund Freud: Op. cit. (El subrayado me pertenece).

    [10] Crítica sobre El ojo, libro de Alberto Girri, escrita por Alejandra Pizarnik.

    [11] Sigmund Freud: Op. cit.

  • LaPsus Calami Nº 5, Porto Alegre 2015

    Por Ilda Rodriguez

    Que prazer nos provoca compartilhar com todos vocês – amigos, colegas e aqueles que hoje se sentiram convocados – esta apresentação de nossa LaPsus Calami Nº 5, La angustia y lo Unheimliche, neste colóquio sobre a temática! Trata-se de apresentar, conforme nos diz o dicionário, uma desconhecida até aqui, por intermédio de alguns que a conhecem, a um terceiro que deseja conhecê-la. Com efeito, tentaremos oferecer alguns dados iniludíveis para estabelecer uma conversação com vocês, os leitores, que permita construir uma amizade rica, fluída e produtiva com nossa Revista de psicoanálisis, bem como afiançar a já iniciada com os números anteriores.

    A LaPsus Calami vem procurando, entre outras questões, situar as principais diferenças que surgem na psicanálise atual, especialmente no âmbito de Convergência, Movimento Lacaniano para a Psicanálise Freudiana – embora não somente, como terão ocasião de apreciar. Entre essas diferenças, deverão ser consideradas não só as que surgem pela história e pelas transferências de trabalho que foram traçando certos percursos, mas também as originadas em diversidades geográficas, culturais e, particularmente, as produzidas pela passagem de línguas, “porque o reconhecimento da diferença entre línguas enriquece o trabalho em psicanálise e permite evitar a hegemonia de uma língua sobre outras”.[1]  Por isso, o desafio que nosso grupo se propõe ao editar LaPsus Calami é publicar uma seleção de textos que representem essas diferenças fecundas sobre um tema escolhido cada vez, com a finalidade de instalar as múltiplas perspectivas, lê-las e colocá-las a trabalhar mediante um artifício que denominamos Notas de lectura (comentários sobre matérias lidas). A tarefa não é fácil, já que – por inércia – ao defender uma posição mais próxima à própria, tende-se a desmerecer o outro enfoque, sem pesquisar suficientemente para poder localizar seus motivos e, dessa maneira, enriquecer ou modificar a própria posição, de modo que tenha consequências. Localizar as diferenças que são postas em ato em cada artigo não significa estabelecer uma simples confrontação teórica, e sim desdobrar seus fundamentos, localizar um traço no Real da cura, situar a transferência a diferentes tempos da obra de Freud e de Lacan, bem como o contexto no qual essas variações foram produzidas, procurando localizar as decisões de leitura tomadas por quem produz em seu contexto. Cabe advertir que nossa leitura “produz” em ato numerosas controvérsias que não sempre são fáceis de serem asidas, posto que, ao não existir uma linha única de leitura, tampouco rege uma mesma “língua psicanalítica”. Longe de considerar essa multiplicidade como um defeito e procurando unificar ou totalizar essas tentativas, apostou-se em preservá-la, propondo-se “alojar em seu seio o princípio de uma diferença fecunda presente nessa multiplicidade”.[2]

    Pois bem, parece-me que a LaPsus Calami, devido ao fato de se especificar justamente na publicação de trabalhos de analistas que oferecem suas letras para falar sobre as temáticas colocadas a consideração, os editores respondemos – estendendo o convite à escrita – com o artifício das Notas de lectura.  Quero dizer, de uma escrita levada a cabo pelo leitor e pelo autor respectivamente, podendo assim nos posicionar – enquanto analistas – como leitores coprodutores dos textos.  Às vezes, é claro que nesse convite à reescrita, e é algo que de ser lida é possível verificar, a repetição gera uma diferença inexorável.  Por exemplo, há Notas de lectura surgidas de um conjunto de textos díspares que se movimentam impelidos – como um jogo de forças – conforme o movimento de um “atrator estranho”[3] para quem escreve e que se trata de um “pequeno detalhe” que vai quebrar o anelo que ilude uma comunicação unívoca. Em ocasiões, a malha da Nota é o tecido circundante de um deles e, em outras, os recortes e as pontuações – de que elas se servem – ecoam entre si, contornando-se, enroscando-se  como uma telescopagem e entremisturando-se. Inclusive costuma acontecer que – pelo menos em minha prática – ao encontrar-nos com os textos que supostamente tratam do tema em questão, a princípio na recepção da leitura surge a dúvida, a incompreensão flutuante, a vacilação, a hesitação, a suspeita desconfiada ante nossas conjeturas; enfim, surgem sentidos vários, justapostos, em linhas paralelas, autônomos que, às vezes, não se articulam com o consabido e talvez – nem sempre acontece – a gente se depara não somente com muitos sentidos, mas sim com um plurissentido paradoxal dos textos.

    Tudo isso, a meu entender, não faz mais do que exacerbar – pondo em ato – o presente da leitura que não é separável de uma historicidade da qual a escrita não goza, já que ela só se sustenta pelo fato de estar presente no presente.  Em outras palavras, se ler começa somente quando se relê, talvez poderia se dizer que no encontro da leitura da escrita é que a natureza da LaPsus Calami se torna possível.

    Por conseguinte, eu convido vocês para lerem este número, especialmente porque estou convencida de que se houvesse uma noção, uma categoria digna de ser considerada nodular em nossa psicanálise, eu não duvidaria em afirmar que Das Unheimliche merece ocupar esse lugar.  Um dos motivos dessa afirmação – não o único, é claro – se deve a que ela chama para ser conjugada tanto na intensão quanto na extensão da psicanálise. É assim que hoje estamos com a LaPsus Calami dedicada a sua expansão, não sem interrogar suas relações com outro conceito maior: o da angústia.  Com efeito, é possível verificar nos artigos, nas entrevistas, conversações e notas de lectura que a compõem, que aquele constitui um campo iniludível da praxe e da experiência do psicanalista.  Para expressá-lo de uma outra maneira e com Bakhtin, a leitura na LaPsus Calami sustenta uma dimensão de exotopia respeitante ao texto: isto é, formular ao texto alheio – “ler como se fôssemos outros” – perguntas não esboçadas por ele, procurando suas respostas a nossas interrogações para descobrir, na tentativa de responder, novos aspectos, novos percursos.[4]

     

    [1] Ata de Fundação de Convergência, Movimento Lacaniano para a Psicanálise Freudiana

    [2] Ibid.

    [3] Cf. Roberto Harari: La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2001.

    [4] Cf. Mijaíl Bajtín: Estética de la creación verbal, Siglo Veintiuno editores, México, 1982, pág. 352.

  • Poésie et psychanalyse. Una asociación ilícita (Une association illicite) – Enrique Tenenbaum

    Présentation 13/6/17 Paris  [1]

    Ilda Rodriguez

    “Le rêve ne se propose de rien dire à personne et, loin d’être un moyen de communication, il est destiné à rester incompris.

    Sigmund Freud

     

    El poema no tiene sentido, no tiene destino 

    (Le poème n’a pas de sens, il n’a pas de destinée)

    Alejandra Pizarnik

    En paraphrasant Lacan, nous constatons que l’on commet parfois avec lui la même erreur qu’avec Freud, qui consiste à ne pas avoir lu ce qui était écrit. Il me semble qu’il s’agit ici de mettre l’accent sur la nouveauté de l’écrit, dans le but de faire avancer la psychanalyse sur ce qui n’a pas encore été lu dans certaines parties de l’œuvre[2] de Freud et de Lacan. Il faut également articuler avec cela la périodisation[3] dans la lecture de ces œuvres psychanalytiques ouvertes. Il me semble qu’un tel traitement ne signifie pas une avancée, en entendant par-là que les derniers travaux sont meilleurs que les précédents et que ces travaux antérieurs peuvent être laissés de côté, étant donné que la psychanalyse comporte une praxis poïétique[4] à déployer dans et à travers la parole, en fonction de ce que veut dire parler en psychanalyse ; comme on peut le voir à la lecture de ce livre.

    À cet égard, si nous concevons l’écrit comme appartenant au réel, nous ne postulerons pas son impossible exhaustion; mais nous devons d’abord nous intéresser à ce que me fait dire le déploiement de cette « relation illicite entre la poésie et la psychanalyse ». En effet, un élément remarquable de ce texte est la générosité à l’égard de son lecteur – c’est du moins mon expérience- il l’accompagne, l’interroge, l’invite à le faire fonctionner, à infliger une certaine violence à ses letres et, pourquoi pas – « faites comme moi, ne m’imitez pas » – en effectuant ce que l’auteur fait au poème dans un pivotement dans lequel il apparait entre l’invention poétique et l’invention psychanalytique. Encore une fois, il présente en acte une pratique de la langue en tant qu’écriture. Enfin, il encourage à prendre la place du lecteur qui « rétro-fonde ce qu’il est en train de lire ».[5]

    Il faut ajouter que Lacan, en relation avec l’inconscient, déclare que le langage est au cœur de ce qu’il enseigne et il ne cesse d’insister sur le fait que l’on a parfois tendance à oublier que ” la parole n’est pas le langage, et que ce dernier fait parler drôlemen qui se spécifie dans ce parlage[6]dont l’apparition se produit pendant la session d’analyse par le biais du transfert. Disons que nous sommes bifides et que l’émergence de lalangue nous donne un modèle d’analyse. Ni strate ni fond, mais fondé par une opération de l’analyste qui fend la langue du phrasé analysant, inaugurant un nouveau signifiant. Et voilà pourquoi « notre » texte montre à travers les actes que le travail analytique vise à tenter de sauver le pouvoir virtuel du langage et non pas à se déplacer dans le strict registre de la langue.  Ainsi le fait de nous accepter en tant que bifides implique un déplacement entre la langue et le langage. A ce propos, Lacan, modifie fortement cette idée selon laquelle nous sommes parlés en suggérant que s’il n’y avait pas une sorte de petite modification – une encoche – produite par le parlêtre, cette langue mourrait.[7]  Cette virtualité, ce pouvoir, c’est celui qui insiste encore et encore à la suite de la lecture du livre : une manœuvre que chacun fait parce qu’elle est de l’ordre de la singularité et qu’elle joue en chacun de nous avec notre condition bifide. Nous ne sommes pas victimes d’une langue qui nous attrape tous de la même manière, ni parlés en conséquence; au contraire, il existe une petite avancée dans une psychanalyse en fonction de cette invention dans la langue qui nous contraint et qui rend l’acte de parler bien singulier en tout cas. Ainsi, et selon une lecture survenue a posteriori, nous atteignons le point où, s’il y a une différence, elle passe par l’écriture. Ce que l’on entend ne suffit pas parce que les jeux phoniques ne la produisent pas. Qu’il y ait une primauté du langage c’est avant tout une réflexion sur ce qui se passe avec l’écriture, avec l’inscription. L’écoute – il faut le souligner- conduit à des malentendus, autant qu’entre “pour être” et “paraitre”.

    Maintenant, je veux me concentrer sur une question – que le texte élucide vers la fin – par rapport à la position de l’analyste comme poème, à certains moments de la cure. Pour commencer à élucider cette question « Je ne suis pas un poète, mais un poème. Et qui s’écrit, bien qu’il ait l’air (il ait l’air d’être su-je) d’être sujet. » Ici, dans cette préface pour un public anglophone, il met en acte un jeu continu de lettres, en se basant sur une utilisation spécifique de la langue qui enlève de la facilité à sa lecture, parce qu’à la manière d’un poème, il viole ce que l’on pourrait appeler la variante communicationnelle du langage.

    Cependant, que l’analyste dans la cure – à travers la mise en œuvre du désir de l’analyste – se fasse faire un poème qui s’écrit -poèmanaliste : poème-émane-analyste permet d’en déduire d’emblée, me semble-t-il, que l’écriture ne se soutient que parce qu’elle est présente dans le présent (Meschonic). Et en même temps, elle tente de mettre en œuvre un présent de lecture – lire ne commence que quand on relit- qui n’est pas séparable d’une historicité, dont ne jouit pas l’écriture. Peut-être pourrions-nous ajouter que pour que le poème ait lieu là, il faut se passer à la fois du contexte et du référent. A ce moment-là, la poiesis fait son entrée en tant que production dans la présence, que nous pourrions appeler poème – comme j’espère pouvoir l’exposer – et qui apporte à la langue la question suivante : qu’est-ce que cette expérience de la rencontre, de la trouvaille de la perte de l’objet, dans l’effectuation du poèmanalyste dans une cure ?

    Par exemple, dans ce sens, l’expérience dans l’analyse de l’association libre répondant au “parlez”de l’analyste, laisse une place fondamentale à la bêtise pour qu’elle soit élevée à la dignité de tâche analysante, étant donné qu’elle s’enquiert des malentendus que le forçaje analytique fera sonner – dans la parole imposée par cette Autre chose. Sans aucun doute, il s’agit d’un exercice que Lacan nous recommande d’effectuer- en le mettant en acte – car il est tout à fait révélateur : « Transformer la manière d’écrire les choses» en écrivant dans le texte de l’analysant pendant la séance, à la manière du palimpseste.

    Voici les premières choses qui me viennent à l’esprit quand je lis son ” je suis un poème qui s’écrit ” :

    • Il y a quelque chose de l’ordre du produire, et convenons que s’il n’y a pas de communication, il peut y avoir un non-sens. Ce qui ne veut pas dire que ce qui s’appelle poème soit hermétique, ni confus, ni beau, ni que cela requière une clé pour l’élucider; plutôt cela implique de pro-duire- à la manière d’Agamben – ce mettre la présence de l’être.
    • En d’autres termes, selon notre expérience clinique quotidienne, le dire se transforme en acte, par exemple, en montrant combien de mots sont impliqués dans l’un d’entre eux, dans la mesure où – selon la perspective de l’entêtement imaginaire – il est prétendu univoque, entier. En échange, sa rupture est propice, en faisant jouer l’homophonie, en trouvant, par exemple, un mot qui est à proximité de l’autre – et qui jusque-là ne nous serait pas apparu; et par une déviation des lettres (un clinamen) un autre mot est souscrit qui n’est pas dans le lexique commun unifié, ce qui provoque un effet – certainement bénéfique – de désadaptation. Cela se produit donc au moment d’être mis en présence de la parole (habla) même, ce qui s’écrit avec un ensemble de lettres fournies par la masse phoniques entendue de travers chez l’analysant, qui en babillant (al parlotear) fait de la poésie quand ça arrive – cela n’est pas fréquent. Pour Lacan, disons d’emblée que l’acte – tout court – prend la place d’un dire dans lequel change le sujet, car il fait que dans ce ” je suis arrivé là ” se vérifie un acte analytique. Il est atteint, touché – vu et entendu – à chaque entrée dans une analyse. À ce point, en tant que poème qui s’écrit- il est présent dans le présent – l’analyste, en principe, ne peut rien faire d’autre que se plier de manière aliénée à cette activité (ça) langagière aux fins imprévues pour lui.

    Pour conclure ce parcours, je voudrais dire qu’Enrique Tenenbaum fait référence à la condition de « désabonné de l’inconscient », ce qui, me semble-t-il, désigne un parlêtre qui a interrompu ou annulé son abonnement, et il s’agit donc de jeter les bases d’une rupture de la liaison précédente avec l’inconscient. Dans cette ligne, on peut dire par exemple, que pour Joyce son sinthome lui était inconscient et qu’il ne savait pas comment il était en train de fabriquer son propre nœud et / ou sa chaîne. Eh bien, on vérifie face à cette question, que l’Un s’inscrive/s’inscrit (el subjuntivo en español se inscriba-) comme une formation psychique désabonnée, dans la mesure où il a réussi à rompre son lien d’origine en se passant du soutien, une dette éternelle, car impayable. En ces termes, cela illustre quand même le fait que, dans l’analyse, nous travaillons pour créer une autre forme de crédibilité, sans attendre que l’Autre nous donne ses sens et par le biais de l’invention de nouveaux signifiants, au lieu du sens on pose un “j’ouis-sens”, une façon de le décomposer homophoniquement à jouissance.[8]

     

    [1] Maison de l’Amérique Latine, Paris, coordinado por Diana Kammieny

    [2] Obras completas? O para decirlo con  Umberto Ecco , son abiertas ya que ante todo convocan al lector a dar las razones de su práctica. No deconstrucción deleziana.

    [3] Ilda Rodriguez,Las psicosis en psicoanálisis,  Lapsus Calami. Revista de psicoanálisis Nº 6, Autismo y Psicosis, Letra Viva, BsAs , 2017

    [4] Poema procede del latin po~ema, y este del griego poiema, ( creación, hazaña) y poiesis cuya raíz es poien (hacer, crear) y originariamente  se utilizaba para denominar cualquier obra literaria

    [5] Roberto Harari, Polifonías del arte en psicoanálisis y en numerosos artículos y libros de su autoría.

    [6] Jacques Lacan, De la lectura de Freud, en Lacan, Roberto Georgin, Nueva Visión, Bs.As, 1988

    [7] J.Lacan, Seminario 23

    [8] R. Harari, Cómo se llama James Joyce? A partir de El sinthome de Lacan. Amorrortu, BsAs 1983,  Manera de descomponer homofónicamente a jouissance  “goce”

  • À propos de la pratique de la psychanalyse: variations autour de Lapsus Calami

    LC3 Présentation de Lapsus Calami à Paris

    On sait qu’il faut une deuxième hirondelle, au moins, pour faire le printemps, et dans le cas d’une revue, il faut un minimum indispensable de numéros publiés pour faire une série, et avec ce N° 3, que nous présentons aujourd’hui, je peux vous annoncer que le Groupe de travail de Convergence Perspectives en psychanalyse est déjà en train de concocter le Nº 4, et qu’il a commencé à collecter les écrits, et dans ce cas, il s’agit plutôt de semer que de récolter.

    A ce propos, Lacan nous dit de ses Écrits qu’ils formulent un contenu sur lequel on peut s’appuyer ou que l’on peut laisser de côté et il ajoute plus tard, qu’ils sont là mais ne sont « pas à lire ». À mon avis, il indique une voie à ceux d’entre nous qui se reconnaissent dans son enseignement sur les effets de cette lettre et sur son incidence sur notre pratique analytique – sans oublier non plus que sa réception peut ébranler une position subjective.

    Or, il me semble que Lapsus Calami, précisément parce qu’il s’agit d’une revue qui se spécialise dans la publication de travaux d’analystes qui offrent leurs lettres pour parler de thématiques soumises à notre considération – et qui ne coïncident pas toujours sur tout mais qui le font toujours des manières les plus diverses – il arrive donc souvent que dans notre revue les effets découlant du fait de nous approprier les textes de Freud et de Lacan pour répondre à l’invitation par le biais de l’écriture. C’est là que les Notes de lecture font leur entrée. Je veux dire, d’une écriture réalisée respectivement par le lecteur et par l’auteur, pouvant ainsi se situer – en tant qu’analystes – comme  lecteurs co-producteurs de textes. Il est clair que par moments, et c’est une chose que l’on peut confirmer en les lisant, dans cette invitation à la réécriture, la répétition engendre une différence inexorable. Par exemple, il y a des Notes de lecture suscitées à partir d’un ensemble disparate de textes qui se déplacent comme propulsées, à l’instar d’un ensemble de forces, comme le mouvement d’un “attracteur étrange”[1] pour celui qui écrit et qui est un « petit détail » qui va briser les efforts répondant à l’illusion d’une communication univoque. A certaines occasion, le contenu de la Note se tisse autour de l’un d’entre eux, et à d’autres, les interruptions et la ponctuation auxquelles ils ont recours se font écho, se profilent, s’enveloppent et s’entremêlent comme un télescopage. Il peut même arriver, c’est en tout cas une de mes pratiques, que lorsque nous prenons connaissance des textes qui sont censés porter sur le thème en question, de prime abord, au cours de la lecture nous sommes assaillis par le doute, par l’incompréhension fluctuante, l’hésitation, le tâtonnement, le soupçon empreint de méfiance face à nos conjectures; enfin, différentes significations surgissent, juxtaposées, en lignes parallèles, autonomes, qui parfois ne s’articulent pas avec notre savoir et ainsi – ce n’est pas toujours le cas – nous nous retrouvons parfois non seulement face à diverses significations, mais aussi à une pluri-signification paradoxale des textes.

    Comme l’affirme Lacan en 1955: « il n’y a pas de carte de l’inconscient ». C’est là que surgit l’idée de marquer l’absence d’une « somme substantielle » qui met de côté toute exhaustivité toutiste[2]. Il s’avère évident que là intervient encore et encore, comme une ligne directrice castrante, la mise en acte de la non relation sexuelle, d’un pas-tout qui marque au fer rouge le fait qu’il s’agit de parties extra-parties, sur le mode du sans totalité de l’être parlant sexué.

    Pour dire les choses autrement en citant Bajtín, la lecture dans Lapsus Calami soutient une dimension d’exotopie par rapport au texte : c’est à dire, adopter la même approche que pour le texte d’un autre – « lire comme si nous étions autres » – poser des questions que celui-ci ne s’est pas posées, en cherchant des réponses à de nouvelles questions, pour découvrir, dans cette tentative pour répondre, de nouveaux aspects, de nouveaux parcours.[3]

    Disons-le encore une fois, il s’agit d’une  manière de travailler sur les textes proposés selon une méthode décompositive-recompositive, à travers une délecture scripturale ou une écriture délecturale, selon Harold Bloom.

    En voilà le résultat : je vous propose une série de questions, à la manière du début d’une Note de lecture, que je me suis posées au cours de l’élaboration de ce N° 3, Politique et pratique de la psychanalyse, en essayant de nous rapprocher, dans son modus operandi, de ce qu’exige la règle fondamentale de l’artifice analytique, qui, en se scindant de tous les discours dans le détail, introduit la valeur inappréciable de celui-ci.

    * S’il est entendu que « la théorie est “lue” à partir de sa mise  en acte opératoire », l’assertion qui ne situe pas la clinique comme « épicentre de la psychanalyse » serait-elle possible?

    * Lacan dit à propos d’Hitler : Hitler n’est qu’un précurseur, et conformément à cette opinion, pourrait-on dire qu’une coupure a lieu avec les « formes du malaise », puisqu’il n’existe aucun antécédent de cette extermination méthodique propre du XXe siècle?

    * Laisser place à la question sur ce que l’on a généralement tendance à souligner en faisant valoir que la politique de la psychanalyse est celle du symptôme et de sa relation « avec les paramètres du discours du maître », interrogeant ainsi ce lien social entre analystes.

     Perspectives en psychanalyse a été élaboré pour commencer à travailler, entre autres questions, sur certaines des possibles différences observées dans la psychanalyse actuelle, en prenant comme références fondamentales celles qui se produisent dans le cadre du mouvement lui-même et, il va sans dire, au cœur même de notre Groupe de travail de Convergence. Comme son fonctionnement implique l’expérience de la castration dans chacun des psychanalystes qui en sont membres, je veux dire qu’à chaque réunion on met en oeuvre, pour commencer, la façon dont entre en jeu la place du collègue, comment cela s’articule au fait d’être interrogé par un autre et dans quelle mesure on “supporte” les différences qui à la longue s’avèrent bénéfiques et enrichissantes bien que parfois – voire en général – et peut-être justement à cause de cela, “en ébranle” plus d’un, comme le dit un des auteurs dans  Lapsus Calami.

    Il s’agit donc de la façon dont chacun de nous fait face à partir de l’énonciation et non pas tant seulement à partir de l’énoncé, ce qui serait un une articulation possible avec la castration : la tolérance, comme une de ces formes, par exemple.

    A cette occasion, dans Lapsus Calami, nous tentons de situer ces différences, de les cerner, de les mettre à jour dans le débat par le biais de l’écrit, en publiant une revue financée, selon l’usage, par les ressources libidinales que déploie Perspectives en psychanalyse. Dans cette orientation, nous essayons de mettre en oeuvre notre pratique  de lecture- lecture/écriture- à partir de nos écrits et de ceux d’autres analystes. Ce qui, à mon avis, ne fait qu’exacerber – en mettant en acte – le présent de lecture qui n’est pas séparable d’une historicité, dont ne jouit pas l’écriture, car celle-ci ne se soutient que par le fait d’être présente dans le présent. Autrement dit, si lire ne commence que lorsqu’on relit, sans doute peut-on dire qu’il faut trouver l’écriture qui correspond à la lecture et à ce moment-là l’empreinte de Lapsus Calami devient possible.

    Pourquoi Lapsus Calami? En ce qui me concerne je donnerai une des raisons possibles pour le choix de ce Nom. Il me semble, d’abord, que le lapsus parle de l’ouverture et de la fermeture de l’inconscient comme formation paradigmatique parce qu’il a lieu “avec empressement et célérité”. Et si l’on veut y regarder de plus près, cela équivaut à dire que si tout lapsus est calami, il faut saisir sa portée, par exemple, dans l’activité novatrice de Lacan, dans son Séminaire, lorsqu’il profite d’un lapsus calami qu’il a commis dans la gestation de la notion de lalangue.

    Que démontre ce procédé lacanien dont notre Lapsus Calami veut être le débiteur et peut-être trouver dans un acte une parenté de procédure ? À mon avis, il illustre la condition performative qui survient par l’utilisation, quand dans la violence du forçage parolier, dans l’acte de sa déconstitution-constitution, est vérifié dans le mot nouveau-né, cette même nomination. Ainsi a lieu une rupture effective de la grammaire qui viole sa syntaxe, et en même temps, distraite quant au lexique, elle est soustraite du contexte. Je me réfère à une façon de comprendre ce que dit Lacan dans le Séminaire XXIII: «… le lapsus calami, n’est pas premier par rapport au lapsus linguae, mais il peut être conçu comme touchant au réel ». C’est une des deux citations de Lacan, qui se trouvent avec deux citations de Freud, au dos de ce premier numéro de notre revue, et expriment le mieux ce que nous entendons par lapsus.

    Pour conclure et commencer à élucider ce qu’a suscité en moi le travail de traduction effectué dans les textes présentés ici, et / ou des traductions réalisées par les auteurs dans leurs lectures des textes de Lacan, il faut ici signaler un détail minime : la traduction est une question présente et nodulaire de Lapsus Calami, ce que j’ai compris à travers le travail accompli jusqu’ici. Pour l’instant, on peut penser que ce qui sera décisif dans la traduction des textes psychanalytiques qui sont à la base de notre pratique est ce trait dans le Réel de la cure pour chacun, qui fera la différence ou le consensus pour chacun : la pierre de touche sans doute.

    Pour le moment je peux dire à ce propos, que, dans mon expérience en LC, j’ai cru comprendre qu’il faut faire dans la langue cible, avec ses propres ressources, ce que le texte fait à sa langue, la langue source (Meschonic), puisqu’il ne s’agit pas de dire la même chose différemment, ni “presque” la même chose mais qu’il me semble, et suivant l’apologue lacanien dont je vous parlais, que non seulement il y a toujours passage de langues, mais qu’il existe aussi des cas où une écriture fait l’invention d’une oralité. Pour le dire autrement, le langage se perfectionne quand il sait jouer avec l’écriture.

    4 juin 2013, Maison de L’Amerique Latine

    [1] Cf. Roberto Harari: La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2001. La pulsion est turbulente comme le langage. Essais de psychanalyse chaotique, L’Hartmattan,Paris, 2005

    [2] J.lacan, “Intervention sur l’exposé de J.Favez-Boutonier “Psychanalyse et Philosophie” (25/1/55) www.ecole-lacanienne.net.

    [3] Cf. Mijaíl Bajtín: Estética de la creación verbal, Siglo Veintiuno editores, México, 1982, p. 352.

  • La invención psicótica de la transferencia

    La invención psicótica de la transferencia
    Ernesto Vetere – Editorial Lazos- 2014
    El autor procura responder el convite lacaniano a “formalizar la clínica de las psicosis y las neurosis” al inscribir su “propuesta de trabajo dentro de esa perspectiva”, es decir en los términos desplegados por el maestro francés, en la Apertura de la Sección Clínica (1977). A partir de considerar a la “transferencia”, no menos que a “sujeto, objeto a, deseo, goce,” etc, como nociones transclínicas por atravesar la clínica psicoanalítica, – a la que juzga “esencialmente transferencial” – entiende que las psicosis no pueden ser excluidas de la transferencia, o sea de la clínica psicoanalítica misma. Una vez bosquejadas estas cuestiones preliminares, su investigación se abocará a cernir esa “especificidad de la transferencia psicótica”, anudada a “la posición del analista” en ella. Es claro que, desde el vamos, nos habla de una base sobre la que se funda su experiencia de esa clínica que –digámoslo con Lacan- “es lo que se dice en un psicoanálisis”. De este modo, será el estudio de casos- atrapados por el oído de Freud y el de Lacan, tanto como por el suyo propio- un criterio ordenador, elaborado en la relación transferencial analista / analizante y vertebrándolo con articulaciones clínicas-conceptuales.
    Pruebas al canto: Vetere analiza la relación del sujeto con el saber al implicar un modo de anudamiento entre este y el amor en la transferencia psicótica. Otra dimensión que no descuida en su trayecto de tenor investigativo es la articulación entre lenguaje y cuerpo, sin dejar de apoyarse en los avances lacanianos llevados a cabo en la última parte de su obra. Con ese propósito, hace hincapié en las consecuencias teórico-clínicas halladas “en el uso operatorio del concepto de sinthome y otros afines como el de artificio o saber-hacer”. Aprehendo así que la presencia constante de la clínica psicoanalítica en su texto importa , ya que la teoría se lee en su puesta en acto operatoria.
    Camino a la “invención” en la transferencia – me pregunto si hay otra manera de alcanzar puntas de Real, sea en la psicosis como en la neurosis – el autor propone abrirse al trabajo con lalengua en la audición del fraseo del analizante en la sesión, no menos que a las incidencias del analista en la dirección de la cura. Siguiendo en esta orientación a la subrayada por Lacan, alcanza todo su valor: “ni en lo que dice el analizante ni en lo que dice el analista hay otra cosa que escritura” (1977). Entiendo ahí, que eso no es posible sin poner en obra el juego “serio” con la letra en la producción de enigmas, en relación con las palabras impuestas, hasta llegar a la descomposición de la identidad fonatoria…
    Este libro vuelve a poner sobre el tapete-según mi lectura- un efecto de enseñanza a todas luces crucial, marcando el tránsito conceptual desde el Nombre del Padre hacia la nominación. Más bien, dicho de otra forma: se trata del pasaje hacia la supleción , es decir, servirse del Nombre-del-Padre, a condición de prescindir de él.
    Ahora bien, tratándose de coser reparando el trébol en el cruce donde se produjo un error o un lapsus en el anudamiento, es donde habrá que saber-hacer- allí: invento, artificio, como discurre el autor. Encuentro que eso implica conjugar lo verbal del “artificio algo”.
    Ahora bien, se trata en sus “casos clínicos”- a la manera joyceana de hacer con lalengua- de escritos que “in-vienen” a la sesión analítica –invención no voluntaria sino a la manera de las “hablas impuestas”– destinados a no ser leídos. ¿Cómo? Quiero decir, de manera directa, inmediata, comprensiva, rápida, etc. Quizás sea corporizándose en el “yo no busco, encuentro”, picassiano-lacaniano del que se vale el analista –haciendo su parte- en la invención de la transferencia.
    De tal modo es que intentamos aproximarnos –a nuestro turno como lectores- a lo que el maestro francés llama intraducción, como otra forma de pensar lo escrito y el lenguaje. Es así que Lacan evoca a Joyce como iniciador de este proceder intraductor al que hacemos referencia, apuntando a que el escritor irlandés, al intraducir “hace de la palabra tráfico –o recorrido o camino– más allá de las lenguas, tan solo apenas se traduce, al ser igualmente, por doquier, poco [dado o apto] para leer”.
    Para ir concluyendo esta nota digamos que se ha puesto en obra la advertencia lacaniana acerca de que el no saber qué hacer con las cosas novedosas poco tarda en ubicarlas con las nociones ya recibidas. Lacan nos recuerda que esto es lo que se hizo, a veces, con Freud, es decir que no se lo leyó, a pesar de que estaba ahí escrito. Es el énfasis puesto en la novedad de lo escrito que adquiere tan notable importancia para los psicoanalistas lacanianos y que ha sido puesto a trabajar en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, haciendo avanzar el psicoanálisis sobre aquello que aún no ha sido leído, en algunos tramos de la obra de Freud y de Lacan. Cabe destacar que en esta línea, se inscribe este relevante libro que pone en obra el lacaniano Work in progress respecto de saber hacer allí con la lengua. ¿A dónde voy con esto? A que es posible hacerle una muesca, un retoque del sentido, una pincelada final- sin lo cual la lengua no estaría viva. Es decir, esa posición por la cual el hablante organiza las marcas del Otro en una condición –al menos- particular, ante la herencia pesada y enajenante conformada por la lengua… ¿un estilo? De nuevo: forcluyendo un sentido congelado, se pueden generar sonidos inauditos, insólitos, inscribibles en lalengua, en el camino de hacerse-un-nombre…

    Ilda Rodriguez- 12/2/2016

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  • El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    El enigma de la angustia. De Freud a Lacan

    (Reseña del libro de AA.VV.: Miedo, sufrimiento y angustia, Ed. Ledorial, Toledo, 2015).

    Por Ilda Rodriguez

    Es el séptimo volumen de la “Colección de Psicoanálisis Lapsus de Toledo”, coordinada por Cristina Jarque. Reúne veintisiete escritos de otros tantos psicoanalistas de México, España, Argentina, Francia, Estados Unidos y Estambul, elaborados sobre la base de “nuestra propia experiencia clínica”, a los efectos de la transmisión del psicoanálisis. Para ello, resulta fundamental “hilar la teoría con la práctica clínica”, porque permite “escuchar el desarrollo del miedo en el sujeto y el sufrimiento que conlleva”, así como su lazo con la angustia, según se rescata como rasgo más ostensible desde la introducción.
    En congruencia con tal designio, algunos de los textos ofrecidos no descartan en lo más mínimo el abordaje de propuestas que un psicoanálisis en extensión plantea tomando distancia de un psicoanálisis “aplicado” –en tanto “desviación bufona”, como lo califica Lacan. En esta ocasión, Alejandra Ruíz se centra en el análisis del texto Carta al padre. Se trata aquí de Franz Kafka: la obra y la vida. Para ello, toma apoyo en su lectura de lo señalado por Freud, “una ficción puede muy bien sustituir un fragmento de realidad histórica perdida”, y delinea a partir de ciertos interrogantes la idea en cuestión. Por ejemplo: “¿Hay algo en la carta que no haya sido elevado en la obra vía sublimación?”. “¿Podría haber sido la escritura de la carta un intento de acotar el sufrimiento marcando un nuevo litoral entre saber y goce?”. La autora considera que la carta interroga el estatuto del miedo con gran lucidez y arriesga su hipótesis: en “el acto que constituye la escritura de la carta podemos leer la eficacia de la letra en su precipitación”.
    Por su parte, Gérard Pommier pone sobre el tapete “el cambio de distribución de la histeria” operado en sus “versiones femenina y masculina por la modernidad”, en su texto El desplazamiento contemporáneo del sufrimiento histérico. Para el autor, es menester aseverar que “sigue siendo un reto sostener que la histeria afecta tanto a hombres y mujeres”. En ese contexto, avanza una puntuación concerniente a diferenciar la “falta de ser”, “casi fundadora de la filosofía” y “refugio del pensamiento contra la excitación sexual”, en contraposición a “la falta de tener” (“envidia al falo para los dos géneros”), a la que considera que “activa indefinidamente el erotismo –con el beneficio accesorio de la reproducción de la especie”.
    Recordemos, para poder seguir nuestro decurso, un trazo común subrayado por Roland Chemama respecto de “las demandas actuales” al psicoanalista, tal como “no soportar la angustia”, incluso, “la exigencia de ser librado de ella lo antes posible”, “como si la presencia de ese afecto fuera algo inaceptable”. Sin duda, considera que eso habla de “un tipo de posición subjetiva”. En su texto La doble cara de la angustia, el autor, “volviendo a Freud a partir de Lacan”, advierte que habría que “ligar la angustia a una castración parcial”. De acuerdo con esta concepción que no tarda en explicitar, situará dos posiciones que desplegará en su artículo: una podría sostenerse en la pregunta que confronta al sujeto: “¿Querrá ser liberado del objeto al que debería haber renunciado?”. Y la segunda posición es enunciada en el interrogante: “¿O acaso está angustiado porque tiene la esperanza de guardar «lo que le queda»?”.
    Hacia el final del texto, añade algo que conocemos sobradamente los analistas y es que “la angustia toma su fuerza de la relación analítica en sí misma”, en relación con el deseo puesto en obra allí, y que el psicoanalista “no está hecho de otra pasta que su analizante”; por ende, es preciso en todo momento “reconocer su lugar” en la cura.
    Christian Hoffmann y Ceylin Özcan, a su turno, en Angustia y subjetividad, parten de la definición del psicoanálisis como “una experiencia de lenguaje”, “de un decir que gira en torno de lo que se nos escapa en tanto que inconsciente”. Puede así extremarse con fecundidad el relieve de “introducir la cuestión de la angustia en la investigación clínica, identificada en tres niveles diferentes”: en el del concepto, en el epistemológico y en el estructural. Abriendo así el camino, nos dicen, “hacia una clínica de la angustia que compromete una ética del sujeto”. En un “acercamiento freudiano”, y “haciendo una lectura lógica”, decanta como “un concepto límite”, dejándonos en que “la angustia de castración es a la vez el peligro de la separación” tanto como “el de la unión que anule toda posibilidad de placer”. Así, a continuación, arribarán al “abordaje lacaniano” transitando por dos hipótesis de Lacan, concluyendo en la formulación de la tesis que dice que el psicoanálisis procura, si bien no resolverla –por su relación con un punto imposible y a la castración– “transformar su trato, su manejo, por el cambio de posición subjetiva respecto al objeto a que se presenta en función de la causa”. A partir de una secuencia clínica, ahondan y precisan la postulación previa, en el empeño de ponerla en acto.
    Arribamos, en consecuencia, al texto presentado por Cristina Jarque, en el que valiéndose de un caso clínico procura “transmitir algunos momentos que surgieron en el recorrido analítico de un sujeto cuya vida oscilaba” Entre el derrumbe de lo familiar y el abismo de lo siniestro, como titula su artículo. Según se podrá apreciar, tomando apoyo en la notable episteme del padre del psicoanálisis y en su lectura de Lacan, la autora lleva a cabo una dilucidación del lazo de la angustia con “el campo de lo que Freud articuló como lo siniestro”. Además, muestra que dicha relación puede ser inteligida, por ejemplo, cuando “la mediación que sostiene el límite entre lo siniestro y lo familiar, no está, es decir falta, lo que aparece es la angustia”.
    Está claro, por lo que puede inferirse en su artículo y a los efectos de transmitir esa experiencia perdida como tal, que se ha producido un pasaje artificiado por medio de su escrito, de la intensión –esto es decir: el maniobrar transferencial, la habilidad del trabajo con las palabras, labilidad inicial de la lengua flexible – a la extensión por la vía de la presentación clínica de una psicoanalista.
    En fin, se argumentará que lo señalado hasta aquí solo indica una mínima parte de las cuestiones planteadas en este volumen, lo cual es exacto; aunque si “como muestra basta un botón” –según el conocido el refrán–, cabe consignar sin hesitar que a partir de lo mostrado en esta presentación, no cabe sino remitirse a la lectura de esta obra para hallar diversas propuestas, articulaciones clínicas novedosas y la posibilidad de leer, también, el efecto sobre la transferencia de trabajo puesta en obra en las diversas traducciones de los textos de los psicoanalistas convocados, no menos que los efectos de lectura al leerlos en la lengua de su autor.